“No tengo rabo de paja”

29 de agosto del 2011

El columnista Ramiro Bejarano le responde a Javier Flórez por su columna 'Por qué lo mataron' y le recomienda "despojarse del odio y de sus pasiones políticas y militaristas".

Me refiero a la columna de Javier Andrés Flórez Henao, intitulada “Por qué lo mataron” en la que a propósito de comentar la publicación de Enrique Gómez Hurtado sobre el asesinato de su hermano Álvaro, me injuria gravemente, dando no solo por ciertas todas las aseveraciones allí contenidas, sino denigrando de mi buen nombre.

Lo que Flórez Henao llama “libro” es apenas un panfleto, un mal alegato con el que Enrique Gómez Hurtado, pretende desviar la investigación a la hipótesis inverosímil de que el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado fue crimen de Estado, para que no se ahonde en la que parece ser la realidad de lo que aconteció y para que nunca se sepa cuál fue el papel de los conspiradores que pretendieron tumbar el gobierno de Ernesto Samper y si hubo o no una relación entre esa conjura, el asesinato, y algunos miembros del estamento militar, al que tanta obediencia le debe el columnista, en lo ideológico y en lo familiar, pues es hijo de un General activo del Ejército.

Contrario a lo que insinúa el columnista Flórez Henao, no tengo rabo de paja alguno. Cuando ocurrió la entrevista con Santiago Medina, la sostuve a solicitud de éste último, no del presidente Samper, jamás le pedí que se abstuviera de declarar en contra de nadie. Lo que es lamentable es que Enrique Gómez Hurtado que se preocupó de citar reiteradamente publicaciones aparecidas en El Nuevo Siglo, haya ignorado inclusive una extensa carta mía a su hermano Álvaro, publicada en la página 11 de la edición del 29 de agosto de 1995, de ese diario, en la que expliqué con detalle lo casual de ese breve encuentro. ¿Por qué Enrique Gómez Hurtado, me mete ahora en el listado de sus odios, reclamándome por no haber renunciado entonces a mi cargo, cuando jamás lo hizo en su momento, ni tampoco su hermano Álvaro, ni nadie? Tal parece que todo se debe a una represalia por cuenta de una afirmación que hice recientemente en el programa Hora 20, con ocasión del confuso atentado a la estatua de Laureano Gómez, que sus familiares interpretaron de manera diferente a lo expresado, según quedó evidenciado en una entrevista del representante Miguel Gómez en la W Radio, promocionado por su padre a la condición de “cabeza de la familia”. Ante la imposibilidad de involucrarme en el crimen de Álvaro Gómez Hurtado, porque el organismo a mi cargo no lideraba el esquema de su seguridad, ni hubo tacha alguna al personal de la institución que lo acompañaba el día del asesinato, han decidido contar distorsionadamente mi encuentro con Santiago Medina, para que incautos o malintencionados críticos recojan ese infundio y traten de descalificarme. Van a tener primero que asesinarme, antes que silenciarme.

Cuando Santiago Medina me pidió entrevistarme con él, expresó que temía por su vida, como así lo declaró él mismo bajo la gravedad del juramento en un proceso judicial y no en el folleto que cita irresponsablemente Flórez Henao. En esa misma declaración jurada rendida el 21 de marzo de 1997 ante el Juzgado 26 Penal del circuito de Bogotá en el expediente No 14841, admitió que fue él quien a través de mi secretario privado, hoy viceministro de Justicia, doctor Pablo Felipe Robledo, me pidió que lo visitara, como en efecto lo hice durante escasos cinco minutos, porque él afirmaba temer por su seguridad. Como responsable del DAS consideré que era mi deber oir las preocupaciones de quien fue llevado por orden de la Fiscalía a esas instalaciones y no por sugerencia de nadie en el DAS. Jamás le pedí a Medina que no declarara contra Samper ni contra nadie, era la primera vez que lo veía personalmente en mi vida, la siguiente y última vez que lo volví a ver fue cuando lo interrogué unos años después en un sonado litigio, donde admitió que fue él quien me pidió que lo visitara. Por ese hecho se adelantaron pesquisas en la Procuraduría General de la Nación, autoridad que archivó el asunto sin siquiera abrir investigación en mi contra, pues ninguna irregularidad se encontró en mi conducta.

