Mircea Eliade

Mircea Eliade

22 de abril del 2011

En la universidad de Bucarest, donde el joven Mircea Eliade entró a estudiar filosofía, había un profesor de nombre Ionescu que tenía unas ideas muy particulares sobre varios temas, y que con ellas había conseguido la atención de muchos de sus estudiantes. Ionescu era un experto en religiones menores de Europa Oriental y de Asia Menor, y en corrientes esotéricas presentes en diversos momentos de la historia de estas religiones. Entre sus primeros adeptos estaban el futuro filósofo rumano Emil Ciorán, y posteriormente Mircea Eliade, que habría de convertirse en uno de los estudiosos de las religiones más importantes del siglo XX. Inoescu creía que las experiencias místicas de todas las religiones estaban fundadas sobre una noción del tiempo muy distinta de la Occidental, que es lineal e irrepetible. Esta, en cambio, distinguía entre un tiempo profano, lineal pero no continuo, y un tiempo sacro, circular y repetible. Esa enorme brecha impedía a los antropólogos y a los filósofos entender la experiencia mística en sus esquemas originales, y ya había conducido a varios errores por parte de los expertos. Como solución a ese problema, Ionescu proponía un contacto largo y directo con los que en diversas culturas tenían el papel de practicar la contemplación, y la experimentación en tales prácticas, incluyendo consumir las bebidas, por lo general alucinógenas, que los místicos de muchas religiones, sobre todo orientales, suelen consumir.

Esa posición práctica respecto a la forma más adecuada de acercarse al estudio de culturas fundamentalmente distintas, tenía también una contraparte mucho más teórica y mucho más oscura, y el conjunto de esos dos aspectos conformaba la escuela que Ionescu denominó el trairismo, del rumano traire, que quiere decir autenticidad, o búsqueda de lo auténtico. Eliade se fascinó con las posibilidades que el trairismo le abría a la investigación en misticismo, y dirigido por Ionescu viajó a Calcuta para hacer su tesis sobre la práctica del yoga en la India septentrional, resultado de lo cual es su primera obra de importancia universal.

Mucho después, Eliade habría de practicar los preceptos del trairismo con prácticas hinduistas, con chamanismo siberiano y con corrientes místicas del Medio Oriente, experiencias que resultaron en otras tantas obras maestras de la antropología y la historia. Sin embargo, en esos libros posteriores, Eliade no menciona el trairismo y sobre todo no menciona a Inoescu, su mentor, del que ya por entonces radicado en París, Eliade trató de desvincularse en todo sentido.

La razón de esa inesperada ruptura es que el otro lado del trairismo, el lado al que Eliade no le prestó demasiada atención, aunque sus fundamentos eran filosóficos tenía una fuerte carga política, de la que resultaba una posición de argumentos muy diferentes pero de conclusiones iguales a las del Nazismo con respecto a los judíos y a cómo lidiar con ellos. Durante la breve ocupación Nazi de Rumania Ionescu aprovechó para unirse a la extrema derecha y divulgar sus teorías, que tuvieron una corta pero contundente resonancia. Pero después de la caída de Hitler, Stalin tomó poder de Rumania, y Ionescu fue considerado un enemigo del estado popular. Eliade, en ese entonces, estaba por regresar de Calcuta cuando descubrió que no lo dejarían regresar a Bucarest, por su asociación con Inoescu. Entonces Eliade, que entre sus varios estudios había incluido el de la Cábala y otras prácticas judaicas, que había aprendido hebreo antiguo para poder leer los textos originales y que ya por entonces sostenía una rica correspondencia con Gershom Scholem, el judaista más importante del momento, siguió de largo hacia París, donde se dedicó a editar sus obras y a limpiar su vida de toda referencia al nombre de Ionescu.

El apoyo de varios intelectuales franceses lo ayudó a dejar en claro su nombre, y a seguir una carrera académica que fue una de las más prolíficas e inquietas de su tiempo.

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