Transición energética, puente y destino

Publicado por: maria.vargas el Sáb, 19/06/2021 - 04:51
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Por: Robinson Pedroza Jiménez.
Robinson Pedroza

Es innegable que la pandemia aceleró la transición energética y el camino hacia una reactivación económica energéticamente sostenible está directamente relacionado a la metodología que el gobierno escoja para gestionar sus estrategias, donde las políticas públicas en conjunto con los esfuerzos del sector privado logren convertirse en agentes de cambio para el desarrollo económico y social del país.

Con bastante frecuencia escucho personas, sean profesionales del sector energético o no, hablar sobre “energías limpias alternativas” y cómo estas energías son la solución para las necesidades actuales del mundo moderno. En un sentido general, es probable que tengan razón, pero el contexto en el que desarrollan sus tesis es equivocado. Lo primero que tenemos que preguntarnos es, ¿qué son energías limpias y qué son energías alternativas? Primero, no existen energías limpias, simplemente existen energías más limpias que otras y segundo, no existen energías alternativas sino energías complementarias, ya que es poco viable reemplazar un modelo de generación energética por otro sin cumplir con ciertos pasos antes, partiendo desde la relación oferta vs demanda actual del mercado, hasta llegar al desarrollo tecnológico que permita generar energías sin necesidad de seguir utilizando el modelo predecesor.

Entonces, ¿por qué es tan difícil dejar el modelo de generación de energía fósil? En principio porque es relativamente fácil y sobretodo económicamente viable seguir generando energía a través de combustibles fósiles. Con base en la información suministrada por la Agencia Internacional de Energía, el 60% de la energía eléctrica del mundo es producida por combustibles fósiles, específicamente gas natural, el 38% de la energía es producida por energía nuclear y geotérmica (especialmente en Europa y Asia) y el 2% restante corresponde a energías renovables, en su mayoría solar y eólica.

Para el caso de Colombia, el gobierno del presidente Duque, a través del Ministerio de Minas ha conseguido logros muy importantes en materia de generación de energías renovables, aumentando un 800% su capacidad instalada. Todo esto, sumado a la estrategia de subastas para la contratación de proyectos de energía eléctrica, hará que el país siga fortaleciéndose como líder regional de generación de energías renovables.

Sin embargo, es necesario incorporar otras estrategias que permitan seguir robusteciendo el portafolio de productos energéticos que el país está en capacidad de generar, y de esa manera no sólo tener una transición energéticamente sostenible en el tiempo, pero también ser uno de los grandes agentes de cambio social, al crear empleos directos e indirectos, reduciendo los niveles de inequidad.

Ahora, estas estrategias parten de una premisa muy simple, y es entender el concepto de lo que son las energías complementarias. Es absolutamente necesario entender que las necesidades energéticas y matriz de consumo de nuestro país son diversas; no es lo mismo diseñar un modelo de generación de energía en Bogotá que en la Guajira, solo por poner un ejemplo. Debemos entender cuáles son nuestras ventajas estratégicas, y con base en eso implementar modelos de generación energética, donde la diversificación de portafolio sea clave para desarrollar las regiones donde cierto tipo de energía es más favorable y complementar con las otras para tener una cobertura óptima.

Por ejemplo, la Guajira tiene un clima que favorece la generación de energía solar y eólica. En el caso de Bogotá, generar energía eléctrica a través de la red de gas natural existente sería el paso más lógico para reducir emisiones de carbono, complementado con el uso de carros y transporte público eléctrico e híbrido, en conjunto con el uso de energía solar enfocado para el sector residencial e industrial.

Es ahí donde las empresas del sector público y privado juegan un papel fundamental. En el caso de Ecopetrol, que es el jugador más importante en el país y en particular su filial Cenit, sería muy interesante complementar la cadena de suministro energético implementando la técnica de CCS (captura de carbón y almacenamiento), donde utilizando su red de distribución y almacenamiento, logren suplir el resto de la matriz de consumo de las regiones y a su vez almacenar CO2 (dióxido de carbono), ya sea inyectándolo de nuevo en el subsuelo o utilizándolo en procesos industriales, reduciendo la huella de carbono de forma considerable.

Por otro lado, teniendo en cuenta las proyecciones de demanda de crudo, donde seguirá por debajo de los 100 millones de barriles al día, y en conjunto con las proyecciones de un precio de barril Brent que se mantendría en el rango de USD$65 a USD$70, es necesario fortalecer la estrategia de internacionalización de la mesa de trading de Ecopetrol, donde no sólo el foco esté en la comercialización de nuestros crudos pesados, pero también en la ampliación de la cadena de valor a partir de la incorporación de un portafolio estratégico de inversiones en energías renovables, financiando proyectos privados de almacenamiento solar, eólico, hidrógeno, geotérmica, etc.  

Acá en este punto hay que hacer un gran reconocimiento al gobierno nacional, porque el éxito de sus políticas energéticas se debe a que desde el comienzo de la administración del presidente Duque, entendieron que la dinámica del mercado energético y los fundamentales económicos por sí solos no podían cerrar la brecha entre proyectos de energía renovables y proyectos fósiles, y con una metodología clara de políticas de financiación y subastas, dejarán al país en el 2022 posicionado como líder regional de producción de energías renovables.

Tenemos una oportunidad única de cambio, donde las instituciones financieras, agencias multilaterales, reguladores, legisladores, desarrolladores de proyectos, proveedores de tecnología e inversionistas privados nacionales y extranjeros, pueden aprovechar esta oportunidad para acelerar la transición mediante la creación de un ecosistema de energía sostenible, que respalde los esfuerzos que se están haciendo a nivel gubernamental para convertir a Colombia en el hub de energía más importante de la región.

Nota. Felicitaciones a la Comisión Quinta de la Cámara de Representantes por cancelar los proyectos que buscaban prohibir la práctica de fracking en el país. Resulta bastante hipócrita la postura de los grupos que en el pasado auspiciaban las voladuras de oleoductos, destruyendo acuíferos y ecosistemas, y que hoy son miembros del congreso, sean los primeros en rasgarse las vestiduras hablando del supuesto daño al medio ambiente que puede causar una técnica de producción petrolera que hasta ahora está en etapa de proyectos piloto. Si no son parte de la solución, que se hagan a un costado y no se conviertan en el problema !!!

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