Las balas y el fútbol

Publicado por: maria.vargas el Dom, 16/05/2021 - 09:49
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Por: Esteban Jaramillo Osorio.
Las balas y el fútbol

Que las balas tronaban en las calles y, al tiempo, rodaba la pelota en los estadios colombianos, decían los periodistas argentinos, con gestos adustos y discursos melindrosos, teñidos de falsa solidaridad. 

Muchos de ellos transmitían desde el solaz del hogar y no en el campo de batalla, confundiendo bombas de estruendo con tanques de guerra. Para hacerlo se necesita valor. 

“Lloraban los futbolistas, mientras jugaban.” 

Se referían a los partidos de Copa Libertadores, desafío provocador a la pandemia y al pueblo en estado de indignación, con la indiferencia oficial, que vio normal la simultaneidad del juego y la barbarie.

Cómo entender la obstinación de la autoridad oficial y sus voceros, y bajo qué intereses ocultos se mueven, dándole vía libre al viaje de la pelota por el césped, con su entorno enrarecido.

Entre tanto los dirigentes, con sermones mordaces, amenazan con serias consecuencias si Colombia rechaza la realización de la copa América. “Se hace, o se hace”, aseguran, dictatoriales y no persuasivos. 

Insolidarios le dan la espalda a la realidad nacional, al drama sanitario, laboral, económico y político, que tiene como consecuencia el descrédito, la desconfianza y el rechazo general.  Tampoco ven como prioridad recomendable el retorno de la liga local, paralizada hace días. 

Miopía interesada en maquillar una crisis. 

Cuando Colombia renunció al mundial del 86, no hubo escuelas, hospitales, ni vías para impulsar el motor económico del país, como lo prometieron los políticos para justificar la decisión. En contraste, cuatro años después, Nacional fue campeón de la Copa Libertadores y, tras 28 años, Colombia regresó al mundial.

Pero el negocio redondo de la redonda, no tiene pie atrás, ni vergüenza, ni escrúpulos, ni solidaridad.

No se trata de atacar el fútbol, o menospreciarlo. Es entender de prioridades, de sacrificios y riesgos. Ya habrá oportunidad de repetir un torneo de lujo, como aquel que coronó a Colombia en 2001, pese a la desconfianza que llegaba del exterior.

Es ver con claridad, los peligros que acechan. Es pensar en la salud del pueblo y en valorar su espontaneidad al protestar.

¿En que estamos, pues? 

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