Carlos Salas
Carlos Salas Silva

El emperadorcito

Ponle cuidado… Preste atención

Que le está hablando El emperadorcito.

Ponle cuidado… Preste atención

Que le está hablando El emperadorcito”.

Nelsón y sus estrellas

 

Jajaja, se escuchan las satánicas risotadas de El emperadorcito. “Venid a mí…hay para todos…” jajaja, creí escuchar en la madrugada del viernes pasado al despertar de un sueño que se continuó en mi duermevela en la hora más siniestra, las tres de la mañana, esa es en la que los demonios se deleitan desvelandonos. Luego de haber pasado por La Bruja, El bebé de Rosemary, las conferencias de Barcelona sobre masonería y Lucifer y un largo etcétera de coincidencias que no han parado de desencadenarse a lo largo de estos meses de supuesta incertidumbre política, el sueño se me apareció con una nitidez inusual. Ahí se le veía a él, a El ungido, a El elegido, mientras sonaba el tan pegajoso sonsonete:. “Ponle cuidado…Preste atención que le está hablando El emperadorcito”, expresándose más con gestos que con palabras, como el de su recién estrenada sonrisa con dientes y todo como aconsejaba Mandela a quienes querían aparecer benévolos y simpáticos ante sus seguidores y sus detractores, tan bien seguida por Obama quien no puede abrir más la boca porque no la tiene más grande, para despertar simpatías que tanto se merece porque una sonrisa de esas no la tiene cualquiera, menos el antipático de Trump. Se reserva las palabras y las pocas y muy sabiondas que dice lo hace pausadamente, como un Warholl revivido, sí, el artista pop que hablaba poco y cobraba mucho, sin levantamientos de voz que tanto ofenden los oídos puros de sus admiradores; a todos ellos apenas se les escucha en ese murmullo con el que nos intimidan, especialmente a nosotros, los más beligerantes de sus opositores. No es casualidad, el antiguo maestro masón Roosevelt lo dijo: “En política no hay coincidencias; todo resultado es el fruto de algo planeado”, que Paloma Valencia hable con un tono de voz que no afecte de nuevo los ya sufridos oídos de sus camaradas en el congreso, y con ese mismo tono nos dé un parte de tranquilidad garantizándonos que tendremos una voz que susurre por nosotros desde el 20 de julio cuando se consume el monumental fraude, el milagro de la resurrección colectiva de muertos que se presenció desde las elecciones parlamentarias, pasando por la primera vuelta hasta convertirse en los dos millones de votos con el que El emperadorcito logró hacerse al poder ante la mirada extraviada de Duque quien no cabe en su propio cuerpo con tanta condecoración que recibe acá y allá por haber cumplido lo que Soros y su banda criminal le dictó y que se ejecutó con verdadero apego a lo mandado. Nos quedamos sin oposición y eso es un daño grave a la democracia ¿o no? Acabaron con la polarización luego de hacérnosla ver como el peor mal del país por encima de la industria monstruosa de la cocaína o el de la corrupción por poner tan sólo dos ejemplos entre tantos otros. No es sino ver para creer: el otrora admirado y respetado Uribe acudió juiciosamente al llamado de El emperadorcito y habló, habló y habló, mientras que El emperadorcito escuchó, escuchó y escuchó con una fingida atención que se reflejaban en sus dedos entrelazados de gran estadista salomónico que atiende, desde su inmensa sabiduría, al más odiado de sus contradictores. Claro que viéndolo arrodillado… perdón, muy sentadito a Uribe hable que hable después del silencio tan poco inspirador que mantuvo durante la campaña más vergonzosa de nuestra historia que se caracteriza por ser sucias, hasta donde lo permitía el poco decoro que quedaba, y que terminó desapareciendo en la de este 2022 cuando se formalizó un fraude tan solo comparable en su magnitud y descaro con el perpetrado por El emperador, padre putativo de El emperadorcito, en 2014. ¿Qué esperaba el antiguo líder que asumió la dirección de la oposición durante los ocho años de esa camuflada dictadura de su pupilo en los que hizo lo que le dio la gana, el tal Santos por supuesto, siguiendo el ejemplo, perdón, las instrucciones tan elaboradas previamente por Castro y