Codependencia: cuando se ama demasiado

Jue, 07/03/2024 - 15:56
Solemos vivir sin un hombre, o estar junto al hombre equivocado, para explicar y justificar nuestra adicción física.
Créditos:
Milada Migerova

Muchas mujeres cometen el error de buscar a un hombre
con quien llevar adelante una relación
sin antes haber desarrollado una relación sana consigo mismas.
Van de hombre en hombre,
buscando aquello de lo cual carecen.

La búsqueda debe comenzar en su propio interior.
Nadie puede amarnos lo suficiente como para colmarnos
si no nos amamos a nosotras mismas,
porque cuando buscamos el amor desde nuestro propio
vacío interior, lo único que podemos hallar
es más vacío.

Nuestra vida es un constante aprendizaje.
No olvides agradecer a todas las personas que fueron maestros.
Las mujeres que amamos demasiado somos adictas
a las relaciones afectivas, a los hombres problemáticos,
con todo el sufrimiento, el miedo y la ansiedad que ello implica.
Y si esto no fuera de por sí suficientemente malo,
es posible que los hombres no sean lo único a lo que
estamos atadas.


No todas las mujeres que aman demasiado,
también comen demasiado, o beben o se drogan, pero
para aquellas que sí lo hacen la recuperación de la adicción
a la relación afectiva debe ir acompañada por el abandono
de aquella sustancia de la cual se abusa.
La dependencia física de alguna sustancia se exacerba
por el estrés que produce una relación enfermiza,
y la dependencia emocional de una relación se intensifica
con los sentimientos caóticos engendrados por la
adicción física.

Solemos vivir sin un hombre, o estar junto al hombre equivocado,
para explicar y justificar nuestra adicción física.
Por otro lado, el uso continuado de sustancias adictivas nos permite
tolerar una relación enfermiza entumeciendo nuestro dolor y
robándonos la motivación necesaria para cambiar.

“Codependencia: cuando se ama demasiado” en la voz del Logoterapeuta y Coach de Vida Armando Martí©. (una adaptación del libro Meditaciones para mujeres que aman demasiado de Robin Norwood), para la sección Konciencia deKienyKe.com. Escúchalo, disfrútalo y compártelo:

Culpamos a la una de la otra. Usamos la una para
enfrentarnos con la otra.
Y cada vez estamos más enganchadas a ambas.
Todas las enfermedades adictivas,
incluso la de amar demasiado, llevan implícitas la
violación de nuestra propia escala de valores y la 
incapacidad de detenerse o de cambiar a través del propio esfuerzo.

Para superarlas debemos abandonar la omnipotencia,
Invocar a Dios y buscar ayuda.
La sensación que a menudo experimentamos las mujeres
que amamos demasiado cuando nos encontramos con
hombres “buenos” es la de aburrimiento:
no repican las campanas, no estallan cohetes, no caen
estrellas del cielo.

Ante la ausencia de excitación nos sentimos desasosegadas,
Irritables y molestas, en un estado de incomodidad general
que clasificamos bajo el rótulo de aburrimiento.
Nuestras habilidades para relacionarnos con los hombres
están desarrolladas para el desafío, no para
disfrutar simplemente de la compañía de un hombre.

En consecuencia, un hombre sólido, fiable, jovial y estable
nos produce mucho menos interés que el que sentimos
ante hombres irresponsables, emocionalmente distante,
inaccesibles o indiferentes.

Las mujeres que amamos demasiado a menudo nos
decimos que el hombre con el que estamos saliendo
no ha sido nunca realmente amado, ni por sus padres
ni por sus anteriores esposas o novias.

Los vemos como una víctima y prestamente nos abocamos a
la tarea de reparar todo lo que le ha faltado en la vida
antes de que nos conociera.

Interpretamos su lejanía emocional, su malhumor o depresión,
su crueldad, su indiferencia, su violencia, su deshonestidad
o su adicción como signos de que no ha sido lo
suficientemente amado.
Compadecemos a nuestro amor por sus defectos,
sus fracasos, incluso por sus patologías.

Estamos decididas a rescatarlo mediante el poder de
nuestro amor.

Las enfermedades adictivas, contrariamente a lo que
sucede con otras enfermedades, afectan a quien las
padece en todas sus dimensiones: la emocional,
la espiritual, y por supuesto, la física.


Con respecto a la mujer adicta a un relación afectiva,
no es sólo su relación de pareja la que se ve afectada.
Sus relaciones con amigos, familiares, compañeros de
trabajo e hijos se ven afectadas por su obsesión con un
hombre.

Su salud se ve deteriorada por el estrés
prolongado que produce una relación conflictiva, y su
contacto con un su dimensión espiritual se ve
disminuido.

Muy pocas entre nosotras, las mujeres que amamos
demasiado, tenemos en el profundo de nuestro ser la
convicción de que merecemos amar y ser amadas
sencillamente porque existimos.

En cambio, creemos que ocultamos terribles culpas y
defectos, y que debemos realizar buenas acciones para
repararlos. Vivimos con la culpa de cargar con estas
faltas, y con el terror a ser descubiertas. Nos esmeramos
con gran esfuerzo en demostrar que somos buenas
porque no creemos que lo seamos.

No establecemos relaciones significativas por mero
accidente. Somos inexorablemente atraídas hacia
parejas que nos ofrecen la posibilidad de aprender
nuestras lecciones personales e interpersonales más
importantes.

Admitir que no somos víctimas, e intentar comprender las
razones de nuestras elecciones, hará que los desafíos
que nos presenta ese amor, aceleren el aprendizaje de
dichas lecciones.

Creado Por
Armando Martí
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