El campeón, las provocaciones y el próximo domingo

A pesar de los saboteadores, que empañaron la final con sus acusaciones, por sospechas difundidas, pero no comprobadas, el Deportes Tolima, fiel a su reciente historia con protagonismo, logró el título, con reconocimiento.

Insípida, por la ausencia de público con su calor ambiental, sus gritos, sus cánticos y su estímulos, fue la protocolaria ceremonia de cierre.

Victoria sin el placer del aplauso, no es victoria. Pero el fútbol actual es así.

Atrás quedaron los penales agónicos sancionados, los omitidos, la influencia del VAR y la presión sobre los árbitros, desafiados en su carácter y condicionados en sus decisiones. En ocasiones las manos del VAR son como la mano de un dios, lo que golpea el espíritu del juego.

Fútbol físico el del campeón que, en ausencia de Campaz, por estos días en la selección, contó con una figura predominante en los dos partidos de cierre, Juan Caicedo, jugador con un motor, dos pulmones, tres riñones y un gigante corazón.

Lamento, como penúltimo romántico que soy, que, de estas faenas futboleras, se marcharon las gambetas. Poca estética sobrevive, porque el lema es correr, sumar y medir, por encima de las calidades del juego.

Millonarios solo claudicó al final, porque elogiable es su búsqueda insaciable de los resultados, con su propuesta ofensiva, poco común en el medio, lesionada al final por la falta de su hombre estrella, Cristian Arango, quien sucumbió ante un intempestivo descontrol mental.

Sobrevivió Millonarios a pesar de las lesiones, contagios, interrupciones del torneo y falta de ritmo. Sus futbolistas jóvenes, algunos en pañales, brindaron todo, pero acusaron falta de continuidad por inexperiencia.

Se valora, además de Caicedo, el otoñal entusiasmo de Macalister Silva como guía azul. Y el trabajo de los entrenadores, Torres y Gamero, en ardua, vieja y, en algunos casos, belicosa disputa, ambos ganadores, que reivindican con su trabajo a los técnicos criollos.

Qué bueno sería que a sus conocimientos, Torres sumara cordura, respeto y restara provocaciones e insultos.

El espíritu pendenciero, es tan mortal como el azúcar para la salud. Y no olviden, especialmente en Millonarios, que el fútbol tiene otro domingo.

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