Un buen año

31 de diciembre del 2010

El  2010 fue un buen año para la cultura. Desde Bogotá, y para comenzar el consabido balance anual, es imprescindible registrar que, después de toda suerte de rumores encontrados, el Festival Iberoamericano de Teatro no sólo sobrevivió de la mano de su nueva directora, Ana Marta de Pizarro, sino que tuvo un desarrollo asaz interesante con invitados de cuatro continentes. Gracias a la aportación de Cataluña y de las Islas Baleares, regiones invitadas de honor, se presentaron verdaderos hitos como 2066 y La Pantera Imperial del Teatre Lliure de Barcelona, mientras que, de otras latitudes, vinieron, entre muchas puestas en escena el último espectáculo de Bob Wilson; cuatro Medeas incluida una memorable de la compañía japonesa Spac; una exquisita farsa de la Familia Flöz de Alemania: el Teatro Delusio, y El Abrigo de Gogol en una versión llena de sutileza del Gecko Theater del Reino Unido.

Otro golazo fue la inauguración del Teatro Mayor en la Biblioteca Julio Mario Santo Domingo, de bello diseño y magnífica acústica, en cuya temporada de apertura  participaron figuras de alto nivel como Daniel Baremboim y su orquesta East-Western Diván, la soprano Jessye Norman, y el tenor Fernando de la Mora además de otros muchos artistas reconocidos en muy diversos géneros. Allí se presentó nada menos que el gran director Gustavo Dudamel al frente de la legendaria Orquesta Simón Bolívar que interpretó dos programas: el primero oficial y con la participación de músicos colombianos en un gesto de fraternidad, y el segundo con la Sinfonía # 2 –Resurrección- de Mahler en una versión que dejó boquiabierto al auditorio.

Es menester mencionar el desempeño de la Filarmónica de Bogotá y en particular sus versiones de obras como las impactantes traslaciones sinfónicas de la ópera Matías el Pintor de Hindemith, y del Anillo del Nibelungo de Wagner en el curso de Ópera al Parque. De igual manera la vibrante versión de la Cuarta Sinfonía de Shostakovitch fue otro momento para recordar. En cuanto a la Sinfónica de Colombia, es de anotar el notable incremento de calidad, bajo la dirección de Baldur Broniman, que le permitió salir airosa de una pieza tan comprometida como la Quinta Sinfonía de Mahler. En la música de cámara, la Sala Arango del Banco de la República continuó ofreciéndole al público capitalino auténticos manjares. El recita del Trío de Viena, fue uno de los momentos musicales culminantes del año, así como la no menos conmovedora presentación de Anonimous IV, el grupo de 4 damas norteamericanas especialista en interpretar música religiosa de la Edad Media, con una selección del maravilloso Códice del convento burgalés de las Huelgas.

Lo mejor del año operístico fueron las transmisiones desde el  Metropolitan Opera House de Nueva York, que le permiten a los aficionados locales ver títulos imposibles en el país, en versiones de alta calidad musical y con la suficiente enjundia teatral como para entusiasmar a las nuevas generaciones. Valga recordar el gran Boris Goudonov de Mosdesto Mussorsky con un elenco y una puesta en escena del más alto nivel, bajo la dirección musical Valeri Gregiev  A propósito de teatro musical,  son de mencionar las dos puestas en escena de Misi: Oliver y la Historia más Bella Jamás Cantada que pusieron de presente, una vez más, el profesionalismo de una auténtica pionera del Musical.

Habría mucha tela de donde cortar en el terreno de las artes plásticas, pero por razones de espacio, baste con mencionar Art Bo, la Feria de Arte de Bogotá con un alto grado de solidez; la inauguración del muy contemporáneo espacio de exposiciones de la carrera 5 con la calle 27, una de cuyas inspiradoras es la artista Claudia Hakim, y  la exposición de Man Ray en la Biblioteca Luis Ángel Arango que, como pocas muestras, permite una adecuada lectura de ese singular personaje que se movió con idéntica desenvoltura en la pintura, en el ensamblaje de objetos y en la fotografía. En resumidas cuentas, el año que finaliza fue bueno desde lo cultural y, además, augura un futuro de sensatez puesto que trajo el nombramiento, en el ministerio del ramo, de una sensibilidad como la de Mariana Garcés. ¡Ojalá el 2011 nos depare los más suculentos momentos culturales!

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