Enrique Buenaventura

1 de enero del 2011

Enrique Buenaventura nació en Cali, vivió en Cali y murió en Cali. Pero entre esos eventos, a través de largos viajes, conoció a fondo el diverso territorio colombiano y los países de Suramérica. Y mucho más conoció a través de sus lecturas y sus investigaciones, que lo llevaron al África profunda, al lejano Oriente, a […]

Enrique Buenaventura

Enrique Buenaventura nació en Cali, vivió en Cali y murió en Cali. Pero entre esos eventos, a través de largos viajes, conoció a fondo el diverso territorio colombiano y los países de Suramérica. Y mucho más conoció a través de sus lecturas y sus investigaciones, que lo llevaron al África profunda, al lejano Oriente, a la nueva Europa de las vanguardias artísticas, y a la vieja Europa de la literatura medieval.

Y todas estas vivencias, experiencias y saberes, que recogidas en sus viajes tanto de mochila como de escritorio, son la médula de sus obras teatrales y de sus poemas.  En ellas, como en La trilogía del Caribe, se mezclan las prácticas y las formas de la triple cultura colombiana, para formar un cuadro en el que el espectador se ve a la vez cambiado y reflejado. Lastimosamente, sin embargo, muchas de las obras de Buenaventura permanecen inéditas, pero las que existen son suficientes para darnos una idea de la vasta comedia humana que le tomó la vida entera realizar.

Porque si las obras se nutren de las manifestaciones milenarias de los pueblos, están de todas formas estructuradas con el artificio y el cuidado de las grandes obras teatrales de la cultura occidental, ya que Buenaventura fue también un constante estudioso de las formas del oficio. De esto dan cuenta sus interpretaciones de las obras de escritores como Alfred Jarry y Ramón del Valle Inclán, vanguardia del teatro, y sus estudios paralelos de las obras fundadoras de los antepasados, como la Celestina, y la comedia italiana de Goldoni.

Sin embargo, aunque Buenaventura siempre estuvo al tanto de las corrientes artísticas y de sus más recientes propuestas, nunca perdió de foco el objetivo de usarlas siempre para crear un teatro al acceso de todos, un teatro popular. Y esta es, en últimas, su mayor aporte, y de él da cuenta su larga labor al mando del Teatro Experimental de Cali, en el que dirigió, escribió y produjo decenas de obras memorables. Algunas de estas, lo que es un claro ejemplo de compromiso, tuvieron varias versiones a lo largo de los años, como es el caso de A la diestra de Dios Padre, basada en el cuento de Tomás Carrasquilla. Cada vez que la obra se presentaba, Buenaventura la adaptó en conjunto con su equipo de manera que coincidiera con el clima político y social vigente en el momento, de modo que para el espectador la experiencia de ir al teatro no fuera sólo recreativa sino también crítica, autocrítica y en últimas, creativa; para que el espectador pudiera tomar las riendas de la interpretación de las obras, y pudiera, en un futuro, perpetuar por sí mismo esa obra, la obra múltiple y móvil de Enrique Buenaventura.

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