Así se hacen las operaciones infiltradas en Colombia

10 Agosto 2014, 02:05 PM
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Un habitante de la calle, conocido como 'el Caco', fue, por varios meses, comprador habitual de 'perico' y marihuana en uno de los barrios donde más hay tráfico de estupefacientes en Bogotá: San Be
Un habitante de la calle, conocido como 'el Caco', fue, por varios meses, comprador habitual de 'perico' y marihuana en uno de los barrios donde más hay tráfico de estupefacientes en Bogotá: San Bernardo o 'Samber', como se conoce entre los lugareños. 'El Caco' era un hombre joven que siempre vestía con ropas sucias, viejas, rotas y que expelían el olor particular de las personas que viven en la calle. La organización delictiva que le vendía al 'Caco' fue desmantelada por la Sijin de la policía de Bogotá. Nadie se imaginó que el 'Caco' fue ficha clave en aquel operativo. Él es un policía que se infiltró para dar el gran golpe. La policía y las Fuerzas Militares utilizan diferentes mecanismos para desintegrar estructuras delincuenciales y atrapar a sus integrantes. Uno de ellos, utilizado en alta proporción, es el trabajo que hacen los agentes encubiertos. La información sobre la banda y las pruebas materiales que se recolecten es la herramienta que  necesita la Fiscalía para emitir las órdenes de captura. El trabajo de los agentes encubiertos es, principalmente, conseguir información, y si se puede, alguna prueba física. Una de las fichas clave para desmantelar la banda que operaba en San Bernardo fue el policía J.P.* El grupo delincuencial era conocido como 'Gancho Pantera' y para dar el 'golpe' J.P. y sus compañeros trabajaron durante 13 meses. La investigación contra esta banda de microtráfico inició, como la mayoría, con una denuncia. En esta oportunidad una fuente se acercó a la Sijin y dio pequeñas pistas sobre un grupo que vendía millones de pesos en drogas ilícitas. La Unidad Contra el Tráfico de Estupefacientes de la Sijin analizó la información suministrada y después de comprobar que se trataba de una red estructurada se dio inició a la operación. Seis policías conformaron el grupo que actuó contra la banda. “Lo primero que se hace es analizar el entorno para  determinar cuál es la mejor forma de adquirir información”, indicó J.P. En el San Bernardo, por tratarse de un barrio subnormal, había pocas opciones. Para hacer contacto con los expendedores había muchas menos. J.P. lleva siete años en la policía y cinco en la Unidad contra Estupefacientes de la Sijin. Él fue el encargado de caracterizarse e infiltrarse. Primero entró como un consumidor de estrato social medio. Él y un compañero suyo, sin armas ni identificación, entraron al barrio en una moto. Con miedo, sentimiento que siempre está presente, ingresaron a la zona. Quisieron comprar drogas y lo lograron. Adquirieron un gramo de perico y una bolsita de cripi, un tipo de marihuana procesada que es más costosa que la tradicional. Consiguieron la droga e identificaron al primer expendedor. Mientras compraban, trataron de observar el entorno y despejar algunos interrogantes: ¿Cuántas personas había? ¿Cómo hablaban? ¿Cómo se comunicaban entre si? ¿De qué casa sacaban la droga? Con esa fachada ingresaron un par de veces más. Siempre era el mismo procedimiento: entrar, comprar, mirar, salir. Los infiltrados estrato medio estaban funcionando pero faltaba más información. Necesitaban observar más, pero su estrategia no les daba sino unos cuantos minutos dentro de la 'olla'. Estaban pensando en cambiar la táctica cuando un imprevisto los obligó hacerlo mucho más rápido. “Si a uno lo pillan, o si huelen que uno es ley, eso es lo peor que puede llegar a pasar... Si ocurre, no lo ponga en duda, allá adentro lo matan a uno...”, dice J.P. al momento de recordar aquel día que sintió a la muerte muy cerca. “Entramos en la moto y pedimos lo mismo que habíamos pedido las últimas veces: perico y marihuana. No sé qué pasó. No sé qué hicimos de raro pero el hombre que nos estaba negociando la droga nos miró de arriba abajo, le echó un vistazo a la moto y sin pensarlo dos veces sacó un revólver. En plena calle, a la luz del día y en medio de varias personas, casi todas expendedoras, nos apuntó directo a la cabeza. Pensé, 'hp....nos pillaron'. El miedo me atrapó. Miré la boquilla del arma y respiré hondo. -Cálmese hermano. Yo solo quiero comprar lo mío. -Bájense y apaguen la moto. -Ya todo bien. ¿Qué pasó? -Al suelo. Nos hicieron arrodillar. El