La correcta gran crisis

Publicado por: maria.vargas el Lun, 27/07/2020 - 12:07
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Por: Carlos Salas.
Carlos Salas

Hace unos meses descubrí en el bosque donde tengo instalados pequeños Budas uno de ellos roto en pedazos y otro sin cabeza, lo que consideré un mal presagio. Hace pocos días, en la terraza de mí taller apareció fracturada, en diagonal y por todo su centro, una pizarra en la que se ve grabada la figura de un hombrecito tomada de los signos masónicos que se encuentran en la Bachué de Rómulo Roso.

La Bachué, a la que me refiero, es una escultura en piedra realizada en París a comienzos del siglo pasado para ocupar el lugar central del pabellón de Colombia en la Feria Iberoamericana de Sevilla de 1929. Por extrañas circunstancias, esta importante obra de arte terminó en Barranquilla rota en diagonal por todo su centro.

Qué era una figura masónica lo vino a revelar el pintor Darío Ortiz en una de las conferencias que se dictaron en el marco de la exposición que le consagró la galería Mundo. En los múltiples ensayos críticos sobre esta pieza ninguno hace mención a los signos masónicos grabados en la piedra –hasta la misma firma de Roso los tiene incorporados-. Se dice que fue encargada por jóvenes políticos colombianos que pertenecían a la logia, entre los que se encontraba Eduardo Santos, tío abuelo del tristemente famoso Juan Manuel Santos. He estado echándole cabeza al papel jugado por el sobrino nieto del que fue presidente entre 1938 y 1942, para llevar al país al estado crítico en el que se encuentra. Se le ha visto, ya sea para criticarlo o exaltarlo, como el que movía los hilos cuando en realidad no ha sido sino una marioneta. ¿De quién? ¿Quién mueve los hilos?

Con la Bachué me han ocurrido múltiples coincidencias –mí amiga Martha me aclara que más que coin-cidencias son Dios-cidencias- que me animan cada vez a indagar un poco más en el misterio que encierra la escultura. Una de esas diosidencias ocurrió recientemente cuando YouTube me llevó a escuchar una entrevista a Alberto Barcená muy reveladora. He leído libros sobre masonería y he escuchado a expertos sin encontrar tan claras respuestas a mis interrogantes como las de este historiador español, del que no tenía previo conocimiento, en las que creo encontrar claves para acceder al laberinto que pueda llevar hacía el titiritero mayor en este oportuno momento.

Comienzo por mencionar la extraña celebración, con motivo de los caídos por el coronavirus, realizada por el gobierno de España que despertó las alarmas en quienes consideran que detrás del poder se encuentran los que mueven los hilos, cuando se hizo evidente que dicha celebración seguís patrones de ciertos ritos masónicos. Un artículo de Ramón Pérez-Maura publicado por ABC dejó al descubierto la simbología en ese remedo de funeral en el que no se hizo la menor mención a los muertos, ni siquiera se mencionó su número y ni soñar los nombres. Otros pocos medios como Hispanidad hablaron del asunto desde este punto de vista a lo que se sumó una entrevista de El Quilombo a Barcená en la que desentraña lo siniestro de ese ritual pagano.

Una pizarra rota y una entrevista escuchada por azar o diosidencia, reviven mí interés por un tema del que intuyo intrincadas tramas de esas que hacen difuso el límite entre la realidad y la ficción.

Remontándonos al siglo pasado, para ser más exactos en septiembre de 1994, se ofreció una cena a la ONU con los embajadores del mundo en la que Rockefeller dijo: “Estamos al borde de una transformación global, todo lo que necesitamos es la correcta gran crisis y las naciones aceptarán El Nuevo Orden Mundial”. Han pasado casi tres décadas en las que se ha estado preparando “la correcta gran crisis” que vivimos desde comienzos de 2020. El magnate masónico alcanzó la venerable edad de 101 años en 2017 cuando pasó a “mejor vida”. Dicen que fue el que transformó a la masonería desde su Gran Logia cuya sede estuvo durante años en el 666 de la Quinta Avenida. Con su “filantropía” logró activar toda una ingeniería social que se ha impuesto en muchos países, entre ellos Colombia. El mundo de los masones es más pequeño que el del resto de los mortales y por ello no debe ser motivo de sorpresa el enterarnos de que Juan Manuel Santos haya sido nombrado en la Junta de la Fundación Rockefeller.

