La valija vacía de la democracia

Publicado por: maria.vargas el Vie, 30/10/2020 - 10:06
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Por: Luis Pérez.
Luis Pérez

a Democracia ofrece la oportunidad de ser libres, vivir felices y luchar por la igualdad. Política sin democracia no es posible, porque sacar al pueblo de la política, es asesinar la política. Y matar la política, es esclavizar a la sociedad de intereses personales, o someterse al poder aplastante de los grandes capitales, o caer en la desgracia colectiva de un régimen dictatorial y autoritario.

En los últimos 200 años, la democracia se mueve entre dos fuerzas contrarias y enemigas. Una ola que la vuelve vigorosa y floreciente; y la ola inversa de la democracia, que tratan de ahogarla.

A partir de 1975 nacieron el 72% de las democracias del mundo, y se llamó la tercera ola de la democratización. Mucha cobertura, pero poca calidad democrática.

La democracia está marcada por una crisis de credibilidad. Hay una fractura entre ciudadanía, gobierno y política. El mundo necesita una reflexión autocrítica sobre la calidad de la democracia. Superar las viejas pobrezas que aún persisten, y ganarle la batalla a las neo pobrezas y neo discriminaciones que crea el mercado como son la tecnología, el internet y los espacios públicos digitales.

Urge rejuvenecer la democracia. Democracia parece una palabra sagrada que nadie se atreve a controvertir. Pero para hacerla cada día superior y para que no la devoren sus enemigos, hay que examinarla si cumple o no con sus propósitos sociales. El que no es autocrítico nunca gana la guerra. Aún a riesgo de ser censurado, todo buen ciudadano debe ser exigente con los logros de la democracia.

La democracia es la valija en la que la gente deposita sus sueños, sus esperanzas, sus aspiraciones. La buena política tiene que estar cerca al ciudadano; andar detrás de la gente, buscarlos, conocer sus aspiraciones y las ilusiones que les hacen palpitar el corazón. Los gobernantes deberían buscar también a los informales y a los ilegales para que ingresen a la legalidad y a la institucionalidad. Es más democrático y más económico educar a un joven que perseguirlo o castigarlo por dejarlo caer en la ilegalidad.

La Democracia debe ser una valija llena de realizaciones en favor de la gente. No obstante, la democracia se ve lánguida y enferma. La valija de la democracia no puede ser una valija vacía, ni tampoco una pesada maleta llena de abalorios inservibles, dañinos y odiosos.  Y mucho menos puede ser una maleta vieja llena de resultados perversos contra los que la eligieron. La valija de la democracia guarda derechos populares incumplidos. Robos de esperanzas. Pobreza en carne.