Antonio González Hincapié
Antonio González Hincapié

Notas sobre 'Sound of Freedom'

Sound of Freedom es una película de masas, es una película que no busca ser una gran obra maestra y no busca que se le considere de un gran valor artístico (sea lo que sea eso) pero es sin duda una película que logra lo que se propone: expone una realidad oculta, de la que es necesario hablar y tomar acciones pero además emociona y entretiene. Con su llegada las salas de cine se volvieron a llenar. Ha pasado un poco más de un mes desde el estreno de Barbie y Oppenheimer y los números de las taquillas siguen siendo impresionantes. El caso de Sound of Freedom es muy particular, la película se rodó hace 5 años pero no se pudo estrenar por diversos problemas que se encontró en el camino. Pero fue eso mismo lo que la puso en boca de todos y le dio el éxito en las salas. La película no tiene nada que la haga especialmente llamativa, o por lo menos, no al nivel que ha alcanzado. No tiene grandes nombres en su reparto, su director no es muy conocido, y la historia, a priori, no parece destinada para grandes audiencias. A pesar de todo esto y después de años de batallar contra viento y marea, la película se pudo estrenar pero antes de su estreno y gracias a ciertas controversias de teorías conspirativas la gente empezó a compartir la historia de la película en redes sociales lo que hizo que muchísima gente se interesara y fue esta especie de boca a boca lo que hizo que Sound of Freedom superara en taquilla a películas como Indiana Jones y El Dial del Destino y la última entrega de Misión Imposible, convirtiéndose así en la película “indie” más taquillera desde Parasite.

Después de rescatar a un niño víctima de tráfico de menores y al enterarse de que su hermana aún estaba secuestrada, el agente federal Tim Ballard lleva a cabo varias misiones para encontrarla. Bajo esta premisa, la película deja al descubierto las redes de secuestro, tráfico, y abuso de menores que hay en todo el continente. Es un problema real y muy serio del que no se habla mucho y que casi no se ha visto representado en el cine y eso es tal vez lo más interesante que tiene la película. Porque aparte de ser una historia que merece y necesita ser contada no hay casi ningún otro aspecto en el que sobresalga. Está claro que lo que se buscaba no era hacer cine de autor ni explorar terrenos desconocidos del lenguaje fílmico, sino más bien apuntar a crear un espectáculo destinado a grandes audiencias y esto se cumple usando técnicas que, está comprobado, atraen al espectador y lo entretienen.

Cualquier persona que se haya interesado mínimamente por la teoría del guión conocerá o habrá oído hablar del “viaje del héroe” que no es más que el término que le dio el mitólogo estadounidense Joseph Campbell a la estructura que, según él, siguen la mayoría de mitos y por ende la mayoría de historias que contamos. Al ser esta una estructura narrativa tan popular, está comprobado que nos es inconscientemente familiar y por ende nos genera un cierto placer o satisfacción y Sound of Freedom sigue al pie de la letra los doce pasos del viaje del héroe convirtiendo a nuestro protagonista en un héroe absoluto. Se nos presenta a Ballard en su mundo ordinario en donde (en términos de Campbell) recibe la llamada a la aventura que lo hace adentrarse en un terreno desconocido en el cual sorteará una serie de dificultades con ayuda de un amigo o mentor, después de un gran acontecimiento entenderá que su lucha aún no ha terminado e irá a la batalla final en busca de su recompensa, sale victorioso de esta batalla y ahora ya está listo para volver al mundo ordinario. Los hechos reales de la vida de Tim Ballard ya son de por sí heroicos y muy probablemente siguieron un orden parecido al del viaje del héroe en la realidad así que en cuanto a estructura la película no es innovadora y de hecho se ciñe tanto a la estructura convencional que a veces se siente casi que forzada y plástica.

Pero no es sólo la narración la que se siente así, visualmente la película también sigue los cánones ya muy conocidos del thriller y del cine de acción. Hay imagenes que podrian ser muy potentes pero el problema está en que todas las imágenes intentan serlo y después de cuatro planos seguidos muy contrastados, con luces fuertes, y a contraluz el efecto de esa potencia, que podría tener cada imagen aislada, se pierde y una vez más todo se siente empastado y poco natural. Por lo demás, la planificación de las escenas es bastante convencional, se usan planos que de alguna manera son simples y bien conocidos por todos los espectadores sobre todo en la era de consumo masivo de imágenes en la que vivimos. Las escenas empiezan con planos más abiertos para situar al espectador y a medida que se desarrollan las conversaciones y la tensión interna de cada momento va creciendo los planos se cierran sobre los personajes para acercarnos y adentrarnos a lo que está pasando. Esto hace que el espectador de alguna manera deje de pensar en el lenguaje visual de la película y se centre en el lenguaje literal de lo que está siendo contado. Esto es una vez más una herramienta muy usada en el cine de masas; en el cine que apela a grandes audiencias. Es tal vez por esto que por momentos me sentía viendo una película de Fast and Furious y no una película independiente del tráfico de menores.

