Diego García Bejarano

Ingeniero ambiental sanitario. Especialista en gerencia de recursos  naturales y magister en gobierno y políticas públicas. Fui director de Arborizacion Urbana en el Jardín Botánico, director de Ambiente y ruralidad en Secretaría de Planeación Distrital, concejal de Bogota, director de la Región Administrativa Planeación Especial. Guía profesional de turismo, profesor universitario. Co creador del programa BiciRegion y la ruta turística de la leyenda del Dorado. Asesor de turismo de naturaleza.

Diego García Bejarano.

Mompós, Rincón del Mar, Galera Zamba, Barú y el río Magdalena.

Lo que es para México “Pedro Páramo”, para Argentina “Martín Fierro”, para Bolivia “Raza de Bronce”, para Guatemala “el Señor Presidente”, es para Colombia “Cien años de soledad”. Esta, nuestra obra maestra, posee algo a diferencia de las demás obras literarias, guarda un lugar en la realidad actual: Mompós.

Por alguna razón extraña, dejé sin leer varios meses, las últimas páginas del libro Cien años de soledad. Y por grata coincidencia, elegí el mejor lugar para hacerlo: Mompós. He de volver a este sitio sacado de los parajes de Gabriel García Márquez. He de volver a leer de nuevo sus obras, porque las calles, casonas, olores y colores te evoca las épocas de Úrsula y cada personaje asociado a los Buendía. 

Imaginé un pequeño barco a vapor, que llevara turistas desde Cartagena, y recreara pasajes de cualquiera de las obras de GABO. Ojalá la próxima vez, se pueda encontrar en fina filigrana, los peces que recuerdan al coronel Aureliano y entender que el mundo entero iría a Mompós atraído principalmente, por los lugares inspiradores de nuestro Nobel. 

La campaña libertadora es otro atractivo de talla mundial. Desde esta isla del Magdalena, se daba el control de las rutas fluviales para acceder al interior del país y de esta manera asegurar las operaciones militares. También podría darse en ese barco a vapor imaginado, una puesta en escena de los tiempos de la guerra independista, con narrativas de la patria naciente y en honor a sus vidas sacrificadas. Considero que no hay otro lugar en Colombia, con tanta oportunidad de historia, cultura, arte y música, que permita disfrutar al viajero navegar por las aguas del Magdalena entre Mompós y Cartagena.

Hay un secreto a gritos si vas a Mompós. La casa de Doña Ada, que prepara el mejor dulce de limón, con más de 100 años de tradición. 

Saliendo del realismo mágico, subimos al norte a Rincón del Mar, en Sucre, a hospedarnos en el hotel “dos aguas”, un lugar donde al fondo encuentras manglar y al frente el mar. Espectacular. Todas las casas en este sitio, salen a la playa desde la sala y su población es demasiado amable. A mi parecer, Rincón del Mar, está en la línea delgada de ser un lugar organizado con turismo sostenible, a ser un destino masivo y agreste. Todo por hacer allá. 

Luego seguimos por carretera a Cartagena, aprovechando sus noches estrelladas, tomando un bote por su bahía, caminando por Getsemaní. Siempre será un deleite la heroica.

Visitamos GaleraZamba, el lugar del mar rosado, que solo lo encuentras los meses de febrero y marzo. Este fenómeno natural, depende del agua dulce que por lluvia le caiga y la presencia temporal del alga microscópica llamada Dunaliella salina. Grandes “piscinas” que han sido formadas para extraer la sal marina, son su atractivo principal. 

Hablamos con Pedro, el representante de la asociación Afro turística. Sus habitantes cercanos están jugados con el ecoturismo, apropiados del territorio, conocedores de su historia, amables y con todas las ganas. Es un potencial lugar para diseñar diferentes productos turísticos de naturaleza, ya que por su condición estacional, las fluctuaciones son significativas, cambiando la demanda turística a lo largo del año. Razón por la cual, los eventos de MTB, galerías del mar, festivales musicales, serían su oportunidad permanente. 

Finalmente fuimos a Barú. Con todas las prevenciones de quienes han ido, alusivas al hecho que te pueden estafar, que no contactes los muchachos de las motos, que ojo lo que preguntas, y otras cosas. Ante tanta agobiante advertencia, nos perdimos por evitar preguntar, y al final, con buenas orientaciones, nos encontramos con la hermosa playa blanca y su mar verdoso. Muchas playas por visitar, pero nuestro propósito era uno solo: el plancton y su bioluminiscencia. 

Lo qué pasó esa noche fue único. Las lágrimas se escurrieron. Todos gritábamos de la emoción. El agua se iluminaba al tacto con cada movimiento que hacíamos. El cielo estrellado lo teníamos en el agua. La interacción química liberaba energía en forma de luz, que al observar, fue para unos un verde fluorescente, y para otros, azul incandescente. Sencillamente sublime.

Ver este fenómeno al menos una vez en la vida, es como pisar la nieve antes que siga desapareciendo. 

Posdata. Colombia tiene la mejor vertiente fluvial con su gran río Magdalena. Toda una oportunidad de transporte de carga por nuestro río. De seguro el negocio de las carreteras con sus concesiones demoren este progreso, o la resistencia del no tocar un río por los riesgos ecológicos. En todo caso, es nuestra real oportunidad natural para volver al río más importante de sur a norte que posee toda Colombia.

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Diego García Bejarano.
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