Un país a tres carriles

Publicado por: maria.vargas el Sáb, 05/12/2020 - 06:44
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Por: Ignacio Arizmendi Posada.
Ignacio Arizmendi

En esta Colombia de finales de 2020, uno de los múltiples temas de discusión cotidiana se refiere a las corrientes de derecha, centro e izquierda en el mundo de la política, alrededor de las cuales muchos ciudadanos del común, la vida pública y la academia han estado lanzando toda clase de versiones y perdigones. Sin embargo, da la impresión de que faltan rigor y claridad. Al respecto, una posibilidad de percibir las cosas más nítidas y ciertas está en echar mano, para efectos didácticos, de las tres clases de carriles existentes en algunas vías públicas: uno de derecha, otro de centro y uno más de izquierda.

El escenario es útil, pues ejemplifica la posibilidad de elaborar juicios al observar a quienes se desplazan por tales carriles. Así, de quienes marchan por la derecha puede deducirse que van, en general, al mando de personas sin prisa, cautas, temerosas, “anacrónicas”, conservadoras, cuidadosas en exceso, alérgicas al riesgo y la incertidumbre. Unos “viejitos”… De quienes lo hacen por el centro podríamos afirmar que son conductores rápidos sin excederse, dinámicamente cuidadosos, atentos a los demás carriles, usando el izquierdo o el derecho, o conservando su línea, según el propósito que tengan. Y de los que circulan por la izquierda cabe pensar que les gusta la velocidad, llegar más pronto o correr más, pasar a los demás, atropellando si es del caso, acosando. 

Si en Colombia tuviéramos rigor, quedaría claro que coincidimos en más temas políticos de lo que creemos

El escenario de los tres carriles puede proyectarse a temas como la política, la religión, la ciencia, la filosofía, etc., todos de innegable hondura humana. Si lo aplicamos al mundo de la política en Colombia, detectamos que lo estamos empleando, al menos, en dos dimensiones: de agresión y de discusión. 

Carriles de agresión (escenario dialéctico)

Aquí nos encontramos con tendencias colectivas, creencias, afirmaciones ligeras o rotundas de ánimo hostil sobre quienes se desplazan por cada carril, ámbito en el cual los carriles portan unos significados particulares. En consecuencia, a quienes van, o creemos que van, por un carril político o ideológico concreto, los agredimos y acosamos en las redes sociales, las tertulias, los medios, etc., y decimos cosas de distinta estirpe para desahogarnos. 

Por ejemplo: a los que nos movemos por la derecha, nuestros adversarios nos llaman paracos, guerreristas, verdugos de la paz, coqueros, enemigos del pueblo, cavernícolas, opuestos al progreso, etc. A quienes marchan por la izquierda, los de la derecha les decimos amigos de la lucha armada, simpatizantes del régimen cubano, totalitarios, exterminadores de la convivencia y el progreso económico, enemigos de las instituciones democráticas, petristas (va uno a ver, y es cierto…). Y a los del centro, según el caso, desde la derecha y la izquierda los etiquetamos como tibios, bucheplumas, faltos de carácter, evasores del bulto, ni fu ni fa, ni chicha ni limoná, políticamente correctos, reacios a hablar duro contra alguien, temerosos. ¿Todo lo anterior es verdad?

Carriles de discusión (escenario analítico)

Aquí, en cambio, veremos las cosas como deberían verse, es decir, usando la razón, el pensamiento, la imaginación, las convicciones, la manera de concebir el mundo y la vida, de apreciar las circunstancias de los pueblos. Una invitación a procesar opciones con sentido humano, grandeza y realismo, optimistas, centradas en el bien común según lo entendamos. Por lo tanto, para situar con más veracidad a una persona o colectivo político en un carril, tendríamos que: 

• Definir primero qué se va a entender por derecha, centro o izquierda. 

• Elaborar una lista de temas generales, protuberantes para la convivencia social, el progreso humano, el bienestar comunitario, etc., y 

• Componer una relación de temas específicos para dar nuestras visiones y saber en qué medida somos de “derecha”, “centro” o “izquierda”. Habría más claridad.

Quizás concluyamos que pensamos de modo muy similar en una buena parte de los temas. Además, seríamos más rigurosos al señalar a alguien o a un grupo como de derecha, centro o izquierda. 

INFLEXIÓN. ¿Qué tal jugar a politólogos en familia, con amigos, alumnos, etc., hacer una lista de temas claves en las sociedades y dar a conocer nuestras ideas? A lo mejor tengamos sorpresas y salgamos de los carriles de la agresión. Que los políticos, periodistas, analistas y los del común tomemos nota

Por: Ignacio Arizmendi Posada

05/12/20