Todo viaje crea expectativas y más si se trata de Sudáfrica. Tenía informaciones disímiles sobre el país. Algunos que me decían lo peligroso que era: “En la capital Johannesburgo solo se puede andar en sitios muy específicos”. Otros que hablaban maravillas, incluyendo un pariente que ocupó allí un alto cargo como representante de Colombia. Holandeses que estuvieron en el campeonato mundial y me dijeron que habían pasado de lo lindo, sin problemas de ninguna clase.
Johannesburgo nos recibió con 20 y pico grados centígrados. Un aeropuerto excelente. Desde el comienzo, la sensación de estar en un país moderno. Autopistas perfectas que nos llevaron al centro de la ciudad, lleno de edificios siglo XX y XXI. Montañas elegantes de vidrio.
Johannesburgo, la capital moderna de Sudáfrica
Detengámonos aquí un momento. Sudáfrica, que tiene prácticamente la misma extensión de Colombia, está rodeada de una historia extraña. Los primeros colonizadores fueron los holandeses. Holanda contaba con un brazo comercial muy poderoso: la VOC, Dutch East India Company , la empresa encargada del comercio en territorios predeterminados de ultramar. Los primeros holandeses llegaron a un punto cercano al Cabo de Buena Esperanza y allí fundaron la Ciudad del Cabo. El propósito de ese desembarco era constituir un puesto de aprovisionamiento para los barcos de la VOC destinados al comercio con Asia.
Cada colonización trae su bagaje personal: el idioma y la religión, así como los gustos y las costumbres. De ahí que de los 11 idiomas oficiales que se hablan en Sudáfrica uno es el afrikáner, de raíces neerlandesas.
Con el transcurso del tiempo, frase para acortar el resto de la historia, los dos grandes interesados en este territorio se enfrentaron, algo inevitable. Inglaterra y Holanda no solo eran enemigos comerciales sino también, ya en la misma Europa, dirimían conflictos territoriales y políticos a punta de cañonazos.
Castillo de la Buena Esperanza, construido por holandeses en 1665
Hubo momentos referentes que marcan el destino de Sudáfrica: las dos guerras que los bóer – campesino en holandés–, sostuvieron contra Inglaterra por territorios claves que ocupaban. Finalmente Inglaterra logra anexar los territorios y ser el país dominante. Con el tiempo la política se fue acomodando y partidos de origen británico lograron convivir con el partido de los descendientes de los holandeses (afrikáners) para manejar a Sudáfrica.
Apartheid es la palabra que resume la acción de separar. La segregación racial siempre existió, estamos hablando de dos grandes potencias que sabían de esclavos, de comerciar con ellos, de imponer en la cotidianidad la diferencia entre negro y blanco, donde el blanco es superior: detentar el conocimiento, el dinero, el poder. Algo que no era extraño a los holandeses, ni a los británicos.
Lo que es increíble es la creación oficial, dentro de un movimiento político, que en 1948 instituyó mediante decretos y leyes gubernamentales el concepto de segregación. Los políticos en su discurso explicaban cómo era normal que esto tuviera lugar. En un video que tuve oportunidad ver en el Museo del apartheid en Johannesburgo, se veía a un político de la época manejando el tema ante una masa de asistentes. Sin que se le moviera una pestaña decía, palabras más, palabras menos, que no tenía nada de malo el racismo, “al fin y al cabo somos diferentes y para ello debemos tener una organización social donde todos podamos estar bien”.
El apartheid fue una plataforma política de líderes con mentes totalmente torcidas que querían justificar el control, por unos pocos, de una inmensa mayoría, solo por su color.
Sala de torturas en una cárcel para negros
Dentro de la “ideología” del apartheid encontramos:
Prohibición de matrimonios entre blancos y negros. Prohibición a los negros de entrar a las universidades de los blancos. En el tema de la educación se le ocurrió a uno de estos establecer un plan para que los negros aprendieran a subordinarse a los blancos desde temprana edad y así evitar que aspiraran a puestos directivos. El gobierno podía remover a los negros que estaban en Johannesburgo y reubicarlos en otros sitios. Podía, también, desalojar a familias de negros que se encontraban en propiedad privada y llevarlos a campamentos de desplazados. Los negros que venían del campo a la ciudad tenían que sacar un pase que solo duraba tres días, solo los blancos podían viajar libremente.
Todo esto en pleno siglo XX.
De ahí que surgieran de líderes como Nelson Mandela que vieron la necesidad de evitar que su pueblo continuara en esa dirección enfermiza que un conglomerado de políticos quiso eternizar. Mandela duró 27 años en prisión, el costo de exigir justicia para su gente y su país.
En Navidad, para los prisioneros blancos: una libra de pastel. Para los negros: una pinta de café o té
Las peleas y busca de reivindicación de los mineros en la mina Lonmin Platinum, donde recientemente 34 de ellos encontraron la muerte en una batalla con la policía, son una muestra miedosa de los escombros de un sistema donde el negro siempre parece que es el que “debe pagar los platos rotos”. A varios de ellos los encarcelaron dizque porque había una ley que los hacia cómplices de la muerte de sus 34 compañeros. Hace muy poco oí a un líder político sudafricano de la vieja guardia, quien se preguntó“¿Habremos fallado en nuestra labor de lucha?”
