Stalingrado

23 de julio del 2011

Antony Beevor Memoria Crítica 11 Edición Barcelona, España, 2007 Hace 70 años, bajo el sugestivo nombre de Operación Barbarroja, la Alemania nazi de Hitler invadió la Unión Soviética comunista de Stalin. Apenas dos años antes, ambos dictadores habían suscrito el Pacto Germano-Soviético de No Agresión, que permitió al dueño de Alemania iniciar la invasión a […]

Antony Beevor
Memoria Crítica
11 Edición
Barcelona, España, 2007

Hace 70 años, bajo el sugestivo nombre de Operación Barbarroja, la Alemania nazi de Hitler invadió la Unión Soviética comunista de Stalin. Apenas dos años antes, ambos dictadores habían suscrito el Pacto Germano-Soviético de No Agresión, que permitió al dueño de Alemania iniciar la invasión a Polonia y con ello, la Segunda Guerra Mundial.

La guerra relámpago, que había sido el paradigma de las derrotas de Polonia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega y Francia en meses de combate, era la meta de Hitler frente a los rusos. Y así fue al principio: el avance en tres frentes, que sumaban más de mil kilómetros de ancho, fue apabullante. En menos de dos meses estaban cerca de Leningrado (hoy San Petesburgo) al norte; Minsk (Bielorrusia) y Kiev (Ucrania) habían sido tomadas en el frente central; al sur, Odesa y Sebastopol (en las costas del Mar Negro) habían caído bajo el impetuoso avance de la maquinaria de guerra alemana, la Wehrmacht, con más de tres y medio millones de soldados, apoyados por los aviones de la Luftwaffe (fuerza aérea).

La estela de destrucción, genocidio y dominación en las praderas soviéticas occidentales, signadas por el destino manifiesto de la raza superior, ante los inferiores eslavos, fueron las consecuencias de este episodio bélico.

Mientras tanto, el mando soviético en cabeza de Stalin, no podía salir de su letargo y de su fronda burocrática, con la inacción producto de la incredulidad al principio, y luego de la improvisación. A esto, también se sumaban las pérdidas de oficiales capacitados del Ejército Rojo, debido a las purgas paranoicas de persecución y espionaje, tres años antes.

La dictadura de Stalin, sin asomo de respeto por las vidas humanas, decreta la movilización general. El llamamiento recurre al patriotismo ruso, el cual respondió con creces y sacrificio, independientemente de su respaldo a la nomenclatura gobernante. Ese es el factor decisorio que permitió a la Unión Soviética, aupada con sus grandes reservas de área, recursos y personas, responder al ímpetu invasor.

Beevor con este libro, con su singular maestría narrativa, recoge los testimonios de invasores e invadidos; de oficiales; de civiles; de líderes y expone con detalle uno de los episodios más notables de la invasión nazi a la Rusia comunista.

Después del inesperado revés de la toma de Moscú por parte de los alemanes y la llegada del invierno, haciendo inevitable la remembranza del desastre napoleónico en 1812, Hitler ordena a sus huestes la conquista de la ciudad toponímica de Stalingrado a orillas del  Volga, puerta del Cáucaso y de ahí a los campos petrolíferos del Mar Caspio.

En sus capítulos, Beevor describe el avance alemán con el VI Ejército hacia el Volga; la toma secuencial de ciudades hasta llegar a la propia plaza central de Stalingrado; también narra, la épica defensa de parte de la ciudad del 62° ejército soviético, que nunca abandonó la plaza y nunca permitió la toma completa de la ciudad. Igualmente, muestra Beevor las hazañas de los francotiradores; las penurias de atacantes y defensores, los ataques y contraataques, las líneas de aprovisionamiento, entre otros.

Con su narración Beevor muestra la condición humana en periodo de agravamiento y desgracia; de epidemia, de congelamiento, de deshidratación. Refleja en su relato el sufrimiento de todos, sus esperanzas; sus sueños; sus odios; sus amores; sus decepciones; sus venganzas; su inhumanidad.

Después de leer la epopeya de Stalingrado, hito que marcó la primera gran derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial y de ahí en adelante convertirse en un ejército a la defensiva y no a la agresión, Beevor nos muestra como más de un millón de hombres perecieron ante la impasividad e incomprensión y desprecio por la vida humana por parte de Hitler y Stalin.


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