En la labor de reingenievSantisvfue Santos fue un eficaz operario. Nunca antes el país había sufrido una transformación tan radical en creencias y valores como la que sucedió en los ocho años de gobierno de este personaje de tan poca monta y tan bajos instintos que se hizo elegir presidente con sus armas preferidas, la mentira y la traición. Se robó las elecciones para hacerse reelegir y un plebiscito, entregó el país a sus peores enemigos, asesinos, secuestradores, narcotraficantes, terroristas, abusadores sistemáticos de miles de niños campesinos para mencionar unas de tantas acciones causantes del desastre en que se ha encontrado el país por más de medio siglo. Tan eficaz desempeño, a los ojos de Rockefeller y sus socios en materias que van del narcoterrorismo, el lavado de activos hasta el aborto y la ideología de genero, no podía ser sino reconocido con un Premio Nobel, invitaciones a dictar conferencias en las principales universidades y haciéndolo inmensamente rico como para hacer parte de la Junta de la Fundación Rockefeller.

Volviendo a la entrevista de Barcená, llamó poderosamente mi atención el que considere a George Soros como un peón, así como lo oyen, un peón de poderes más altos. En esa escala Santos, Zapatero y otros de los títeres quedan muy por debajo de la cúspide de esa pirámide de poder.

Lo que vemos cómo absurdas teorías de conspiraciones lo estamos viviendo como nunca antes en la historia. El principio masónico de destruir para construir se está aplicando de manera generalizada en occidente abriendo el camino para la implementación del Nuevo Orden Mundial, lo que significa la pérdida de las naciones y su identidvos la imposición de un gobierno y una religión mundial, la destrucción de la familia, la promoción y financiación de los abortos, la peligrosísima ley de eutanasia, la migración indiscriminada con el fin de las fronteras y el activar políticas para reducir significativamente la población cuyo ejemplo claro lo vemos con el coronavirus como laboratorio de prueba. Aunque el insignificante número de muertos por la enfermedad pone en cuestión este señalamiento, no hay que dejar pasar por alto los millones de caídos que dejará la destrucción de las economías de los países pobres.

El ataque en lo político, social y financiero emprendido a través de organizaciones pantalla empezando por la ONU y su OMS, la banca mundial hasta la Open Society de Soros, se ha hecho más agresivo que nunca desde el sorpresivo triunfo de Trump que significó un duro golpe a los planes tan elaborados en la agenda de un Nuevo Orden Mundial. Está agresiva arremetida ha venido dejando al descubierto, a veces de manera intencional y muy descarada, mucho de lo que se mantuvo oculto por siglos desde la fundación de la masonería. Un ejemplo de ello es lo que resalta Barcená: Arrasar con las patrias viene antes de Marx y su unidad proletaria mundial. Hay que tener presente que la masonería ha estado detrás de todas las grandes revoluciones.

Una celebración en España con todo y geometría masónica, un monumento al demonio en Oklahoma, una misa satánica en la Universidad de Harvard, una estrella de cinco puntas en la Plaza de la Revolución en Managua. Una pizarra rota en la terraza de mí taller o cualquier manifestación con símbolos de las que pululan actualmente, pueden ser las claves para desentrañar el misterio que encierra la masonería y con ello sacar a la luz a quienes están detrás de esta “correcta gran crisis” anunciada hace veintiséis años y puesta en práctica con la falsa pandemia que ha justificado medidas que van contra las libertades que tanto ha costado alcanzar en occidente.