Chávez? Cuatro años de santificación terminarán este siete de agosto y todos diremos, como ya nos es tan habitual, que después del confinamiento el tiempo no corre sino que vuela. Desde el discurso de posesión ya quedó claro lo que nos esperaba, un largo… pero que pasa raudo cuando el tiempo vuela… paréntesis para acondicionar  la llegada de El ungido. “Ponle cuidado… preste atención que le está hablando El emperadorcito” y dele con el sonsonete con ritmo de salsa que se nos ha quedado tan pegado como pegado se va a quedar El emperadorcito en su trono, luego de que pase la luna de miel, degenerada en orgia. En ella participa Raimundo y todo el mundo, porque de lo que se trata es de vivir sabroso, lema de campaña con el que siguen lo prescrito por El Foro Económico y su Agenda 2030: No tendrás nada y serás feliz acá o en la cochinchina; y la de los masones que, desde la independencia se han mostrado reservados por la prohibición de su antiguo miembro, El libertador, que no se convirtió en El emperadorcito porque para la época no existia la salsa, apenas se bailaban desabridos valses europeos muy a la manera criolla y faltaba mucho para que se fusionaran los ritmos y generaran la explosión de nuevos alegres y movidos como “Ponle cuidado, preste atención…”  He descubierto que esos masones de mandil siguen lo que ordenan los iluminati, con tan sólo hojear los dos libros de Juri Lina, que no dejan de asombrarnos así los hayamos leído una y otra vez, para tener claro que son los iluminati a los que se refieren todas las teorías de conspiraciones que, según constatamos a diario, más que teorías son realidades patentes que se han venido materializando desde 1776 año en que Weishaupt funda su orden, su cartel, su diabólica secta casi cincuenta años después de la creación de la masónica que tanto desastre ha venido causando con sus revoluciones y su odio hacía el cristianismo y su devoción a Lucifer, Satanás, Baphomet o como se le quiera llamar a ya saben ustedes quien. Con solo ver a El emperadorcito podemos dejar de lado cualquier duda: nos llevó el demonio; ya ha conformado su grupúsculo de seguidores que son los Barrera y los Benedetti; los Gaviria y los Char; los de las FARC y los del ELN; los paras y los enemigos de los paras; los corruptos que están en la cárcel y aquellos que han encontrado refugio afuera; los amigos de Piedad y sus enemigos: los Correa, los Lula, los Ortega; y, para no seguir con esta interminable lista, la parejita estrella de Diosdado y Maduro que no podrán venir al aquelarre del siete de agosto pero asistirán en espíritu junto a todos los chamanes, los brujos, los santeros y toda esa caterva de intermediarios entre el reino de la oscuridad en la tierra y el submundo. Y El emperadorcito contará con el beneplácito de los que usurpan el poder en esos países a los que llaman desarrollados tanto en lo económico como en sus niveles de corrupción que los han llevado a poner al mundo al borde de una guerra nuclear mientras se pasean como sus salvadores. Claro que sí, me refiero a un Biden, a un Macron, a un Trudeau, a los de la OTAN que almorzaron frente a las Meninas y disfrutaron de las pinturas negras de Goya. Mientras decidían si Suecia y Finlandia hacían parte de esa mafia, el depravado que se parece tanto al drácula de Coppola,, cogiendo de la cintura a la mujer de su anfitrión: “Venga pa’cá mamacita que nadie nos ve y si nos ven que se mueran de la envidia porque las ganas me hacen salir del guion que me han escrito: levántese, camine, abra la boca, sonría, salude a tal y pascual pero no a los fantasmas, esos que tanto me acechan por las cuentas que tengo por pagar con el inframundo…”. Netflix está en las últimas, ya cumplió su misión, ahora el mundo entero es una versión mejorada de las tantas series con las que nos adoctrinaron para que dócilmente aplaudamos lo que aquellos iluminados ordenan. Ponle cuidado preste atención… porque, durante cuatro, ocho, doce, dieciséis, veinte años, el que le estará hablando es El emperadorcito.

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Carlos Salas Silva
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