Carlos Salas
Carlos Salas Silva

La moneda rota

“Antiguamente cuando entre dos personas habían de conferir negocio grave y secreto, para que ninguno de los dos fuese engañado por tercera persona, partían entre los dos una moneda o alguna otra cosa con ciertas muescas […] que no pudiesen contrahacer; y al tornar a comunicarse sacaba cada uno su pedazo y juntábanlos, de donde se colegía ser persona cierta con quien se podía comunicar el secreto.” Sebastián de Covarrubias

La directora del Festival de Música Sacra de Bogotá, Marianna Piotrowska, me ha invitado a realizar la obra para el afiche de este año cuyo tema es la unión. He decidido proponer una de mis obras circulares pero esta vez separada en dos partes con un corte irregular, como esas monedas rotas que fraccionaban su valor pero que también se convertían en symbolon que, como lo dice Pablo Soler Frost, significa “varias cosas, todas conectadas entre sí, conexión que el uso del mismo término amarra”. En su libro “Adivina, o te devoro” cita al lexicógrafo y criptógrafo del siglo XVI, Sebastían de Covarrubias, donde dice que en el caso de un acuerdo “partían una moneda con ciertas muescas. Cada parte guardaba una pieza, para tener prueba de la identidad del que presentara la otra”. Se ha dado el caso de parejas que, obligadas a separarse por un largo tiempo, siguen ese mismo ritual con el compromiso de volver a unir las dos mitades de la moneda como prueba de su fidelidad.

Lo cierto es que la obra para el afiche ya está realizada y, hace dos años, le marqué una linea irregular de color bronce para su corte. Tenía previsto hacerlo cuando la llevara para ser exhibida en un espacio donde no entraba por la puerta. Se trataba de un ensayo de exposición en una bella casa convertida en joyería que se aplazó indefinidamente por efectos del confinamiento al que nos vimos sometidos. Ahora el motivo no es tan prosaico, por el contrario le añade significado a la obra.

A raíz de esta decisión he vuelto a acudir a la conferencia de François Jullien “L’entre et l’écart” que mencioné hace poco más de un año en uno de mis artículos. Escucharla me ayuda a entender mi interés en el vacío entre las dos partes separadas del círculo. En su brillante exposición, Jullien demuestra como es justo ahí donde se presenta el “dia”, prefijo que significa “a través”, de donde surge el verdadero significado de diálogo como proceso de conocimiento “a través de la palabra” que se da en ese lugar de la brecha, de “l’écart” (palabra que no tiene traducción).

Cuando sigo las campañas en este absurdo proceso electoral, en el que se descalifican unos a otros de manera agresiva, pienso que el lugar del diálogo ha perdido su esencia convirtiéndose en un campo minado donde la mitad de la población, aferrada a sus fanatismos, ataca a la otra mitad y viceversa. Tenemos como ejemplo de ese fenómeno la manera como muchos se han empeñado en centrar sus campañas en despotricar de uno de los candidato, logrando inflarlo como si fuese un globo cuyo único destino es terminar explotando. Esta nueva manera de atacar ha superado a la ya desgastada de despotricar de todo lo que oliera a uribismo.

En esta situación, no se sabe si quien gane las elecciones va a gobernar para esa mitad más uno -o más dos o más tres…- que lo terminará eligiendo, o lo hará para todos los colombianos. Apelando de nuevo a la sensatez, propongo que esa grieta, en la que las tensiones se han hecho tan intensas, sea también el lugar de los encuentros, de los acuerdos, haciendo posible que la fuerza de los argumentos lleven a pensar en el país y sus necesidades impidiendo el resurgir de tristes épocas pasadas donde se mataba por un trapo rojo o uno azul.

Si seguimos como vamos llegaremos a una situación catastrófica de la que difícilmente saldremos ilesos. Están tan equivocados quienes reducen su discurso a que el candidato de la izquierda es un tipo peligroso al que hay que tenerle miedo, como aquellos que argumentan que ser de derecha es ser fascista.

El espacio generado por la rotura es el que debe llamar nuestra atención (pienso en “La Bachué” de Rómulo Rozo que al ser restaurada perdió algo que ya hacía parte de ella, el quiebre que sufrió y que nunca debió ser ocultado), y me lleva a pensar en la necesidad de enfrentar las diferencias que se han radicalizado en este siglo generando una ruptura reflejada en todos nuestros campos de acción desde el político, el del trabajo y estudio hasta el familiar, cuando el interés debería centrarse en sacar nuestro país adelante, contando con tantas riquezas.

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Carlos Salas Silva
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