Cuando se publique este artículo estaremos todos los colombianos pendientes del último partido de clasificación de la selección de fútbol al mundial de Rusia en 2018.
Como siempre nos sucede, nuestro equipo ha tenido un desempeño irregular con buenos y muy malos partidos. Sufrimos como siempre esperando que “no nos falten los diez centavos para el peso”. Estamos dejando todo para el último minuto y hemos perdido varias ocasiones de ganar puntos fáciles que hoy nos están haciendo falta.
En el papel, nuestro equipo es bueno pues tiene un número importante de grandes figuras internacionales. El seleccionador es una persona experimentada y con conocimientos. No parece que existan problemas internos de división o de indisciplina en el plantel. La pregunta entonces es, ¿por qué no estamos clasificados hace varias fechas?
Es duro decirlo pero el problema es el reflejo de nuestra cultura donde los resultados no son prioritarios. En Colombia estamos llenos de buenas ideas, de intenciones loables, de planes ambiciosos y de sueños hermosos. Pero los resultados son siempre secundarios. Parece como si no fuesen la medida del éxito. Nuestras leyes están inspiradas en propósitos elevados pero luego fracasan estruendosamente en la realidad y a nadie le parece grave. Aprobamos otra, aún más ambiciosa, sabiendo que también será fallida y no pasa nada. Nos enredamos en esa “fracasomanía”, que es la característica de nuestra sociedad.
El fracaso es entonces la ausencia de resultados. Para los colombianos “explicaciones son excusas”. Tenemos una explicación para todo y por ello nos sentimos inocentes frente al fracaso. Como podemos explicar por qué no se lograron los propósitos iniciales, nos quedamos tranquilos sin asumir las responsabilidades derivadas del fracaso. Por ello, por ejemplo, los ministros que han dirigido políticas equivocadas no sienten que tengan que renunciar porque ellos tienen una explicación de por qué sus iniciativas no tuvieron éxito.
En el fútbol los resultados se miden en goles y los resultados no nos han permitido garantizar todavía la clasificación. Todos queremos tener la felicidad de ir a otro Mundial de fútbol. Es algo que esta nación necesita cuando está deprimida por la crisis económica, el derrumbe de la moralidad pública y la corrupción que llega a los más altos niveles del gobierno.
Es hora de que entendamos que, como en el fútbol, los resultados son la medida del éxito y también del fracaso.