El solo hecho de que lo que Flórez Henao generosamente denomina “libro” esté escrito por el hermano de la víctima, quien además reconoce estar asesorado por su propio hijo, este último abogado de la parte civil, le debió indicar al columnista, que dar por cierto todo lo que allí se dice, es por decir lo menos una ligereza. Entre otras cosas, hace unos días una comentada columna de Felipe Zuleta en El Espectador, informó del empeño de ese abogado de la parte civil para que un testigo descartado por la justicia involucrara a Samper y Serpa en el asesinato de su tío, suceso respecto del cual nada dijo Enrique Gómez Hurtado. Es claro que esa publicación, que tanto elogio le mereció al columnista, no es un libro científico, serio, fundado, sino un pésimo escrito de parte interesada, en el que se distorsionan hechos, documentos, declaraciones, pruebas, se minimizan acontecimientos graves o se ignoran olímpicamente, o se da crédito a criminales que ninguna prueba tienen de sus dichos.

No hay un solo acto de mi vida pública o privada del que me avergüence o no pueda dar explicación, aun delante de mis más enconados enemigos. Tengo muy claras mis responsabilidades, como también que mientras fui Director del DAS cumplí con honestidad mis funciones, sin tacha de nadie, tanto que a mi retiro muchos de los críticos del Gobierno lo lamentaron, porque entonces tenían certeza de mi pulcritud y honradez, la cual no la pondrá en entredicho la infame represalia sustentada en hechos mentirosos, que Flórez Henao ha hecho el inmenso favor de recoger irresponsablemente dándola por cierta, sin conocer una sola hoja de esa historia que no es como la han contado.

En vez de dar por ciertas todas las aseveraciones de Enrique Gómez Hurtado, el columnista que se ufana de ser periodista independiente aunque oculta a sus lectores su militancia política de ultraderecha y militarista, haría bien en preguntarse, por ejemplo, ¿cuál la razón para que tan prominente miembro de la familia Gómez Hurtado, descarte la hipótesis de la intervención de militares en tan execrable crimen, con bases francamente precarias? ¿Por qué descartar esa posibilidad con enrevesadas críticas testimoniales sin fundamento alguno, si el mismo día del atentado, un vehículo que resultó ser de inteligencia militar fue avistado en las inmediaciones del lugar? Y por qué no darle importancia a la hipótesis de la intervención de militares en el execrable suceso, si unas horas después, alguien del Ejército estaba coincidencialmente pidiendo los papeles de ese carro en el Ministerio de Transporte, para desaparecer la prueba que se identificaba con la placa LIW 033,  que fue la que vieron varias personas, según lo informó RCN radio? ¿Sabe el columnista Flórez Henao que el entonces ministro Juan Gómez Martínez, cercano a la familia Gómez Hurtado, fue quien recibió la información del subalterno del Ministerio de Transporte que atendió la extraña solicitud de unos militares para que les fueran entregados los papeles del vehículo de placa LIW 033? ¿Le parecerá normal que además los militares que fueron vistos en ese lugar, después justificaran su presencia con el cuento de que los habían mandado a comprar unas antiguas ediciones de la revista Cromos? Igualmente, por su ligereza he de suponer que le parecerá normal que la presencia de otros militares en el Ministerio del Transporte el mismo día del crimen, se pretenda además minimizar con la historia de que simplemente se trataba de un cambio de placas entre dos automotores y que todo eso es usual, sobre todo después de que RCN permitió conocer la presencia de ese carro, hecho que no se conoció por una llamada anónima a la Policía como erradamente lo sostiene Enrique Gómez Hurtado.

