Mañana cumple 80 años el empresario-periodista que más se ha enriquecido gracias a la frivolidad del mundo, Rupert Murdoch. Muchos quisiéramos que se retirara, pero, hoy más que nunca, Murdoch y su imperio están vigentes y con ganas de más: les aprobaron la compra de casi todo el mercado televisivo en el Reino Unido, Fox News sigue disparada, acaban de lanzar el primer periódico sólo para iPad, The Daily, y su estrategia de cobrar por la prensa en Internet parece que sirvió. Murdoch llegó a ser el media tycoon más grande del mundo a punta de explotar esa fascinación humana por las historias vulgares y excéntricas. Desde que compró en 1969 el tabloide The Sun –famoso por titulares como “Métetelo por la Junta” cuando Margaret Thatcher negó el tratado de paz con Argentina–, Murdoch empezó a montar un imperio a partir de historias sobre extraterrestres, violaciones y entretenimiento. Y hoy está entre las cien personas más ricas –y también las más poderosas– del mundo.
El periodismo que vende es el que le gente quiere leer, sobre las cosas que le interesan y preocupan: el deporte, la farándula, adelgazar, ser feliz, conocer los secretos de los demás. Eso es así acá en Colombia y en cualquier parte del mundo: donde haya más gente sin educación formal que gente sin educación. Y eso es, más o menos, el mundo entero.
La columna de Daniel Samper Pizano en El Tiempo del domingo hizo una recopilación de las historias que más se leyeron en la edición digital de ese periódico durante la semana pasada: la lechuza pateada en Barranquilla, un artículo sobre los Simpson, unos consejos para ser bella después de los 40, la ropa de Lady Gaga y un asalto con muerto en Bogotá. Samper también presenta las cifras del The New York Times, The Washington Post y El País, donde lo más leído fue sobre las revoluciones en el medio oriente, Gaddafi, el desempleo en España y la crisis política en Alemania. Y se pregunta: “¿podemos considerarnos un pueblo bien informado?”
La pregunta de Samper Pizano es pertinente y difícil de responder. Como dice, “da para una tesis de grado”. Pero yo creo que hay dos cosas para tener en cuenta: que la desinformación no es un fenómeno colombiano y que El Tiempo no es un periódico comprable al Times o al Post.
La mayoría de comentarios que se vieron en Twitter sobre la columna concluían que los colombianos somos malos lectores, brutos, desinformados. También decían que nuestros periodistas son malos, porque subestiman al lector y no hacen un análisis profundo de los eventos que tienen repercusiones históricas y demás. A pesar de que todo eso es cierto, yo siento que la revelación de Samper –que los lectores de El Tiempo las prefieren banales– no es culpa ni de los lectores ni de los periodistas. Sino del negocio del periodismo. Así es y así va a ser siempre: en Colombia y en cualquier otra parte del mundo. Y el ejemplo de Murdoch lo expone. No toca ser un país inundado en tragedias como Colombia para que los lectores busquen banalidad en su prensa. No hay que ser un país educado como Inglaterra para que el periodismo sensacionalista y trivial no sea el más leído. La lechuza derrotó a Gaddafi no sólo en Colombia, sino en muchos países del mundo, si uno mira los periódicos del estilo de El Tiempo: si no fue la lechuza, fueron el actor drogadicto de Hollywood Charlie Sheen o el diseñador antisemita de Dior John Galliano.
Por otro lado, El Tiempo no es comparable con los periódicos que Samper menciona: está dirigido a una audiencia masiva y no necesariamente educada. El Tiempo se puede comparar con el USA Today, donde, si uno mira, las historias más leídas son del género de la lechuza. El Times y el Post son más comparables con El Espectador –donde lo más leído sí es lo internacional, político y económico–, porque son publicaciones para una audiencia más pequeña pero más cosmopolita, lectora y educada. Si lo ponemos en lenguaje del periodismo inglés, El Tiempo es un periódico de mid-market, como el Daily Mail, y El Espectador es un broadsheet, como The Guardian. Por eso fue, me late, que Wikileaks llamó a El Espectador en vez de a El Tiempo.
Es decir: que esas historias banales sean las más leídas de El Tiempo es un reflejo del tipo de información que ofrece ese periódico, el cual es el periodismo que más vende, como lo demuestran el USA Today –el segundo periódico más leído en Estados Unidos– y los medios de Murdoch –todos muy leídos–.
Y no debemos esperar nada más que eso. Los periodistas hacen su trabajo: escriben lo que la gente quiere leer. Y, mientras la gente no esté educada, no se van a interesar en las noticias de relevancia histórico-político-socio-cultural. Es un círculo vicioso. No esperemos que historias como la de Silvestre Dangond y la perra maltratada por los policías pierdan cubrimiento mediático, porque esas son las noticias que atraen lectores y generan capital. Y al periodista que le dé por hacer un medio con temas histórico-político-socio-culturales, que Dios lo ampare, porque su expectativa de vida es muy corta.
El Malpensante, Arcadia y el mismo Espectador sufren con cada edición, porque la calidad de su periodismo no es consecuente con el interés del lector promedio, sino de un lector reducido que no da mucha plata. Por eso, porque el periodismo es como es, The New York Times y The Washington Post despiden gente cada semestre: porque la información sesuda, rigurosa y educada vende cada vez menos. No es culpa ni de los periodistas ni de los lectores colombianos: es el periodismo que tenemos y con el que vamos a vivir. Vivimos, recuerde, en la paradoja que unos suelen llamar la Era de la información.
La Lechuza, Charlie Sheen y el cumpleaños de Murdoch
Jue, 10/03/2011 - 00:00
Mañana cumple 80 años el empresario-periodista que más se ha enriquecido gracias a la frivolidad del mundo, Rupert Murdoch. Muchos quisiéramos que se retirara, pero, hoy más que nunca, Murdoch y
