Augusto Monterroso

21 de diciembre del 2010

El guatemalteco Monterroso es el escritor más miniatúrico de la gran literatura, o mejor, es el más grande de la literatura miniatúrica, pues sus ficciones son de unas dimensiones que sobrepasan todos los límites de la imaginación. Hay cuentos de Monterroso más cortos que títulos de cuentos de Borges, que ya es un autor conciso […]

Augusto Monterroso

El guatemalteco Monterroso es el escritor más miniatúrico de la gran literatura, o mejor, es el más grande de la literatura miniatúrica, pues sus ficciones son de unas dimensiones que sobrepasan todos los límites de la imaginación. Hay cuentos de Monterroso más cortos que títulos de cuentos de Borges, que ya es un autor conciso de por sí.

Uno de los cuentos más famosos de Monterroso, tan corto que a duras penas le cabe el nombre del autor y por eso muchos lo conocen como anónimo, dice así:

Cuando despertó, el dinosaurio ya no estaba ahí.

A primera vista, parece una frase de un cuento más largo que se ha extraviado, o un chiste malo. Pero en realidad cumple con todos los requisitos del cuento tradicional: protagonista (él o ella), presentación (donde alguien estaba había un dinosaurio), nudo (ese alguien se fue a dormir -¡con un dinosaurio entre el cuarto!-, tal vez esperando que todo fuera un sueño) y desenlace (cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí, confirmando la terrible conclusión de que no estaba soñando). Para completar, el cuento comienza in media res, a mitad de camino, y no por el principio, como recomiendan todos los grandes cuentistas.

Sin embargo, no todos los cuentos de Monterroso, que le dedicó una vida entera al género, gozan de tanta suerte, y muchos están de acuerdo en que no pasan de ser comentarios jocosos de otros cuentos, o para ser más precisos, de cuentos de Borges. Es el caso de Caballo imaginando a Dios, La oveja negra, y La tortuga y Aquiles. Y aunque el juicio le parezca a algunos negativo, a muchos otros les parece lo contrario: como las miniaturas medievales con que se ilustraban las páginas de los grandes poemas épicos, las miniaturas de Monterroso ilustran las páginas de la literatura latinoamericana, ofreciendo imágenes complementarias y atrayendo a los lectores que se asoman a ellas con escepticismo.

De ese modo, puede verse como doble, y no como incompleta, la grande (aunque pequeña) producción de Monterroso, que le valió el premio Miguel Ángel Asturias y la admiración de colegas y lectores a lo largo de su extensa vida. Una obra que a pesar de ser tan depurada y apretada, siempre dejó espacio para las frases con vuelo, las preguntas importantes y el sentido del humor, ejemplo de lo cual es ese cuento o pensamiento llamado Aforsimo que con el tono de la más seria investigación científica nos cuenta:

Los enanos tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista.

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