Las inconsistencias de la publicación de Gómez Hurtado, que Flórez Henao pondera sin ningún análisis ni información distinta de la recogida en ese folleto, lo llevaron a sostener cosas tan disparatadas como la de que el atentado al abogado del expresidente Samper, Antonio Cancino, no fue a él sino a sus escoltas, porque lo habían sido también de Horacio Serpa por la época de la campaña electoral. Se le olvidó a Enrique Gómez Hurtado que Cancino no solo casi es secuestrado, sino que fue herido. Pero ¿por qué soslayar lo del atentado al abogado del presidente Samper? Obviamente a quien conozca esta historia de verdad y no por referencias afincadas en odios políticos o intereses castrenses, sabe que el terrible atentado a Cancino fue un paso previo de una gigantesca conspiración criminal que existió y que si no se juzgó fue porque el entonces Fiscal Valdivieso, desde Washington, de manera imprudente y sin haber visto una sola prueba, sentenció que no había un complot. Sobre este detalle toral también guardó silencio Enrique Gómez Hurtado. Otra sería la historia de este asunto, si el Fiscal Valdivieso hubiera abierto aunque fuera una indagación preliminar, no lo hizo, y esa conspiración siguió andando, como lo evidencia el hecho de la extraña publicidad que corrió por allá en el mes de octubre de 1995, al regresar el presidente Samper de un viaje oficial al extranjero, en la que se hacía clara alusión a un supuesto golpe de Estado que iba a tener lugar el 7 de octubre a las 7p.m, hecho al que tampoco hizo referencia alguna Enrique Gómez Hurtado.

¿Tiene el columnista al que me refiero, acaso, certeza de que no hubo un  soterrado propósito de varios de sus opositores para que Samper dejara el cargo y lo asumiera alguno de ellos o uno de sus voceros? ¿Sabe de una reveladora conversación privada entre el doctor Álvaro Gómez Hurtado y un cercano amigo suyo, en la que el último fue enterado por su contertulio de unos extraños sucesos que precisamente apuntan en la órbita de un complot contra el Gobierno, en el que querían involucrar contra su voluntad al jefe conservador? Detalles como esos, son los que la pasión no dejan ni quieren ver, porque es mucho lo que revelan y lo que denuncian.

Sorprende que mientras Enrique Gómez Hurtado lanza conjeturas de supuestas amenazas a declarantes e inclusive a los parlamentarios que integran la terna de la Comisión de Acusaciones que viene con mucho ruido adelantando varias diligencias judiciales, no haya dicho una sola palabra sobre la circunstancia de que el Fiscal Delegado ante la Corte Suprema de Justicia, doctor Germán Marroquín, que conducía la investigación que ya empezaba a insinuar el establecimiento de la responsabilidad militar en el asesinato, hubiese tenido que abandonar el país durante casi un año por cuenta de unas amenazas, esas si comprobadas, lo que frustró que se avanzara en esa dirección investigativa. Ese también fue un hecho público, que sin embargo se silencia hoy en el texto que mereció la atención del columnista al que me vengo refiriendo.

Finalmente, no se ha preguntado el articulista, porque tampoco lo hizo Enrique Gómez Hurtado, cuál la supuesta razón para que el gobierno de Samper asesinara a quien había sido su aliado hasta agosto de 1995, por cuenta de unos editoriales que su propio hermano sostiene que ni siquiera determinaban la información del Noticiero 24 Horas de propiedad de su familia. Y tampoco se ha preguntado, por qué nada le pasó a los numerosos periodistas con más audiencia mediática, que desde mucho antes de que lo hiciera Álvaro Gómez Hurtado, pedían la renuncia del presidente Samper y criticaban el Gobierno sin restricción de ninguna especie.

Al columnista Flórez Henao le conviene más despojarse del odio y el fanatismo de sus pasiones políticas y militaristas, para que por ese camino encuentre la verdad, que con su artículo ha contribuido irresponsablemente a distorsionar.

Ver: columna de Javier Andrés Flórez, ¿Por qué lo mataron?

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