En la selección mayor reinó la alegría y en la Sub. 23, el individualismo

2 de abril del 2016

“En Colombia tuvimos la oportunidad de ver dos conceptos diferentes de jugar al fútbol.”

Entre el jueves, 24 de marzo, y el martes, 29 del mismo mes, en Colombia tuvimos la oportunidad de ver dos conceptos diferentes de jugar al fútbol pero que, al final, por uno u otro motivo, acabaron dando buenos resultados, uno despertando elogios de la afición del balompié y el otro, pese al triunfo, dejando varios interrogantes.

La ‘tricolor’ de mayores recobró su memoria y, a quienes amamos el fútbol, nos hizo recordar aquel equipo que, en Brasil, nos hizo soñar y emocionar, uniendo a un país y poniéndolo a celebrar. El juego que demostraron los dirigidos por José Pékerman, que se volvieron a preocupar por actuar en equipo y lograr una victoria grupal, hacía falta verlo en el combinado patrio.

Con James, Cuadrado, Bacca, Sebastián Pérez, Jeison Murillo y, en general, todos los integrantes del plantel colombiano corriendo y tocando bien el balón, con un juego vertical, obteniendo dos importantes triunfos contra Bolivia, un rival respaldado por la altura de La Paz, y frente a Ecuador, que venía como líder invicto de las Eliminatorias, me tranquilizan de cara a la Copa América Centenario y el camino restante previo a la Copa del Mundo.

Por el contrario, pese a haber logrado una histórica clasificación a los Juegos Olímpicos de Río 2016, el panorama de la Selección Sub. 23 es bastante diferente. En este onceno, se vio cómo algunos deportistas se preocuparon más por mostrar sus dones con el balón, siendo individualistas y negándole oportunidades de riesgo al plantel sobre el pórtico estadounidense, que por lograr mejores resultados e, incluso, asegurar el paso a la cita orbital más rápido de lo que se hizo.

Durante el juego en Barranquilla, sonso y con un plantel estadounidense que, en partes del duelo pareció mejor físicamente que el colombiano, a los futbolistas ‘cafeteros’ se les vio poca ambición en ataque y, en algunos casos, displicencia en el juego, algo que se vio reflejado en el marcador y, sobre todo, en las críticas de muchos aficionados que se pronunciaron tras el pito final del primer compromiso de la llave.

En Estados Unidos, aunque se vio un equipo superior al local, las correcciones fueron pocas y, según mi opinión, Colombia ganó porque, finalmente, algunas individualidades de sus ‘figuras’ salieron bien y fueron suficientes contra un plantel que se está armando y no contó con mayor respaldo en su nación.

Conozco algo de fútbol y creo que, si un club o seleccionado, en su categoría máxima, tiene un estilo determinado de juego, éste debe ser implementado en todas sus divisiones menores con el objeto que, cuando un atleta deba ascender, se acople más fácilmente al tipo de fútbol que se practica y se cree una identidad, así como aquella que, a principios de los noventas, con el toque toque, hizo mundialmente famosa a la ‘tricolor’.

Hoy, José Pékerman y sus dirigidos juegan un tipo de fútbol rápido, grupal, vertical y ofensivo, con fortaleza en la primera línea de volantes y, mientras tanto, la Sub. 23 practica un balompié sonso, horizontal e individualista, dramáticamente opuesto al primero, que debería ser el que marcara la pauta en la Federación Colombiana de Fútbol.

Es hora de confirmar y proyectar un proceso, definir un estilo de juego y, sobre todo, volver a lograr resultados importantes que dejen en alto el nombre del balompié ‘cafetero’.

@FelipeTrujilloB

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