Carlos Salas
Carlos Salas Silva

2022-2042

Todo socialista es un dictador disfrazado”

Ludwig von Mises

¿Cómo se convirtieron en tiranos? Es la pregunta que da  título a una satírica serie de esas que, con toda frialdad y sin compasión alguna, pueden sacar sonrisas del dolor ajeno. En seis episodios da respuesta a ese interrogante dejándonos un amargo sabor cuando estamos por inaugurar un régimen dictatorial que echará por la borda una ya resquebrajada democracia.

Queda demostrado que al pasar los años se puede hablar, sin que nos brote ni una lagrima, de los millones de muertos víctimas del ansia de poder germinado en la putrefacta consciencia de aquellos que se convirtieron en tiranos porque sí. La serie concluye que cualquiera puede ser un tirano. Y no se equivoca, en Colombia tenemos a un cualquiera con ganas de estrenarse como tirano siguiendo los pasos que se desarrollan a través de los distintos episodios de la serie.

Pongo 2042 como posible año en el que termine la dictadura que se impondrá cuando la inercia termine por vencernos… aunque podría alargarse. El tirano tendrá 82 años y habrá quien considere que es hora de un retiro merecido luego de haber entregado su vida a la revolución y de dedicarle veinte años a destruir para construir. Destruir una ya carcomida democracia, lo que no le va a ser difícil contando con una politiquería corrupta, cobarde y amañada a los designios del nuevo jefe para construir un régimen dictatorial sobre las ruinas que dejarán sus nefastas políticas, como lo podemos ver en vivo y en directo en La Habana que dejó Fidel, el viejo mentor del nuevo candidato a convertirse en tirano. Aunque esos veinte años podrían alargarse en la sombra o refugiado en su casa de descanso en Italia en la que se encuentra ahora esperando ser llamado por las multitudes en una farsa, como la que montó su admirado Lenin hace apenas un siglo, tiempo que para ellos no es el mismo que para el común de los mortales.

Como lo dice el primer episodio de la serie, conquistar el poder es el primer paso. Desde luego, no podría ser de otra forma. No le fue difícil lograrlo a nuestro aprendiz de tirano. Requirió de unos años, es cierto, pero la persistencia alcanza lo que la dicha no logra. Sabía muy bien que de nada servía impacientarse, las cosas llegan en su momento y este es el glorioso, el de la toma del poder el 7 de agosto de 2022 que quedará escrito con letras de molde junto a tanta verdad amañada y tanta mentira sacralizada.

Acabar con sus rivales es lo que indica la serie como segundo paso. Hay dos formas, la sumisión o el patíbulo. En eso todos se portan de la misma manera desde Stalin hasta Chávez pasando por Hussein y Gadaffi. Acá ha sido sobrenatural la manera como se han plegado los políticos de izquierda, de centro y hasta de derecha, esos que tanto anunciaron que Colombia, de ninguna manera, caería en manos de un comunista, es decir, un tirano disfrazado, parafraseando a Von Miles.

Gobernar mediante el miedo es el tercer paso. No queda duda de lo aterrados que estamos ante lo que pueda ocurrir a partir del 7 de agosto próximo. Por un lado, la huida de capitales y el alza del dólar son ya muestras claras de un temor creciente desde el punto de vista económico y por otro, el terror a la represión tiene desde ya acobardada a la oposición. Lo vemos en la manera sumisa como se han venido recibiendo los anuncios de lo que serán los primeros pasos que dará el aprendiz de dictador ya posesionado, con todo el poder que ejercerá desde las tres ramas. Un fast track para gobernar a su antojo le está ya servido en bandeja por parte del legislativo y una justicia tomada por sus aliados complementan la mezcla perfecta para hacer lo que les gusta hacer a los tiranos: lo que les viene en gana.

Un cuarto paso es controlar la verdad. Petro es experto en la materia. Claro que el camino lo encuentra pavimentado desde el acuerdo Santos- Farc.

De lo que se trata es de crear una sociedad nueva, dice el quinto paso del manual. ¿Qué clase de sociedad? Miremos a Venezuela detenidamente porque ahí está nuestro reflejo. Hablar de Cuba en donde se vive sabroso en la más dura miseria o de Nicaragua país que arrastra con todos los males de una tiranía ejercida desde el lecho nupcial, es ya repetitivo. Tenemos también a Argentina, Bolivia y Honduras países que ya han recorrido un buen tramo de ese camino hacía la tiranía. Esa sociedad nueva iría en contravía con la vieja, la de nuestros valores y nuestra cultura.

Por último, el sexto paso. Gobernar para siempre. Aunque eso de siempre puede ser cuatro o veinte años. En esas condiciones un solo año nos parecerá una eternidad, una estadía en el infierno.

La sonrisa de oreja a oreja que se ha instalado en el rostro del que ocupará, en menos de un mes, el palacio presidencial, nos trae ingratos recuerdos de aquellos que en el pasado no solo sonreían sino que estallaban en carcajadas ante el horror que causaban. Un poco de Hitler, otro poco de Stalin, algo de Mao y de Chávez, mucho de Castro y especialmente de Lenin hacen la receta perfecta de un Petro en el poder.

Puedo estar equivocado en mis apreciaciones por ser fruto de una intuición en la que me apoyó cuando de la razón no recibo respuestas que me convenzan de lo contrario. Ojalá mis palabras sean apenas el fruto de la depresión y la angustia y que, como consideran algunos, se iniciará muy pronto una era de prosperidad y libertad. Los indicios hacen esperar lo peor, sin estar ocupando la presidencia son tan graves sus anuncios que han espantado los capitales. Una reforma tributaria de semejante magnitud, un fast track propio de dictadura, una alianza sin tapujos con lo más corrupto y criminal de la clase política son apenas la punta de un iceberg que saldrá a la superficie desde el mismo siete de agosto. Qué el dólar seguirá disparado, no hay duda, que la inflación nos empobrecerá sin medida y que la inversión extranjera estará ausente son algunos de los primeros síntomas de una enfermedad que puede convertirse en terminal si no nos la tomamos en serio.

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Carlos Salas Silva
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