Hombres de Honor: Nunca caídos en la deshonra

Publicado por: maria.vargas el Lun, 25/05/2020 - 15:03
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Por: Alejandro Ramírez
Alejandro Ramírez

En las últimas semanas, se ha vuelto un tema de importancia nacional la denominada Operación “Bastón”. En el último de sus episodios, tal vez uno de los más vergonzosos, el Ministro de la Defensa decidió el retiro del capitán Gerardo Antonio Martínez Calderón, un verdadero “soldado de honor”, quien milagrosamente sobrevivió a una mina antipersona en operativos en el  Nudo del Paramillo, uno de los epicentros  de mayor conflicto en Colombia por los cultivos de uso ilícito y las rutas del narcotráfico que de su geografía se desprenden hacia diferentes zonas del litoral Atlántico. Y como consecuencia de dichos operativos, a los cuales no muchos sobreviven para contarlo, el Capitán Martínez fue amputado en uno de sus miembros inferiores. Un retiro “Discrecional” por supuestamente estar involucrado en escándalos de corrupción. No hubo debido proceso para el Capitán.

Y es que por cuenta de la operación “Bastón”, tanto los comentaristas de radio como los analistas en medios, han vuelto de frecuente utilización el verbo “perfilar”. De manera sorprendente, ha pasado desapercibido para la opinión que no es la primera vez que filtran información de inteligencia al diario “The New York times”, y posteriormente a la revista Semana. Y se escucha al Comandante del Ejército, General Eduardo Zapateiro hablando de “traidores“ dentro de sus filas: ni siquiera el entonces Comandante, General Nicasio Martínez, había llegado a semejante afirmación en el Congreso de la República. 

Los cuestionamientos a la contrainteligencia y los cambios que en ella se buscaron, se remontan a la comandancia del General Martínez, quien había pasado por la Inspección del Ejército. Allí, no eran nuevos los cuestionamientos por el pago irregular de recompensas de la contrainteligencia, especialmente bajo el periodo en que la dirigió el Coronel Martín Arrauth, en el gobierno del Presidente Santos, siendo el Comandante del Ejército el General Alberto José Mejía. Pero en una suerte de pulso, y luego de no haber sido llamado a curso de ascenso el mencionado coronel, ya sin el General Martínez como comandante del Ejército, hoy “vuelven a barajar” la inteligencia del Ejército, con ocasión de  “perfilamientos” en misiones de inteligencia bajo la denominación de “Bastón“.

Lo cierto es que la inteligencia de nuestro ejército cumple más de dos décadas, con una fecha de nacimiento posterior al asesinato del líder Álvaro Gómez Hurtado, y ha producido los resultados más importantes en la ofensiva contra los grupos que desafían la autoridad y el orden público, especialmente contra las FARC. 

Gracias a la inteligencia de nuestro Ejército, los colombianos tuvimos la gloria de la operación Jaque, y tras ella la operación Fénix, la operación Odiseo, la operación Sodoma, que permitieron a nuestro Ejército liberar los secuestrados de las FARC, dar de baja a Raúl Reyes, a Alfonso Cano, al Mono Jojoy respectivamente, en fin. 

Pero también, esa misma inteligencia encontró focos de corrupción en nuestro Ejército y dio cuenta de ello, por lo cual empezó su desmonte, precisamente siendo Comandante del Ejército el General Mejía, año 2015. 

No era la primera vez que el General Mejía atentaba contra una estructura que hallaba irregularidades bajo su mando: lo mismo ocurrió cuando el célebre General Jorge Alberto Segura Manonegra recibió del General Mejía la División de Asalto Aéreo del Ejército Nacional, una capacidad estratégica que cambió la dinámica del conflicto colombiano. El General Segura Manonegra había encontrado en dicha división continuos desfalcos, que no pudieron quedar ocultos  de las visitas de Inspección. Los medios han dejado al descubierto información sobre el presunto hurto de combustible en la aviación, de repuestos, la manipulación de las horas de vuelo y un sinnúmero de inconsistencias cuyas cuentas nunca fenecieron. Como tantos otros, el General Segura Manonegra fue retirado de forma “discrecional”. Demandó por lo injusto de dicho acto, y fue reintegrado. 

Tal como sucedió en la División de Asalto Aéreo del Ejército Nacional, la inteligencia del Ejército Nacional halló actos de corrupción al mayor nivel: Generales en la lista de las coimas de los más temibles delincuentes. Pero todo esto quedó oculto. Una vez en la Comandancia del Ejército, el General Mejía sacó al General Botero de la inteligencia y a valiosos miembros de su equipo que participaron en estos hallazgos. Por primera vez en la historia de la inteligencia, dejó a un Coronel, Martín Arrauth, y allí empieza el capítulo del Ejército conocido como “las carpetas rosadas“: el presidente Santos había pedido abrir carpetas a los generales para asegurar la disciplina de las fuerzas al proceso de paz, y por supuesto, quien no se adscribiera a mantener en la sombra los negocios non-sanctos, era sujeto de una decisión “discrecional”. Son, entre otras, las carpetas que han quedado al descubierto en las misiones especiales de la operación “bastón”. 

El Ejército deberá renunciar al uso de esa temible práctica de llamar a calificar servicios “por sospechas”, y la inteligencia deberá ser restablecida para evitar que verdaderos hombres de honor caigan en la deshonra. Mientras tanto, el General Mejía sigue sin cuestionamiento alguno como embajador en Australia.

Por: Alejandro Ramírez