Todo lo bueno es prohibido, engorda o hace daño, dice una vieja frase que refleja muy bien esa obsesión médica, ética o política de prohibir lo que no se puede controlar por medio de la educación o la persuasión.
No coma chocolate porque engorda, no tome tinto porque desvela, no fume porque da cáncer, no hable duro porque es mala educación…No, no, no, no. Dos letras muy usadas y poco obedecidas, porque, claro, lo bueno ¡gusta!
A nivel gubernamental, especialmente en el legislativo, las leyes son casi exclusivamente un decálogo de prohibiciones, porque también allí es más fácil prohibir que educar. Sin embargo cada prohibición trae de la mano su contravención, es decir, el atajo para evitarla.
En este mundo de negaciones, resulta por lo menos esperanzador que un país como Uruguay, que no es el más grande o poderoso del planeta, haya tenido la audacia de decir por ahí no es la cosa; la prohibición no ha servido para nada distinto de fortalecer las mafias, los atajos y la delincuencia.
Pepe Mujica fue el autor de esta audacia. Sólo un presidente tan singular como él podía hacerlo. Un exguerrillero, un intelectual, un hombre a prueba de todo, que pasó por la cárcel y la tortura como Mandela, que dejó las armas porque vio la inutilidad de la lucha armada, que conquistó el poder político sin dejarse contagiar de sus vanidades y excesos. Ese hombre y solo él podía darle al mundo un legado como el que está dando: prohibir la droga no tiene ninguna utilidad.
Y Mujica llevó al Congreso de su país a legalizar la marihuana. Algo insólito y valiente. Claro, dirán los contradictores, Uruguay no es productor de yerba, a no ser de yerba mate. Allá las mafias son insignificantes, no como en Colombia o México. La política no se ha contaminado con narcodineros, etc. etc. Seguramente le aplicarán todas las disculpas que se usan en Colombia para no tomar la misma decisión.
Aquí tenemos un Presidente que apenas tímidamente ha insinuado que la prohibición no es de mayor utilidad y un expresidente que ya se atreve a pregonarlo a cuatro vientos, aunque en su período no avanzó ni un centímetro en ese camino. Pero seguimos empeñados en la prohibición aplicando instrucciones del gobierno norteamericano.
Qué distinto sería si escucháramos a Pepe Mujica. Qué bueno que también la guerrilla lo escuchara en el tema de abandonar la lucha armada. Cómo serían las cosas si en lugar de seguir los pasos de un Obama, cada vez más desdibujado como demócrata, siguiéramos los de ese presidente sabio cada vez más afirmado en la autodeterminación, la democracia y la decencia.
Mujica me acuerda del sonsonete de una canción que bailaba en mi juventud: “Y es que Pepe no aprieta, sino que sabe apretar”. Si, Pepe no impone, Pepe convence y ojalá esa “apretada” meta en el baile democrático a la guerrilla y en el baile de la legalización al mundo.
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Y es que Pepe no aprieta…
Mar, 13/08/2013 - 01:18
Todo lo bueno es prohibido, engorda o hace daño, dice una vieja frase que refleja muy bien esa obsesión médica, ética o política de prohibir lo que no se puede controlar por medio de la educació
