Carlos Salas
Carlos Salas

Desperté y ya no estaba allí

Cuando desperté, el mequetrefe todavía estaba allí… Inicio parodiando el tan citado cuento de Monterroso que por desgracia se cumple en toda su horrorosa realidad en cada despertar siendo un mequetrefe y no un dinosaurio, lo que sería menos grave un animal prehistórico y no el animal este que degrada el hecho de ser animal así sea uno con apariencia humana. Cómo me maravillaría si amaneciese y ya no estuviese ahí, se hubiese desvanecido, se lo tragase la tierra en una noche cualquiera que, para bien mío, suyo, de mis compatriotas, del mundo entero tamaña lacra ya no existiese, aunque fuera porque nunca debió de existir o, por lo menos, no de la manera infame en que ese mismo mundo, esta sociedad de timoratos y ovejunos que hoy lamenta su existencia, le otorgó, inexplicablemente, tanto poder lo que lo hizo transmutar en una forma monstruosa que solo por el poder y nada más que por el poder lo hace creer una especie de dios o demonio que define lo que es lo real y lo que no lo es. Y así ocurre acá como en otros países que se rigen por unas reglas democráticas que rayan lo absurdo, o sino cómo explicar que un tipo cualquiera por llevar de buena o mala manera, con trampa o sin trampa, como les venga en gana en ese juego sucio de la política, una campaña presidencial logrando cautivar a millones de incautos de los que usted y yo somos apenas dos, se instale mutado en emperadorcito y que seamos, nosotros mismos, los incautos caídos del zarzo los que quedamos, inevitablemente, sumidos, prosternados ante ese personajillo que puede ser igual o más insignificante que un don nadie sin poder, o quien sea, que por obra y gracia de una estructura caduca que mantiene su equivoco nombre de democracia que solo sirve para para encumbrar a enanos que sin su pedestal serían ridículos personajes de circo. 

 

Porque sí, sinceramente, sin ambages lo digo ¡sí! Sin duda quisiera de todo corazón que éste quien, con sus ínfulas napoleónicas, pretende destruir para implementar una utopía cósmica, desapareciese, se desmoronase, se hiciese polvo, no existiese más en esta tierra ni en ninguna otra de la galaxia. No se le necesita, nos hace estorbo, nos fastidia. Hablo desde mi sentimiento intimo con la certeza que es el de muchos, el de miles, millones de colombianos. No me atrevo a cuestionarme en cuanto a eso, me mantengo en mis cinco, es mejor que no exista a que exista ocupando un lugar en el espacio como una sucia mancha, porque sería comenzar a sembrar la duda que es el arma fundamental de esos que, como el mequetrefe, con engaños y ardides no son claros en nada, disimulan, tergiversan y hacen que desconfiemos de nosotros mismos, hasta de nuestra cordura. Y cómo no si fue consensuado el que se le subiera al poder como lo establece esa caduca idea de democracia con la que nos han hecho cometer los más graves errores. Qué se le otorgue tanto poder a una persona porque fue elegida y nos hagan creer que hay una división de los poderes públicos y que se cuenta con órganos de control y, para colmo de la desfachatez, que nos repitan a cada momento que los que ocupan curules en el Congreso son quienes representan la voz del pueblo, es denigrante para quienes en pleno siglo XXI somos gobernados como si estuviésemos en la Edad Media y nos veamos inútiles, incapaces de cambiar ese estado atroz de las cosas que de otra manera no toleraríamos, tomaríamos cartas en el asunto y nos revelaríamos sacando a las patadas a quien se atraviese a sacar provecho propio de una posición en la que fue implantado, supuestamente, para beneficio de los otros y no del suyo y de sus amigotes y familiares a los que los llenan de dadivas como si fuese un derecho adquirido por haber sido tan jodidos como para llegar al poder y pretender mantenerse indefinidamente en él como lo demuestra con cada acto, cada declaración altanera que ofende nuestros oídos y nos pone a temblar con la sola idea de que este tipo aparezca en nuestra vida cotidiana presente y futura. 
 

Ni que hablar de unas Fuerzas Militares que se venden con facilidad como bien lo sabe y lo aprovecha el mequetrefe. De toda esta farsa somos las victimas que engendramos y mantenemos al monstruo, a ese dinosaurio que en cada despertar todavía está ahí así nos lamentemos, rasguemos nuestras vestiduras y clamemos al cielo reclamando justicia divina porque la humana no sirve de nada en esta pobre Colombia a la que se le ha negado su derecho al futuro, es decir, al progreso, a salir de un estado de cosas miserable porque no fuimos capaces de impedir la caída al abismo. 

 

Aun así sigo esperando despertar y que el dinosaurio, el mequetrefe, el bandido criminal, el asesino, el terrorista, el mediocre hombre mediocre entre los mediocres, ese mismo que habiendo demostrado ante todos su maldad, su ineptitud, su desvergüenza como persona, como padre, como alcalde, como guardián de las cárceles del pueblo se le haya abierto la puerta, se le haya indultado, se le haya tolerado esto y lo otro, ya no esté ahí lo que llenaría de luz la mañana y me devolvería la fe y la esperanza.

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Carlos Salas
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