Gobernar no es congraciarse

7 Diciembre 2022, 12:52 PM
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Creado Por
Ricardo Felipe Herrera Carrillo
"Esta nueva manera de actuar y de hacer política es nefasta, y viene haciendo, peligrosamente, carrera a nivel nacional, regional y local".

Al hecho absurdo, incluidos varios periodistas y analistas, que justifican que los políticos digan una cosa en campaña y hagan todo lo contrario una vez elegidos, ahora se le suma que está bien visto que los gobernantes en lugar de “ejercer la dirección, la administración y el control de un Estado, ciudad o colectividad”, esto es gobernar, terminen buscando congraciarse con sus electores, es decir, procurando “para uno mismo la benevolencia, el afecto o el favor de alguien”.

Esta nueva manera de actuar y de hacer política es nefasta, y viene haciendo, peligrosamente, carrera a nivel nacional, regional y local. Gracias a ello, es que la contratación de las entidades públicas, puede resultar siendo direccionada por el amiguismo, el pago de favores a terceros y el beneficio propio de quienes las dirigen. Quienes así actúan, lejos están de ser gestores de un cambio y menos de procurar la tan anunciada, pero lejana, paz. 

Ese pliegue moral, tan de moda hoy en la política colombiana, explica porque el gobierno del “cambio” termina aliado con los políticos tradicionales que militan en el descolorido Partido Liberal, el desteñido Partido Conservador y el insípido Partido de la U. También, porque en lugar de cumplirse con la promesa de campaña de respetar la carrera diplomática, se nombran a los amigos y amigas del gobernante de turno y de su familia, sin contar, en la mayoría de los casos, con las calidades y formación para fungir como representantes del país. En algunos casos, incluso, los designados están siendo investigados por hechos graves y, en otros, han sido protagonistas de escándalos, también graves, gracias a su reprochable comportamiento ciudadano.

Como la tarea de gobernar es bien distinta a la de congraciarse, ello explica, igualmente, porque que el gobierno nacional, semana tras semana, hace una serie de anuncios que, en últimas, terminan siendo imposibles de cumplir, pero dejan en el “imaginario colectivo” la errada sensación de estarse cumpliendo con lo anunciado. Esta, es otra nefasta manera del actuar político que viene haciendo usanza y una estrategia de comunicación efectiva pero muy dañina.

Muestra de ello, es la incumplida condonación de las deudas de los estudiantes con el ICETEX. Se prometió en campaña, se anunció iniciado el gobierno, y el mismo ministro Alejandro Gaviria, después de guardar silencio, no tuvo opción distinta que salir a decir que esa condonación no es posible. Igual, se puede decir de la compra de las 3 millones de hectáreas a los ganaderos. El ministro Ocampo, también debió salir al paso para decir que eso no era factible financiarlo con deuda pública (TES) y la ministra Cecilia López, señaló que si alcanzaban a comprar en 4 años 1 millón, eran unos magos.

La cancelación de las labores de exploración y explotación de petróleo y gas, so pretexto de ser autores y gestores de una transición energética, que la verdad sea dicha está prevista y en ejecución desde gobiernos anteriores, es otra falacia más. Como también lo es, la tan anunciada intervención de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) y la reducción de las tarifas de energía. El verdadero problema del costo de la energía, se halla en la Región Caribe, el cual sigue sin resolverse aún.

La cereza del pastel en lo que va corrido de este gobierno son sus incesantes intentos de liberar a los integrantes de la primera línea, quienes no están detenidos por protestar pacíficamente como se procura desinformar, sino por la presunta comisión de delitos. La Rama Judicial ya emitió la primera sentencia condenatoria por tortura en contra Sergio Pastor, Marcela Ivonne Rodríguez Parra, Johan Steven Sainea Rubio y Fernando Urrea Martínez.

Entre tanto, frente al desgobierno institucional, el país sigue sumido y gobernado en las regiones por el narcotráfico, la matanza de líderes sociales y miembros de la fuerza pública, por no mencionar la desatada inseguridad ciudadana.

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