Liderar con ejemplo y empatía

Publicado por: maria.vargas el Mié, 08/07/2020 - 09:31
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Por: Daniel Quiroga.
Daniel Quiroga

Los tiempos de crisis, llenos de incertidumbre y cambio constante, nos demuestran la importancia del buen liderazgo. La pandemia del COVID-19 no ha sido la excepción y ha puesto a prueba a los líderes empresariales y políticos de todo el mundo que han tenido que enfrentar una situación sin precedentes. 

Se habla mucho de las cualidades que debe tener un buen líder, también hay una discusión eterna alrededor si un líder nace o se hace. En estas discusiones, siempre destacamos los atributos individuales como el carisma, la confianza o el autoconocimiento, entre otras, sin embargo, no se habla mucho sobre las cualidades colectivas que debe tener un buen líder.

Oye uno permanentemente que el liderazgo depende de nuestros atributos y olvidamos entender a los demás, inspirar a otros a tomar acciones más allá de sus capacidades, guiándolos en tomar mejores decisiones, pero también impulsándolos a dar todo de ellos. El líder brilla cuando lo hace su equipo, no opacando a los demás, el líder es líder siempre y cuando guíe con ejemplo y empatía. 

La mayoría de los seres humanos no se detienen a pensar si son empáticos, menos lo hacen los líderes incluyendo a diferentes dirigentes que lo dan por hecho y creen tener la última palabra. No obstante, liderar con empatía es mucho más que ponerse en los zapatos del otro, es ser capaz de caminar en ellos. 

La empatía es la capacidad de comprender las emociones de otra persona en casi toda su complejidad. Esto no significa que debemos compartir las mismas opiniones o la forma en cómo se percibe el mundo. La empatía se trata de entender al otro, es escuchar de forma activa, comprender y apoyar emocionalmente, especialmente en estos momentos de pandemia cuando la salud mental también está en juego. 

Los líderes de las empresas deben caminar en los zapatos de sus empleados. No se pueden quedar con ese pensamiento erróneo y anticuado de que los problemas personales se quedan en casa y no entran a la oficina, mucho menos en estos momentos en los que para muchos nuestras oficinas se han convertido en parte de nuestra casa. Por este motivo un buen líder conoce a su equipo, conversa con él y conoce lo que está viviendo.  

Por su parte, las autoridades nacionales y locales deben caminar en los zapatos de los ciudadanos. Cuando lo hagan, seguramente se encontrarán con que estos están más gastados que los propios. También se darán cuenta que la crisis sanitaria y económica demanda tener en cuenta distintas perspectivas y comprender cómo impactarán las decisiones de política pública en la vida de las personas.

Si bien la empatía es una característica fundamental para ser un buen líder, esta necesita acciones que demuestren que comprendemos cómo se sienten los demás. Liderar con ejemplo no significa pedir, sino hacer. Significa ser coherente y consecuente con el discurso. Esta coherencia debe ser constante y expresada en acciones concretas todos los días. Debemos estar dispuestos a hacer todo lo que le pedimos a los demás que hagan. Las personas que predican con el ejemplo son las que influyen e inspirar a los demás. 

Las empresas nos han demostrado el gran impacto que tiene liderar con las acciones durante esta pandemia. Varias de ellas tomaron la difícil decisión de hacer reducciones salariales, sin embargo, los primeros en adoptar esta medida fueron los altos cargos de las compañías, quienes demostraron que no le estaban pidiendo a los empleados algo que ellos no estuvieran dispuestos a hacer. 

Otro ejemplo fue la Primera Ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, quien fue de las primeras en anunciar que todos los miembros del gobierno neozelandés se bajarían el sueldo un 20% durante seis meses. Además, Jacinda Ardern mostraba a los ciudadanos cómo ella y su hija vivían el aislamiento desde sus casas y haciendo teletrabajo como cualquier otra persona. Estos son ejemplos de líderes con empatía y que inspiran a otros por medio de las acciones.  

Por otro lado, hemos presenciado casos de autoridades nacionales que no entienden la importancia de ser consecuente entre lo que se dice y lo que se hace. Durante varios meses se nos ha exigidos a los ciudadanos limitar por completo nuestra vida social, aislarnos de nuestros seres queridos y quedarnos en casa. Muchos lo hemos aceptado porque comprendemos que las circunstancias lo demandan. Sin embargo, indigna profundamente que una autoridad nacional como el Fiscal General “la segunda autoridad de la nación” cómo el permanentemente lo recalca pase todo el fin de semana en San Andrés. Es importante que los funcionarios públicos gobiernen desde el territorio eso no lo dudo ¿pero necesitaba 3 días de visita oficial con la familia para hacerlo?

Más allá de lo legal, es inmoral y poco empático con la situación que afrontan millones de colombianos, incluso con los isleños. Desplazarse al archipiélago que tiene un precario sistema de salud implicaba poner en riesgo a sus habitantes de un posible contagio partiendo que tenían el virus prácticamente erradicado. Sin embargo, después de la visita se identificó que el comandante de la policía y otros miembros de la fuerza pública dieron positivo. 

Cómo última anotación, ojalá que, en la visita a la isla, hubieran revisado los proyectos que aparentemente violan las normas urbanísticas y entendido de dónde salieron los permisos sin importar quienes sean los socios. Eso daría un mensaje de liderar con ejemplo dónde la justicia es igual para todos. El Fiscal Barbosa apeló a la empatía de los colombianos al decir que “primero es padre y luego fiscal” cosa que es muy cierta, pero no es excusa para no liderar con ejemplo en medio de una pandemia, al contrario, fue irresponsable llevar a su familia. Ni la explicación ni su soberbia generan empatía. 

Los tiempos de crisis demandan lideres empáticos, conectados con el contexto de las personas y capaces de dar ejemplo. No basta con dar discursos y predicar lo que se debería hacer, es necesario caminar un buen rato en los zapatos de los demás para después arremangarse la camisa y actuar de tal forma que seamos capaces de inspirar a otros.