Carlos Salas
Carlos Salas Silva

La razón de la sinrazón

“¡Vive el Señor, que es verdad cuanto mi amo dice de los encantos deste castillo, pues no es posible vivir una hora con quietud en él!” 

Miguel de Cervantes 

¿Tendrá razón en la sinrazón, que se contagia hasta al lector, cuando lo que es locura se trastoca en razón, la farsa se convierte en realidad y con el engaño se justifican los delirios del Quijote que hasta su escudero Sancho ve cómo sus inalcanzables ambiciones terminan con el poco juicio del que ostenta? Es en un juego de engaños con lo que quien nos gobierna que, aunque muy mequetrefe se pretende Quijote y no llega ni a ser Sancho, no permite vivir ni una hora de quietud en esta venta escenario de acaloradas disputas en la que se ha convertido la pobre Colombia para desgracia de sus habitantes. En épocas de Cervantes se era tan oral como se es ahora cuando los medios escritos se han convertido en medios visuales y orales y, sacándole provecho a ese neo analfabetismo, inyectan más cómodamente sus verdades mezcladas con falsedades de tal manera que nadie sepa distinguir la una de otra. Nos pretenden hacer creer que, por estar en posición privilegiada y supuestamente determinada, lo que dicen es tan veraz como si fuera texto sagrado que ese sí que está lleno de justificadas sinrazones porque lo escrito ahí viene de un plano que va más allá de lo terrenal.  

O entramos en el delirio o nos volvemos tan escépticos que ya no habrá en quien confiar. Eso poco les importa a quienes producen las noticias y emiten sus juicios en periódicos, revistas y noticieros. Si ha sido conquistada una audiencia, emiten con erudita sobradez lo que se espera que se diga, aunque a veces nos tomen de sorpresa algunas posiciones que no concuerdan muy bien con lo que esperamos del medio del que medio confiamos. Un ejemplo reciente que vale la pena mencionar es el de una revista que da mucho que hablar por haberse convertido en la que hace lo que no hace la fiscalía cayendo, como es frecuente en esos casos, en el amarillismo. ¿Quién podría estar de acuerdo con la toma del edificio de Semana, construido con las dadivas del agradecido Santos, por parte de un grupo numeroso de indígenas que fueron traídos a Bogotá para hacer bulto en una teatral manifestación en la principal plaza del país cuyo objetivo no se puede entender a partir de la razón aun cuando lo es tan fácil desde la sinrazón? Se pensaría que nadie, pero, como ocurre leyendo las crueles situaciones a las que se ven sometidos los personajes de la novela de Cervantes, no son pocos los que se regocijan y se desternillan de la risa. 

A Petro se le podría descifrar releyendo El Quijote, lo que he venido a descubrir recientemente al haber tenido el placer de escuchar de la voz de mi hija algunos de sus capítulos que, siendo maravillosamente jocosos, son crueles en demasía, no dejan de causarme inquietud al hacerme notar cierto aire de locura quijotesca que se propaga por toda nuestra geografía. Para justificar los delirios de su señor, Sancho le sigue el juego hasta el momento en el que se los cree más que el Quijote mismo como ocurre con muchos de nuestros compatriotas de todas las condiciones sociales. Tenemos a un mequetrefe que delira sin reposo y no nos deja ni un día de quietud. Con seguridad no son libros de caballería lo que ha llevado a tamaña locura a quien, por su apariencia, podría hacer mas de Sancho que de don Quijote, sino su enfermiza mente alimentada no de lecturas sino de ciertas adicciones. 

Ser el hazmerreír, de todos los de por acá y de algunos por el mundo entero, cuando se tiene inmenso poder, ínsita a los más cobardes y sumisos, aunque ahí quepa de todo, a creer cuanta insensatez salga del mandatario por más mequetrefe que sea. De ahí a que se vuelva la mentira verdad y a que por complacerlo le llegan a creer que es de noche siendo día, quienes conservan algo de cordura comenzarán a ser considerados locos, no queda sino un paso.  

Imposible defender a los medios quienes, a punta de ser inconsecuentes, poca confianza despiertan comenzando por los viejos periódicos que tanto daño han hecho al país montando mediocres marionetas y tumbando a otras. Y menos a los que son tan poco consecuentes que como atacan, con indiscutibles razones, al corrupto Petro y familia, defienden al corrupto Biden y familia, o a aquellos que se las dan de libertarios y aplauden a la ONU en su defensa de un criminal como Alex Saab con el pretexto de ser justos con una justicia injusta. 

Mientras sea un chiflado el que gobierne no cabe esperar algo distinto de lo que presenciamos y padecemos a diario. Nuestro mequetrefe se suma a otros muy instalados en el poder por todos los rincones del planeta cuya lista es grande haciendo a éste, nuestro mundo, un mundo de locos.

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Carlos Salas Silva
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