Hay frases que no deben repetirse pues son dichas para epatar. Y epatar es igual que publicitar en nuestra cultura admiradora de dudosas celebridades. Pero con esta “perla” haremos una excepción: “No creo en la vocación. Dudo mucho que un niño entienda qué es ser médico. Te puede gustar llevar bata blanca o que creas que vas a ganar mucha pasta o que te tirarás a la enfermera” (ABC, 2012-05-12). Es una frase del conocido cirujano Pedro Cavadas en una entrevista publicada en Información de Alicante. Si la leen completa en ese diario de la comunidad valenciana encontrarán otras llamativas barbaridades del médico entre “cojones” y “putadas”. Lo triste es que este médico es muy hábil técnicamente, gozando de merecido renombre por transplantes de brazos y piernas. Además ha publicado numerosos artículos y recibido varios premios. Pero su escandalosa frase ha sido repudiada por varios gremios profesionales. En todo caso olvidemos que fue dicha por Cavadas y deconstruíamos la boutade.
“No creo en la vocación”, dice. Pero, ¿qué es una vocación? La mayoría de las personas piensan que es una llamada. Este significado alude a su origen etimológico en vocare, llamar en latín. Pero muchos hemos esperado en vano palabras del aire o la oscuridad cuando éramos adolescentes y nos preguntábamos qué oficio tomar. Digo oscuridad pues habríamos aceptado hasta algún mensaje en sueños. Pero nada, nadie nos habló.
Claro que se narran excepcionales llamadas nocturnas. Se dice que el padre de Galeno, arquitecto, recibió en sueños el mensaje que su hijo debía ser médico. La superstición del padre y la obediencia del hijo iniciaron la brillante carrera del ilustre médico del emperador Marco Aurelio. En todo caso la mayoría de los profesionales de la salud no hemos recibido un mensaje sobrenatural para dedicarnos a nuestro oficio. Y no creo que hagamos mucho bien espiritualizando la decisión de dedicarnos a nuestro trabajo. Eso de la vocación como llamada lo veo cercano al sentimiento de predestinación y mesianismo de algunos “galenos”.
Opino más bien que la vocación debe verse como el poseer ciertos dones, talentos o carismas que fundamentan el trabajo con enfermos. Por ejemplo la capacidad de empatía, la curiosidad por los fenómenos biológicos, el talento de leer gestos, cierta impasibilidad (ecuanimidad lo llamaría Osler) ante desastres y urgencias, tacto y respeto por el otro en el lenguaje, etc. Unas personas tienen unos u otros. Aparentemente el doctor Cavadas carece de algunos. Bueno, no hay ningún médico con todos ellos y el paciente debe comprender las debilidades de quien quiere ayudarlo. Pero rara es la comprensión de lado y lado en nuestros sistemas de salud.
“Dudo mucho que un niño entienda que es ser médico”, sigue Cavadas. Pienso que los médicos deben dejar atrás sus ilusiones infantiles para ejercer la medicina. Ya decían los hipocráticos que el arte de la medicina es largo. Hay que madurar para ser buen médico. Quizás parte del problema de nuestros “doctorcitos” es la falta de madurez. Voy a ser franco, muchos de mis discípulos al llegar a los cuarenta lo que más desean es comprar carro vistoso y cambiar de esposa. Una profesora mía decía que la inmadurez de los médicos se debía a no haber gozado de tiempo y dinero cuando tenían veinte años debido a lo largo y difícil de sus años de postgrado. Yo no fui ningún santo pero no justifico las vanidosas locuras de muchos de mis jóvenes colegas.
“Te puede gustar llevar bata blanca o que creas que vas a ganar mucha pasta o que te tirarás a la enfermera” concluye el cirujano español. Y aquí no habla tanto él como la cultura que nos rodea. ¿Quién no cree que los médicos visten siempre de blanco, tienen altos ingresos y van por ahí enamorando colegas? Muchos programas de televisión muestran hospitales ficticios que son melodramáticas comunidades de promiscuidad sexual. Es como si después de un turno largo los personajes sólo desearan sudorosos intercambios eróticos. Como en otras tantas situaciones no se puede creer en dramas televisivos.
Lo escandaloso es que un ilustre cirujano contribuya a perpetuar un dañino estereotipo. El Consejo de Enfermería de la Comunidad Valenciana (Cecova), el Sindicato de Enfermería SATSE y Comisiones Obreras han exigido al cirujano Pedro Cavadas una «rectificación pública» de unas declaraciones realizadas en una entrevista por considerar que son «sexistas» y que «ofenden» al colectivo de las enfermeras, informa ABC de Madrid. Esto demuestra, aunque se ofendan algunos de mis amigos cirujanos, que uno cosa es saber operar, otra saber pensar, otra saber decir y otra saber tratar con respeto a pacientes y colegas.
Como ya decían los hipocráticos, repito, el arte es largo. Y la madurez es todo añade Shakespeare en el Rey Lear. Ahora, de hombre a hombre Cavadas: triste es estudiar medicina sólo para seducir enfermeras, pacientes o multitudes.
Médico para seducir
Mié, 30/05/2012 - 09:01
Hay frases que no deben repetirse pues son dichas para epatar. Y epatar es igual que publicitar en nuestra cultura admiradora de dudosas celebridades. Pero con esta “perla” haremos una excepción:
