El tejido empresarial ha sufrido grandes pérdidas desde que empezó la pandemia del covid-19. Muchos comerciantes se vieron obligados a detener su producción debido a las bajas ventas ocasionadas por la crisis sanitaria, y asimismo, los locales que no cerraron fueron golpeados económicamente. Por lo tanto, a un año de estar luchando por balancear la crisis económica y social en el país, todavía el comercio sigue lidiando por recuperarse en medio de este flagelo.
Según el DANE, el PIB (Producto Interno Bruto) de Colombia cayó un 6,8% en 2020 por las afectaciones de la pandemia, y durante marzo de 2021, la Bitácora Económica aseguró que los resultados de la ‘encuesta opinión’ que realizan mensualmente, el comercio tuvo una significativa recuperación donde el 49% de los comerciantes, afirmaron que sus ventas expresadas en cantidades físicas aumentaron. Sin embargo, el presidente de la Federación Nacional de Comerciantes, Jaime Alberto Cabal, sostuvo que el Paro Nacional ha dejado pérdidas por $880.000 millones de pesos durante las últimas semanas, a causa de los recientes actos de vandalismo en medio de las protestas sociales en algunas zonas del país.
Dicho lo anterior, es insólito permitir que personas inescrupulosas, quienes abusan de las marchas pacíficas, detengan y condicionen el progreso y el desarrollo económico del país, pues son muchos los locales y empresas que siguen tratando de recuperarse desde el año pasado. Sé a ciencia cierta, qué es difícil reconocer las dos caras de la moneda: cuando el pueblo colombiano sale a manifestarse pacíficamente y alzar su voz para reclamar sus derechos y, la otra cara, que en medio de dichas marchas, están los que se aprovechan para cometer sus fechorías y dañar la razón principal del derecho fundamental de la protesta social.
Los colombianos estamos cansados de la violencia, de los saqueos, de los abusos que, en el marco de las protestas, han hecho trizas negocios y empresas que con esfuerzo y sacrificio le han brindado lo mejor de sí al país. Estoy de acuerdo con las protestas, pero pacíficamente, y me opongo a todo acto vandálico que quiera acabar con el comercio y con la reactivación económica. No podemos naturalizar la violencia y la crisis institucional por la que estamos pasando, y por eso, trabajar por la unión nacional buscando las alternativas para solucionar esta situación, es esencial.
Durante las protestas han sido innumerables los negocios saqueados. Los comerciantes sufren los estragos de los desmanes en ciudades como en Bogotá, Medellín, Santa Marta, Valledupar, Barranquilla, Bucaramanga, Pereira, Ciénega, Cali, entre otras; tristemente, estamos acabando con el progreso del comercio que es un pilar fundamental para la economía del país y para los ingresos de miles de familias.
Mi solidaridad con los emprendedores, con las microempresas y grandes empresas que con dedicación y trabajo digno han contribuido a la economía del país y a generar empleo. De esta manera, todo bloqueo, desabastecimiento, violencia, saqueo, vandalismo, debe cesar para restablecer el orden en medio de la crisis sanitaria, económica y social a causa de la pandemia.
“Urge un llamado a la reflexión, a la unión nacional, a la solidaridad y al diálogo, aquel instrumento que construye paz y proporciona vida”.
