La violencia no se acaba con más violencia

Publicado por: maria.vargas el Lun, 10/05/2021 - 14:15
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Por: Mafe Vargas Rueda.
La violencia ya no puede ser más indiferente

Soy Mafe Vargas Rueda, periodista de Kienyke.com y líder de la sección de Deportes. Tengo este espacio para dar mi opinión; no como trabajadora, sino como una ciudadana que a través de las redes ha expresado lo que siente y lo que vive, pero que hoy también lo hace desde este canal.

Hace días vi la frase "Que lo injusto no me sea indiferente" en redes sociales. Uno de los versos de la canción Solo le pido a Dios de Mercedes Sosa y León Gieco que describe quizá lo que sucede en Colombia en los últimos días tras el paro nacional del 28 de abril.

La injusticia al igual que la violencia no es un estallido social reciente. Han sido más de 50 años de opiniones, víctimas y políticas poco flexibles que no encontraron una solución a las problemáticas que ha padecido el país, sumado a un origen que ha desencandenado parte de esta indignación: la corrupción.

Cada generación de Colombia ha vivido la violencia desde el campo o en las ciudades. Todos somos hijos e hijas o familiares de víctimas de secuestros, desplazamientos, desaparaciones, carro bombas, asesinatos, feminicidios, poco acceso a la educación y salud, entre otros que marcaron sus vidas y que hoy reclaman justicia y no repetición.

Hemos visto que la violencia no se acaba con más violencia, porque solo deja más víctimas, más injusticia sobre para quiénes valen más o no los derechos que tenemos todos por ser colombianos. Hay más víctimas y con ello personas que quieren hacer su propia justicia, pero que da lugar a la figura paramilitar y con ello pone en la mesa de debate el uso de armas en el país. Otra problemática que no puede pasar desapercibida. 

La violencia no se acaba con más violencia. La violencia que hoy pasa entre los mismos ciudadanos se acaba con un espacio de diálogo y verdadera escucha. Ir a los territorios y no solo creer que Colombia son las ciudades, cuando hay municipios, pueblos y veredas que también quieren ser escuchados y tener garantías de vivir tranquilos y con dignidad.

Colombia es un país de múltiples problemáticas y que sin duda muchas de ellas deberán tener otras soluciones diferentes al diálogo, como una buena educación o eficiencia en el trabajo de las instituciones que garantizan derechos. Pero lo que hoy sucede en ciudades como en Cali sí debe encaminarse al diálogo transparente, respetuoso y con garantías que no habrá represalías violentas.

Aquí hay una oportunidad de cambiar ese pasado violento al escuchar a todos los actores que se han sumado a las manifestaciones y paro nacional. Cada uno quiere decir algo que no había podido decir antes. Cada persona quiere ser escuchada sin tener un silencio como respuesta o un abuso de fuerza policial.

La oportunidad del cambio está al frente y no se debe desperdiciar ese momento que muchos han logrado como lo son los estudiantes, campesinos, trabajadores independientes, afrodescendientes, mujeres, comunidades indígenas, comunidad LGBTI, personal de la salud, entre otros que quieren un cambio para todos. 

Amar a Colombia es entender que la violencia no es el camino, ni el destino de un país.  

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