Hay cosas que tienen múltiples utilidades y por eso mismo son bienes apreciados en esta sociedad de consumo. El sofá es un mueble muy servicial, por ejemplo. Sirve para recibir visitas; sirve para ver televisión; sirve para sentarse a comer viendo televisión; sirve para leer; sirve para hacer siesta; sirve para darle dormida a un visitante; sirve para ponerle los cuernos al marido; sirve para meditar; sirve para ponerle los cuernos a la mujer. En fin, como pueden ver, tiene múltiples usos, inclusive sirve para que algún idiota lo tire por la ventana y así evitar que le pongan los cuernos. En ese caso y si le cae encima a alguien sirve como arma asesina.
Pero el sofá no es lo único útil dentro de una casa, la vivienda misma que lo contiene puede servir también para las mismas o para muchas otras cosas. Veamos: una casa sirve para dormir; sirve para guarecernos de la lluvia; sirve para compartir con una familia; sirve para realizar nuestras necesidades básicas; sirve para hacer el amor; sirve para pelear; sirve para traicionar al marido; sirve para traicionar a la patria; sirve para hacer terrorismo; sirve inclusive para que algún idiota decida derribarla y así evitar que se haga terrorismo. En ese caso y si en la explosión para derrumbarla se queda sin vivienda una familia sirve como herramienta de represión y de violación a los derechos humanos.
Pero quién tira el sofá por la ventana y quien derrumba una casa, están convencidos que hicieron lo correcto y que las acciones indeseadas, como la traición y el terrorismo, se acabarán cuando el sofá se estrelle en el piso y la casa se derrumbe en mil pedazos.
Pero habrá nuevos sofás donde traicionar al marido y muchas casas más desde donde dispararle al ejército. Los únicos que sufrirán son los inocentes, la persona que pasaba justo cuando cayó el sofá y fue espichada por su peso y los habitantes de la casa que se quedaron sin vivienda.
El presidente Santos ha tenido muchas cosas admirables en su corto gobierno de apenas un año, la devolución de tierras, las denuncias de corrupción en el gobierno anterior, el mejoramiento de los índices de desempleo, la mejoría en la calificación de inversión, etc. Pero esta idea de derrumbar las casas desde donde se producen actos de terrorismo, no parece ser uno de sus aciertos.
Caben algunas dudas sobre el anuncio hecho por el presidente desde el Cauca, la semana pasada. ¿Quién será el que decida qué casa se derrumba? ¿Habrá un juicio previo o simplemente un juicio sumario de algún militar ofuscado por un ataque que no pudo controlar? ¿A quién se le derribe su vivienda se le involucrará también en el delito de terrorismo o se le dará un subsidio para vivienda de interés social? ¿El lote dónde estaba la vivienda derrumbada quedará libre de culpa o será objeto de extinción de dominio?
A mi las cosas no me han quedado claras y sería deseable, antes de que se detone la primera carga para derrumbar una casa en Caloto, en Toribío o en Santander de Quilichao, que se establezcan unas reglas de juego precisas para ver si la tirada del sofá por la ventana, (perdón el derrumbe de la casa), tiene éxito como estrategia antiterrorista o como instrumento de planificación urbana. Yo por ejemplo, estoy lista a meterme en un edifico espantoso que hicieron en Cali, con ventanas de todos los colores y disparar desde allí, a ver si viene el ejército y por favor ¡nos lo derrumba!.
Es que el mal gusto también es un acto de terrorismo contra la estética.
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¿Para qué sirve un sofá?
Lun, 18/07/2011 - 23:56
Hay cosas que tienen múltiples utilidades y por eso mismo son bienes apreciados en esta sociedad de consumo. El sofá es un mueble muy servicial, por ejemplo. Sirve para recibir visitas; sirve para v
