Carta de amor a “Star Wars”

Publicado por: admin el Jue, 19/12/2019 - 11:56
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Por: Carlos Yaya.
Carta de amor a “Star Wars”

Esta es la sexta entrega de un ciclo retrospectivo de la épica espacial más grande de todos los tiempos ¡Star Wars! 

 

La banda compuesta por el joven granjero Luke Skywalker, el maestro Jedi Obi-Wan Kenobi, el contrabandista Han Solo, el wookie Chewbacca y los droides C-3PO y R2-D2, inicia un viaje que, no solo determinará el rescate de la cautiva Princesa Leia Organa en la Estrella de la Muerte, sino el destino de la galaxia entera.

Esta es LA PELÍCULA ORIGINAL de una legendaria saga. Narrativamente sencilla y básica, “Episodio IV” es la base de un universo inmenso, lleno de inolvidable mitología. Por sí sola, es el inicio de una historia muy personal sobre un conflicto gigantesco, cuya resolución final depende de la confianza que tiene un granjero en sí mismo, y quien es todavía ignorante de las casualidades que le están empujando a convertirse en adulto.

Dentro del molde único de las historias universales, Luke es guiado por un viejo maestro para que encuentre su lugar en una confrontación intergalactica que es más grande que todas sus aspiraciones. En este primer contacto con el mundo, Luke debe reconocer que su destino no se encuentra tan ligado a sus ambiciones como él cree, sino a los talentos que posee, que una vez puestos en uso, pueden cambiar el curso de la guerra y posiblemente responder las preguntas que se ha hecho a lo largo de su vida.

El maestro Kenobi le enseña a Luke sobre la Fuerza, ese “algo” que une el universo y determina la vitalidad de los seres vivos. Aprender a canalizar la Fuerza y utilizarla, no es significa tener poderes mágicos que sirven solo para lograr grandes hazañas; es lograr entregarse a confiar en uno mismo.

En su viaje, Luke conoce a sus más importantes aliados: Los droides que son testigos de su historia, R2-D2 y C-3P0; Chewbacca, el perro más grande, felpudo y violento del universo, y su jefe Han Solo, un desinteresado traficante, quien encontrará algo de altruismo en su cínica personalidad; Obi-Wan Kenobi, un persuasivo ancianito cuya misteriosa apariencia carga consigo la historia de la galaxia y una que otra información que servirá para impulsar a Luke en su camino; por último, se encuentra la valiente y terca Princesa Leia, una damisela en peligro quien, de repente, ¡TOMA LAS RIENDAS DE SU PROPIO RESCATE! y que, en vez de descansar después de un largo y riesgoso día, continúa trabajando por el bienestar de la galaxia.

Luke también se enfrenta a su mayor enemigo, el Imperio Galáctico, cuya crueldad separa a nuestro héroe de la seguridad de su hogar hacia una travesía donde tendrá un primer contacto con la presencia más intimidante de su vida, el Señor Oscuro Darth Vader, una sombra detrás de una máscara que, incluso con un respirador artificial, logra llevarse encima a cualquiera que se le interponga.

¿Y qué sería de la caracterización de estos personajes sin el mundo tan particular que habitan?. La galaxia en “Star Wars” es sucia, peligrosa, incivilizada, dominada y definitivamente icónica. Mis recuerdos se encuentran todavía enamorados de espacios como el desértico planeta de Tatooine, todos los recovecos internos o externos de la intimidante Estrella de la Muerte y el condenadamente desordenado pero precioso navío de Han Solo, ¡El Halcón Milenario! Además, gloriosos paisajes pintados en matte resultan ser más realistas que cualquier arsenal de efectos generados en computador. Encima de estas obras, maquetas de tamaño mediano y mamut, impresionan con su bella arquitectura, ya sea como pasillos o como inolvidables naves espaciales.

Auditivamente, “Star Wars” entrega verdadera artesanía en el diseño sonoro ya que cada criatura y máquina lleva consigo sonidos característicos. Desde el “Bep-bep” de R2-D2, el cañón de la Estrella de la Muerte, la ignición de un sable de luz, blásters, hasta la respiración de Darth Vader, “Star Wars” revolucionó la manera de oír un filme, puesto que estos sonidos, mezclados con la magnífica partitura de John Williams, configuran una identidad propia para este clásico. En cuanto a su edición, es toda una clase magistral de cómo se debe manejar la tensión. Aquel que no se quiera arrancar la ropa del suspenso con el asalto final a la Estrella de la Muerte no tiene corazón.

Lo único que tuvo que hacer George Lucas, el creador de “Star Wars”, fue indagar en la estructura genérica de todas los mitos que se han realizado en el mundo y las historias que apreciaba de niño, mediante la obra de Joseph Campbell, “El héroe de las mil caras”, para darse cuenta de los sencillos arquetipos que debía utilizar para caracterizar el viaje de su héroe. Con esta fórmula especial, Lucas llevó a cabo una emocionante obra cuyo legado es todavía inmensurable.

Carlos J. Yaya
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