A pesar de que lo anterior describe momentos que parecen retrógrados, Sudáfrica es una sociedad en ebullición que hace años eligió la vía para una sociedad más igualitaria. Este penoso incidente no debe empañar sus logros.
Johannesburgo, la capital moderna de Sudáfrica
Detengámonos aquí un momento. Sudáfrica, que tiene prácticamente la misma extensión de Colombia, está rodeada de una historia extraña. Los primeros colonizadores fueron los holandeses. Holanda contaba con un brazo comercial muy poderoso: la VOC, Dutch East India Company , la empresa encargada del comercio en territorios predeterminados de ultramar. Los primeros holandeses llegaron a un punto cercano al Cabo de Buena Esperanza y allí fundaron la Ciudad del Cabo. El propósito de ese desembarco era constituir un puesto de aprovisionamiento para los barcos de la VOC destinados al comercio con Asia.
Cada colonización trae su bagaje personal: el idioma y la religión, así como los gustos y las costumbres. De ahí que de los 11 idiomas oficiales que se hablan en Sudáfrica uno es el afrikáner, de raíces neerlandesas.
Con el transcurso del tiempo, frase para acortar el resto de la historia, los dos grandes interesados en este territorio se enfrentaron, algo inevitable. Inglaterra y Holanda no solo eran enemigos comerciales sino también, ya en la misma Europa, dirimían conflictos territoriales y políticos a punta de cañonazos.
Castillo de la Buena Esperanza, construido por holandeses en 1665
Hubo momentos referentes que marcan el destino de Sudáfrica: las dos guerras que los bóer – campesino en holandés–, sostuvieron contra Inglaterra por territorios claves que ocupaban. Finalmente Inglaterra logra anexar los territorios y ser el país dominante. Con el tiempo la política se fue acomodando y partidos de origen británico lograron convivir con el partido de los descendientes de los holandeses (afrikáners) para manejar a Sudáfrica.
Apartheid es la palabra que resume la acción de separar. La segregación racial siempre existió, estamos hablando de dos grandes potencias que sabían de esclavos, de comerciar con ellos, de imponer en la cotidianidad la diferencia entre negro y blanco, donde el blanco es superior: detentar el conocimiento, el dinero, el poder. Algo que no era extraño a los holandeses, ni a los británicos.
Lo que es increíble es la creación oficial, dentro de un movimiento político, que en 1948 instituyó mediante decretos y leyes gubernamentales el concepto de segregación. Los políticos en su discurso explicaban cómo era normal que esto tuviera lugar. En un video que tuve oportunidad ver en el Museo del apartheid en Johannesburgo, se veía a un político de la época manejando el tema ante una masa de asistentes. Sin que se le moviera una pestaña decía, palabras más, palabras menos, que no tenía nada de malo el racismo, “al fin y al cabo somos diferentes y para ello debemos tener una organización social donde todos podamos estar bien”.
El apartheid fue una plataforma política de líderes con mentes totalmente torcidas que querían justificar el control, por unos pocos, de una inmensa mayoría, solo por su color.
Sala de torturas en una cárcel para negros
Dentro de la “ideología” del apartheid encontramos:
Prohibición de matrimonios entre blancos y negros. Prohibición a los negros de entrar a las universidades de los blancos. En el tema de la educación se le ocurrió a uno de estos establecer un plan para que los negros aprendieran a subordinarse a los blancos desde temprana edad y así evitar que aspiraran a puestos directivos. El gobierno podía remover a los negros que estaban en Johannesburgo y reubicarlos en otros sitios. Podía, también, desalojar a familias de negros que se encontraban en propiedad privada y llevarlos a campamentos de desplazados. Los negros que venían del campo a la ciudad tenían que sacar un pase que solo duraba tres días, solo los blancos podían viajar libremente.
Todo esto en pleno siglo XX.
De ahí que surgieran de líderes como Nelson Mandela que vieron la necesidad de evitar que su pueblo continuara en esa dirección enfermiza que un conglomerado de políticos quiso eternizar. Mandela duró 27 años en prisión, el costo de exigir justicia para su gente y su país.
En Navidad, para los prisioneros blancos: una libra de pastel. Para los negros: una pinta de café o té
Las peleas y busca de reivindicación de los mineros en la mina Lonmin Platinum, donde recientemente 34 de ellos encontraron la muerte en una batalla con la policía, son una muestra miedosa de los escombros de un sistema donde el negro siempre parece que es el que “debe pagar los platos rotos”. A varios de ellos los encarcelaron dizque porque había una ley que los hacia cómplices de la muerte de sus 34 compañeros. Hace muy poco oí a un líder político sudafricano de la vieja guardia, quien se preguntó“¿Habremos fallado en nuestra labor de lucha?”
A pesar de que lo anterior describe momentos que parecen retrógrados, Sudáfrica es una sociedad en ebullición que hace años eligió la vía para una sociedad más igualitaria. Este penoso incidente no debe empañar sus logros.
