Franz Schubert

Franz Schubert

30 de enero del 2011

Schubert nació y vivió en Viena, cuna de la música clásica desde la época de Bach y para entonces tomada completamente por la fiebre romántica, iniciada por Beethoven, que habría de ser el principal modelo de Schubert, compositor romántico por excelencia.

Las obras de Schubert, sin embargo, difieren de las de Beethoven en la grandilocuencia de sus intenciones. Si Beethoven siempre apuntó a lograr una síntesis musical del mundo entero, Schubert se contentó con hablar del pequeño círculo de sus amigos, sus poetas y sus compositores más queridos. De ahí que nunca compusiera un concierto, género tal vez más ambicioso y prepotente que la sinfonía. En cambio, Schubert se concentró en escribir música de cámara, sonatas y los famosos lieder, o canciones cortas de tema romántico compuestas como musicalizaciones de poemas de la época. Esos lieder los escribía Schubert pensando en sus amigos, y para el placer y la admiración de estos, que solían reunirse regularmente en decorosas fiestas que pronto se llamaron “schubertiadas”, en honor a los recitales que el compositor solía dar al final de la velada.

Ese inocente cariño por los suyos permea su obra entera, y es la responsable de esa sensación de bienestar que le es tan propia, y que los compositores posteriores trataron de copiar, guiándose por los artificios técnicos, con tan poco éxito. Porque aunque Schubert siempre mantuvo un interés por la experimentación con nuevas formas de expresión, jamás lo hizo en competencia con los grandes compositores, ni trató le buscar con ellas la máxima expresión del ser humano. Al contrario, su intención fue la de pintar, cada vez con más cuidado, ese ambiente minúsculo y sin duda pasajero de la alta sociedad vienesa de principios del siglo XIX, y paradójicamente es la claridad de su objetivo y la limpieza con que lo buscó lo que finalmente le confirió la relativa universalidad a sus obras.

Muchos concuerdan en que Schubert, por lento y específico que haya sido su proceso, y a través de ese camino inverso, habría alcanzado eventualmente el nivel de las obras más ambiciosas, de no haber sido por la pésima salud que le trajo la muerte tan temprano, y que le oscureció de tal forma las obras de su último período. Tales obras, en efecto, fueron perdiendo rápidamente la sencilla alegría que solía caracterizarlas, y se fueron velando poco a poco bajo el manto de la muerte. Compuso cada vez menos lieder, y en cambio, en un intento de expresar esa angustia reciente, ensayó en el campo de la ópera, faceta muy poco apreciada en su momento, pero que ha sido desde entonces constantemente revalorada.