Normalmente cuando vemos una película no pensamos mucho en lo que vemos y nos dejamos llevar por los actores y por la historia, pero nada de lo que se ve en la pantalla o se oye por los altavoces es fortuito, todo pasa porque alguien quiso que pasara y tomó una serie de decisiones conscientes para ello. La dirección artística, escenografía, diseño de decorados o como se le quiera llamar es también algo que merece ser analizado. En el caso de esta película creo que la dirección artística tiene algunos momentos muy buenos pero otros muy malos. Casi que hay un patrón que se repite durante toda la película y es que los exteriores están muy bien ambientados y decorados y los interiores casi siempre se sienten acartonados y no se entiende muy bien el lugar que se quería crear. Las calles de Cartagena, la selva, el campamento guerrillero y el peaje de la frontera entre Estados Unidos y México se ven muy bien y están muy bien retratados, pero los bares, las oficinas, el aeropuerto y los apartamentos no se sienten reales y da la sensación de que todo está acomodado por alguien (que aunque lo esté, al hacer cine lo que se busca casi siempre es que no se note y todo parezca lo más real posible). Lo mismo pasa con el sonido. Por poner un ejemplo, hay una escena que transcurre en un bar en Cartagena durante la noche pero el lugar se ve como una mezcla entre La Habana, Miami y Venecia. El protagonista, bien presentado, se sienta en una mesa con un hombre al que acaba de conocer y este le dice que está en Cartagena, que se relaje un poco que esta es una ciudad de fiesta (o algo por esas líneas). Pero aunque vemos que todas las mesas del lugar están llenas no se oye ninguna otra voz aparte de las de ellos dos pero además, uno de ellos acaba de decir que esta es una ciudad de fiesta mientras le daba un sorbo a su vaso de whiskey y la música que acompaña al diálogo es una tenue melodía de piano al ritmo de “Los caminos de la vida”. Una vez más, la película está creando imágenes que sean fáciles de leer y estas muchas veces resultan simples y clichés.

La película es muy literal en todo momento. Los diálogos nos cuentan todo lo que está pasando y lo que va a pasar olvidando tal vez que hay otros recursos visuales y narrativos que pueden ser útiles o que a veces es mejor no contar todo porque el espectador igual lo iba a deducir. Como espectador valoro más cuando me dejan pensar y sacar mis propias conclusiones o especulaciones y no cuando me lo dan todo desgranado, listo y arreglado. Creo también que la película es bastante efectista, dejan muy claro lo que quieren que sientas y en qué momento quieres que lo sientas. Hay frases que no diría una persona normalmente y se sienten forzadas pero igual son dichas ya que tienen algo de inspiracionales y emocionantes. No hay manera más fácil y efectiva de apelar a la emoción de una persona que mostrando a un niño triste o en peligro y la película está llena de esto, es por eso mismo que creo que haber sido menos literal y haber tratado menos de generar situaciones emotivas hubiera sido mejor ya que por la naturaleza misma de los hecho nos íbamos a emocionar como espectadores.

Aunque puede no parecerlo después de haber leído los párrafos anteriores, esta es una película que recomiendo ver. Tal vez no recomiendo verla prestando mucha atención a los detalles pero creo que es una historia que todos deberíamos conocer. Al terminar la película, cuando se prendieron las luces de la sala, fueron muchas las personas que aplaudieron y muchas de ellas estaban también llorando. Esto es un muy buen indicador y me hace pensar que tal vez el problema fue la forma en la que me enfrente a la película, pensando más en sus aspectos técnicos y artísticos que realmente en lo que tenía para contarme. De nuevo me alegra ver las salas llenas y de nuevo quiero invitar a todo el mundo a ir al cine, no esperen a que la película llegue a alguna plataforma porque siguiendo en la línea de lo que dice Jim Caviezel en el mensaje post créditos, hay algo en esa intimidad que se genera en la sala de cine entre la pantalla y el espectador que hace que nos emocionemos más y entendamos las películas de una mejor manera.

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Antonio González Hincapié
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