Es adiós a las armas. No es adiós a las Farc

Es adiós a las armas. No es adiós a las Farc

26 de Junio del 2017

No me gusta la afirmación de que el próximo martes se acaban las FARC. No me gusta porque es una imprecisión histórica. Porque no honra los acuerdos de paz firmados. Y porque parece más bien una frase con una gran carga de agitación política que una caracterización seria del acto de dejación de armas de la organización guerrillera más antigua y más numerosa de América Latina.

En rigor y por fortuna, el desarme de las FARC conduce a su transición a la vida institucional como partido político y significa la sustitución de la lucha armada por la lucha política civil. Significa reemplazar los “fierros” por la palabra.

Aunque el acto de este martes 27 de junio es histórico, no es una novedad. Hay que reconocer la trascendencia del final del conflicto armado entre las FARC y el Estado Colombiano. Que es el punto final de una confrontación militar derivada directamente de la violencia bipartidista de mediados del siglo XX y del cierre del sistema político pactado con el Frente Nacional que superó de mala manera la última guerra entre liberales y conservadores.

Es como si estuviéramos terminando una violencia política que se extendió por más de medio siglo, pero que adquirió la dimensión de un enfrentamiento entre élites políticas tradicionales versus proyectos políticos de izquierda insurreccionados militarmente.

Digo que no es una novedad el desarme de las guerrillas porque tenemos en La Paz de los noventa el antecedente, también histórico, del paso de la lucha armada a la lucha política de buena parte de la insurgencia de aquellos tiempos.

El M19, de la mano de Pizarro y Navarro, dejó atrás las armas para convertirse en la Alianza Democrática M19 y ser la primera fuerza política de la Constituyente del 91. El Ejército Popular de Liberación mantuvo su sigla pero convertida en Esperanza Paz y Libertad.

El Movimiento Indígena Quintin Lame, el Partido Revolucionario de las Trabajadores PRT y la Corriente de Renovación Socialista, mantuvieron su denominación original pero abandonando por siempre su carácter de organización clandestina y armada, luego de la celebración de acuerdos de paz con el Estado.

En su mayoría, estos contingentes y sus dirigentes han sido protagonistas de primera línea en el debate publico desde proyectos políticos alternativos, independientes o de izquierda. Se han reinventado y han buscado conectarse con los nuevos y veloces tiempos que corren, pero han cumplido plenamente su adiós a las armas sin abandonar su naturaleza política y sus convicciones ideológicas.

Lo propio ha de ocurrir con las FARC. Y es bueno que así sea. Es y debe ser uno de los propósitos de La Paz pactada. Que quede claro : este martes 27 las FARC no desaparecen! Abandonan las armas para convertirse en partido político de izquierda legal cuyos propósitos están recogidos en un documento que ellos titularon “Las Tesis de Abril”.

Serán una fuerza política que recompondrá una parte del mapa de la izquierda colombiana, en particular aquella que configura el llamado “mundo comunista”. Y vendrán a luchar por el poder en la arena institucional compitiendo con los otros proyectos políticos existentes.

Tan legitimo es que la derecha dura haya abandonado el uso del paramilitarismo para expresarse legalmente como que las FARC, y también el ELN, defiendan su proyecto de sociedad de manera civilizada.

A propósito del ELN, la mesa de Quito debe pactar de manera inmediata un cese al fuego bilateral que oxigene este proceso de paz y que refrende el compromiso de las partes de no levantarse hasta que no se logre un acuerdo definitivo.

Esa voz camilista de los elenos enriquecerá sin duda el pluralismo y la apertura política que haga inútil el uso de la violencia con fines políticos. Que por completo signifique el adiós a las armas.

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