Una exposición muy coherente que busca mostrar de una forma bella la tragedia del conflicto armado. El pintor de miniaturas con fondos de oro se compromete con las diferencias que pueden existir entre el abismo de una desgracia social y sus desplazados con unas posibilidades humanas.
Al desplazamiento le cambia el nombre, a los nómadas forzados por la violencia, les otorga una dignidad que llevan en sus barcas por el río cargadas de un inventario de nuestra riqueza natural. “Oro” es un recuento del desplazamiento, del espíritu y la naturaleza. El movimiento continuo y solitario de unos seres de etnias perdidas, entre las diversas razas que componen nuestra sociedad.

Pedro Ruíz sella el fondo con oro —como lo hacían con los Iconos rusos o los cuadros del Medioevo— el horizonte y el paisaje que llevan en un exquisito equilibrio, en sus escuetas barcas de madera los desprotegidos, sin mucho destino más que un pedazo de geografía que les dejó su destierro.
Un muy pequeño territorio de nadie donde el artista encuentra el balance dentro de composiciones parecidas. En su serie “Oro”, Pedro Ruiz denuncia sin violencia. De una forma intencionalmente realista, crea imaginarios de gran sutileza. Una de sus enormes cualidades.
De igual forma pintó y denunció el problema de las fumigaciones con glifosfato a los cultivos de coca, con unos avioncitos que dejan una estela blanca inofensiva y que atraviesan un enorme cielo azul muy particular que él mezcla con azul cobalto, magenta y blanco y que nos recuerda el color de los cielos de Piero della Francesca.
Con igual compasión imaginaria denuncia la violencia de las bananeras. Pinta sus enormes y exuberantes hojas verdes, en rojo sangre. Pero el espectador desprevenido se acerca más a una enorme flor, llena de movimiento, atento a la gracia de la naturaleza.
Otro de sus temas son las amapolas, la producción de heroína y el problema del narcotráfico. De nuevo busca la manera de reinventarse el conflicto, utilizando unas hojas de las revistas de moda, cuya publicidad de las marcas elegantes quedan como un telón de fondo comercial y a las que les pinta la maldita flor que consume vidas desde el momento de su producción a cargo de las mafias. Con esta misma intención realiza sus cuadros de militares de todos los ejércitos armados que visten uniformes camuflados con amapolas.
Temas con una carga emocional violenta, que quedan totalmente neutralizadas por una inteligente forma de asumir los hechos del destino colombiano.








