Crónica de un fracaso anunciado

Publicado por: maria.vargas el Vie, 23/07/2021 - 09:44
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Por: Juan Restrepo.
Crónica de un fracaso anunciado

El manido título de esta columna debería haber tenido una segunda parte: y de un éxito seguro. Pero resultaba demasiado largo para los cánones de un titular. Con el fracaso anunciado me refiero a la versión televisiva de Cien años de soledad que autorizaron los herederos de Gabriel García Márquez. Éxito seguro, en cambio, será la serie de Caracol-Netflix basada en el libro de Dasso Saldívar Viaje a la semilla, que narra los primeros años del Nobel colombiano y su lucha por sacar adelante la obra que lo consagró y le dio fama y dinero.

El asunto viene a cuento por las declaraciones hechas esta semana a la BBC por Ilan Stavans, un intelectual mexicano radicado en Estados Unidos, a propósito de la obra de GGM. Dice el señor Stavans que “Cien años de soledad es una larga telenovela disfrazada de literatura sofisticada”. Sobre la obra de García Márquez hay declaraciones para todos los gustos y ésta podría ser una más, de tantas como se han escrito.

Cien años… ha despertado ese interés desde el primer momento de su publicación. Historia de un deicidio, por ejemplo, fue la tesis doctoral de Mario Vargas Llosa (ahora felizmente reeditada pues su autor la había arrojado a las tinieblas exteriores), en donde el Nobel peruano manifiesta temprana admiración por su colega colombiano, y permite adentrarse en la biografía y en la obra más emblemática de García Márquez.

Luego han seguido innumerables análisis, ensayos, elogiosos estudios o furibundos denuestos en cuanto idioma o ámbito cultural uno pueda imaginarse. Tengo aquí a mano, para citar solo dos ejemplos exóticos, la obra de la japonesa Satoko Tamura Por los caminos de Cien años… o la referencia a Cien años… que encontré recientemente en un libro chino citado en una columna anterior, Bullets and opium, de Liao Yiwu. Y la saga no tiene visos de acabar, como muestran las declaraciones de Ilan Stavans  en estos días. 

Pero lo que me interesó de la definición del escritor y crítico mexicano y hace que me detenga ahora en ella, es que el señor Stavans apunta, sin dar en la diana, sobre una de las claves de la escritura de García Márquez: su temprana fascinación por la radionovela, no por la telenovela.

Dasso Saldívar nos descubre precisamente esa clave en su enjundioso estudio sobre la génesis de Cien años…, cuando narra en Viaje a la semilla, el encuentro que García Márquez tuvo en La Habana con Félix B. Caignet, el padre del culebrón, ese género cultural latinoamericano que triunfó en todo el mundo. Félix B. Caignet, autor de radionovelas que hicieron llorar a varias generaciones de amas de casa del subcontinente americano, fue una de sus admiraciones más secretas y proporcionó en sus comienzos a García Márquez algunos valiosos consejos de creador.

Y no es de extrañar. La radio y la literatura tienen en común la capacidad de excitar la imaginación como no lo puede hacer ningún otro medio. El radioyente de mediados del siglo pasado imaginaba a unos personajes al oír su voz de una manera tan personal e intransferible, como solo lo puede hacer quien se dedica a esa actividad misteriosa e inquietante que es la lectura de una novela. Los personajes de un libro de ficción, como los de una radionovela, por más bien descritos que estén, nunca serán iguales para dos lectores diferentes.

De ahí el fracaso que pronostico a la versión audiovisual de Cien años de soledad. Será un fiasco igual a las anteriores adaptaciones al cine o la televisión de las obras de García Márquez. El escritor lo sabía, por eso se opuso siempre ceder los derechos de su novela emblemática para tal fin. No solo por eso, nadie habla en la vida real como lo hacen los protagonistas de sus obras, y a ver quién es el guionista tan guapo que le enmienda la plana con los diálogos a García Márquez.

Eso sí, sus herederos se llevarán un buen pellizco en dólares. Como sentencia el dicho popular, por la plata baila el perro.