Si todos queremos lo mejor para nuestro país, cuesta entender por qué hay gente que se obstina en prolongar el conflicto y son partidarios de deteriorar las relaciones Venezuela. En realidad, a nadie perjudica que Maduro insulte a Uribe, pero al menoscabarse las relaciones entre los dos países, sí puede haber cientos de miles de afectados. ¿Cuántos comerciantes se perjudicaron en el gobierno pasado por un problema de egos entre Uribe y Chávez? La Crisis colombo-venezolana que se inició en el 2007 y perduró hasta el 2010, tuvo un alto componente personal.
Lo dicho por el presidente Maduro sobre el expresidente Uribe es lamentable y una clara expresión de demagogia. No es la primera vez, que un mandatario venezolano trata de concentrar la atención en un hecho externo y aislado, como sofisma de distracción para apaciguar los ánimos exasperados de quienes no resisten más lo que está pasando internamente. Venezuela desde la muerte de Chávez vive la crisis más grave de su historia reciente, por tal razón era de esperarse que el discurso en contra de la derecha colombiana se agudizara proporcionalmente.
Ahora bien, ¿Por qué exigirle a un presidente de Colombia que actúe como Maduro? Si fuera cuestión de populismo, lo primero que haría un demagogo sería responder en un tono similar al del Presidente de Venezuela. De haber sido un oportunista, Santos pudo aprovechar este hecho para volcarlo a su favor, y al igual que Maduro, recurrir a sentimientos nacionalistas como movilizadores psicológicos y culturales para lograr otros propósitos. Al hacerlo, sería muy probable que recuperara la favorabilidad en las encuestas. Por las anteriores razones, personalmente considero que en el manejo a esta situación, Juan Manuel Santos sobrepuso los intereses de la nación al favorecimiento de su imagen personal.
Hay varios aspectos interesantes para analizar con respecto al tweet enviado por Santos el pasado 6 de mayo donde afirma: “La dignidad de los expresidentes se defiende mejor, no a gritos ni con insultos públicos, sino por los canales diplomáticos correspondientes”. Lo primero a interpretar de este mensaje, es que el presidente Santos no pasó por alto este hecho y efectivamente reconoce la necesidad de reivindicar la dignidad funcional, moral y ontológica del expresidente Uribe. Segundo, hacerlo por las vías diplomáticas, representa un manejo profesional de las relaciones entre paises soberanos. Este correcto uso garantiza que un ultraje no llegue a ser en un problema colosal entre las dos naciones. Tercero, al afirmar: “la dignidad de los presidentes no se defiende con insultos” le hace un sutil llamado de atención a Maduro, quien a gritos lanzó graves improperios en contra de Uribe. Y cuarto, le da un ejemplo al presidente de Venezuela de cómo se debe aplicar la inteligencia y el tacto en la dirección de las relaciones entre los gobiernos.
No podemos negar que la democracia venezolana está pasando por un momento muy difícil, pero es a los venezolanos a quienes les corresponde cambiar esa realidad. No podemos olvidar que la principal función de nuestro presidente es la toma de decisiones que tienen como mira principal el bienestar de los colombianos. La prudencia no es solamente de los diplomáticos, sino de los sabios. Solidarizarse con Venezuela, deteriorando las relaciones como esperan muchos, implicaría ser insolidario con Colombia.
Cuesta entender porque el refrán de Julio César: “divide y vencerás” tiene tanto eco en los corazones de los colombianos. En un país tan violento, ¿por qué anhelamos los discursos hostiles? Hacer la paz es más difícil e impopular que hacer la guerra y, de igual forma, mantener una buena relación con los vecinos, sobre todo con Venezuela, requiere más esmero que pasar al lenguaje de la discordia y la animadversión.
¿Por qué exigirle a Santos que actúe como Maduro?
Vie, 10/05/2013 - 01:06
Si todos queremos lo mejor para nuestro país, cuesta entender por qué hay gente que se obstina en prolongar el conflicto y son partidarios de deteriorar las relaciones Venezuela. En realidad, a nadi
