La reconfiguración política de la paz

Lun, 22/10/2012 - 00:31
Toda la configuración y recomposición partidaria en Colombia ha nacido del conflicto, o de sus diferentes sucesos de negociación histórica, y el actual proceso de paz que adelanta el gobierno del
Toda la configuración y recomposición partidaria en Colombia ha nacido del conflicto, o de sus diferentes sucesos de negociación histórica, y el actual proceso de paz que adelanta el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, no será la excepción.  Al igual que ayer, el naciente proceso de paz en medio de la violencia genera discursos, posiciones, enfrentamientos verbales y bélicos, empodera liderazgos; y de su triunfo o no, dependerá que se consolide una fuerza de unidad nacional en torno a la paz o en contra de ella, nazcan nuevas opciones políticas, y cambien las apuestas políticas de las diversas manifestaciones partidarias. Para empezar, en un escenario de negociación política del conflicto que nos lleve a un proceso de paz exitoso —que se traduciría básicamente en el desarme y desmovilización de las Farc y el ELN, y en su armónica integración social— tendría un primer efecto político: la marginación de los sectores que usufructuaron el discurso de la guerra, en este caso, el uribismo. Uribismo que ya está radicalmente menguado por procesos judiciales, especialmente el de la parapolítica, que acabó con partidos netamente uribistas como Colombia Viva y Colombia Democrática. Hoy, las principales figuras llamadas a representar regionalmente al uribismo, o a remplazar al mismo Álvaro Uribe, se encuentran en la cárcel. Por, otro lado, los partidos y caciques tradicionales que gobernaron junto a Uribe, ya en un 80% están con Santos en la Unidad Nacional, y la agenda de gobierno parece históricamente dispuesta a golpear a sectores como los terratenientes y ganaderos, base política y social del uribismo. Así como el uribismo se vuelve un proyecto marginal de extrema derecha, en un escenario de paz exitoso, el gran ganador de la superación del conflicto será el naciente santismo, que hoy toma el nombre de Unidad Nacional, y que se configurará como una gran convergencia de centro derecha, reunificada en torno a un ideario liberal reformista, cuyo propósito no se agota en la reelección del Presidente Santos, sino que aspira a gobernar un buen período de tiempo a Colombia. Por otro lado, un proceso de paz exitoso necesariamente va a necesitar canalizar el accionar violento de las Farc, y las demandas históricas de sus bases campesinas, hacia un proyecto político, que sostenga y de continuidad a las reformas sociales y económicas que equilibren décadas de atraso y abandono en el campo. Dicho proyecto político parece ya tener forma, en lo que se ha llamado La Marcha Patriótica. Proyecto de base campesina, que proviene de las zonas de mayor intensidad del conflicto armado, y que está ejerciendo presión a favor de la politización del conflicto, por medio del fortalecimiento de un canal político que favorezca el tránsito de la violencia a la política. La Marcha Patriótica puede convertirse en la bisagra necesaria para abrir la puerta a la participación política de la guerrilla, para lo cual, un primer paso será generar el estímulo para la participación electoral de los grupos armados que se acojan al proceso, para que confronten sus demandas históricas en el marco de la democracia. Lo anterior, contrario a las críticas de la derecha uribista, no solo es viable sino necesario y deseable en un proceso de desarticulación del conflicto. La sociedad tiene que entender que el proceso de paz, pasa por abrir las puertas de la sociedad y de la política a los líderes guerrilleros, que estos no van a renunciar a la guerra a cambio de nada, y que los procesos de paz mundiales están sentados sobre espacios de poder político para dejar las armas. De otra forma, no hubiera podido llegar a la presidencia de Sudáfrica Nelson Mandela, líder de la guerrilla de MkontoweSizwe (La Lanza de la Nación), por tan sólo poner un ejemplo. Y si bien es cierto, Timochenko no es Mandela, y su figura causa rechazo en la inmensa mayoría del mundo urbano, en muchas zonas rurales las Farc han demostrado que tienen aún base social, y su discurso ya no en la brutalidad de la guerra, sino en la política puede generar movilización en el explotado campesinado. Por otro lado, el proceso de paz terminará por descomponer mucho más al Polo, convertido hoy por la intransigencia de sus líderes en una expresión marginal de extrema izquierda, mancillado además por la corrupción y el clientelismo de su último gobierno en Bogotá. La paz generará en el Polo la partida de los sectores demócratas, que hoy en la práctica están con los Progresistas, y el deslinde definitivo del partido comunista, que emigrará hacia una tendencia política que rodee contundentemente el proceso, como es la Marcha Patriótica, con lo que la supervivencia del PDA quedará en duda ante la dificultad de superar el umbral en las próximas elecciones parlamentarias. Por último, la configuración de una gran convergencia de centro derecha alrededor de la figura del presidente Santos, necesariamente abrirá la puerta a una gran confluencia de centro izquierda, que debata y exija el cumplimiento de las reformas sociales y estructurales que la sostenibilidad de la paz exige; que genere espacios políticos para confrontar los temas por fuera del conflicto, como el modelo de salud, la educación, el empleo, la reforma tributaria, la mega minería o la protección del medio ambiente. Convergencia que debe salir a denunciar y frenar el posible proceso de monopolio político y clientelización que un santismo desbordado pueda ocasionar. Ese proyecto de centro izquierda ya ha empezado a dar sus primeros pasos tanto en el proyecto político Progresista del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, como en la conformación de un espacio más amplio, como es “Pido la Palabra”, donde están empezando a confluir figuras políticas como Antonio Navarro, Antanas Mockus, Cecilia López, y Alonso Salazar; figuras de opinión como Claudia López, José Gregorio Hernández, y José Antonio Ocampo; líderes sociales como Pedro Santana, Gustavo Gallón y Armando Novoa; junto a figuras del mundo indígena, de las comunidades afrocolombianas, universitarios, empresarios y académicos. Y donde muy seguramente entraran partidos como la ASI, y expresiones ciudadanas como la minga indígena, los indignados, y parte del movimiento estudiantil. Con contadas y oportunistas excepciones, la paz es un anhelo nacional. Y de su triunfo depende que Colombia pueda avanzar en los próximos años hacia modelos de desarrollo inclusivos, reparadores e integradores, que podrán ser debatidos en el campo de la política y la democracia. De lo contrario, el escenario que nos espera es desolador, y la oportunidad de sacar a la mayoría de colombianos del atraso, la miseria y la injusticia pueden tardar otros cincuenta años más de violencia. @bustamantep
Más KienyKe
La Policía del Meta concluyó que la muerte de dos hermanos hallados en una nevera fue accidental; el caso sigue en investigación.
La Corte Suprema confirmó la absolución de Laura Moreno y Jessi Quintero en el caso Colmenares, cerrando más de 14 años de proceso sin una verdad definitiva.
"No fue una tragedia", Melissa Gate se sinceró en redes sociales sobre una condición que padece en la actualidad.
El Día Cívico en Colombia no es un festivo tradicional. Entienda cómo impacta su salario, quiénes descansan y qué deben tener en cuenta trabajadores y empleadores.