arma la teníamos en la nuca. Pensé en todo, en la familia, en el trabajo, en el operativo. Estábamos solos. Los refuerzos estaban cerca, pero en ese momento estaban lejos. -¿Quiénes son ustedes?. -Camelladores. ¿Por qué? ¿Qué pasó? -¿Ustedes son 'tombos' verdad? -No. Qué le pasa. Nos requisaron. Nos insultaron y nos amenazaron. -¿Son 'tombos'? - el arma permanecía en la nuca de los dos hombres -No mi hermano. Tranquilo. Nosotros no somos tombos. Compramos aquí a cara rato. Solo queremos un perico y un 'cripi' y ya. Todo bien. -Párense. ¿Qué es lo que quieren? -Un perico y 'cripi' Nos dieron la droga, pagamos, prendimos la moto y nos fuimos. Estando afuera de la zona nos miramos con mi compañero y no dijimos nada. Las palabras sobraban. Viéndonos a la cara sabíamos qué queríamos decir: “...Nos salvamos.” Microtrafico El susto pasó. Pero el operativo seguía andando. La policía tenía algunas bolsas de estupefacientes, todas marcadas con el logo de una pantera negra, pero la información era escasa. Las visitas que se hicieron en la moto y en otros vehículos particulares mostraron que la cuadra en la cual 'Gancho Pantera' tenía control era muy visitada por habitantes de la calle. Ellos se quedan en la zona por largo rato y su estadía no generaba inquietud. Caracterizar a un consumidor de drogas de la calle fue el siguiente paso. J.P, de 25 años, un hombre bajo y de contextura gruesa, fue el elegido para la caracterización. “Crecí y viví varios años en Ciudad Bolívar. Conozco el vocabulario popular y también el que manejan en la propia calle. Por eso me escogieron a mí”, cuenta. J.P. tuvo que bajar de peso, dejarse crecer el pelo, la barba. Cambió su fisionomía por completo. Aunque en su casa le preguntaban en qué estaba metido, no podía contar nada, decía era que eran cosas del trabajo. Por varios días el policía estuvo en las calles observando a los verdaderos hombres que iba a caracterizar. Se les acercó a varios de ellos. Dialogó con algunos. Aprendió mañas, costumbres y vocablos. En un par de meses el cuerpo estuvo listo, los términos repasados, algunos gestos fueron aprendidos. Solo faltaba entrar a la zona de candela. Todos los miembros del equipo le ayudaron a conseguir ropa y zapatos viejos. Ensuciaron la vestimenta con barro y tierra. Llegó el día. El agente llegó muy temprano a las instalaciones de la Sijin. No era el mismo policía al que le gusta tener su cabello muy corto y el rostro limpio de barba. Tenía el cabello largo y sin peinar. No se lo había bañado en varios días para que perdiera su brillo. Se quitó la ropa. Toda la ropa. Se cambió hasta los boxers. Los de marca que siempre usaba los cambió por unos viejos. J.P recuerda que al ponerse la ropa vieja y sucia, recordó a su madre y sus hermanos. “Yo quisiera que no hubiera drogas en la calle. Tengo hermanitos menores y la droga es un peligro para los jóvenes. Hay que darle duro a las 'ollas'”. El policía dejó sus documentos en la maleta. Solo se llevó la cédula. Cuando salió de las instalaciones de la Sijin ya no era J.P. Salió convertido en un nuevo ciudadano, ahora era 'El Caco'; así lo apodaron sus compañeros, quienes entre risas, bromas y verdaderos deseos de éxito lo despidieron antes de poner un pie en la calle. Después de la puerta, él, a los ojos de todos, menos de los seis miembros de su equipo, era un indigente más. Salió solo y empezó a caminar las seis cuadras que separan la Sijin del barrio San Bernardo. Caminó lento y un poco encorvado, como habitualmente lo hacen los hombres que viven en la calle. Una parte del miedo la transformó en valor y la otra la escondió en lo más profundo de su ser. Dio un par de vueltas por la zona antes de entrar a la cuadra de los expendedores. Al cabo de 15 minutos ya había comprando drogas. Llevó poco dinero, unos cuantos billetes viejos de 1.000 y 2.000 pesos y monedas de 100 y 50. Al ver que su presencia fue desapercibida caminó con más confianza dentro de la 'olla'. “Me miraban como si yo no estuviera ahí. Me atendieron pero al mismo tiempo me ignoraron. Los habitantes de calle son clientes potenciales para ellos. Los pequeños, pero regulares compradores, son los que les hacen el negocio. -¿Qué busca ñero? -Un periquito y cripazo. -¿Cuanto? Como se dice en la calle: 'coronó'. Compró la droga y se marchó. No habló con nadie. No preguntó. No se dio a conocer. El primer día fue de simple observación. 'El Caco' se devolvió para la Sijín. Miembros de su equipo lo estaban esperando para ingresarlo a las instalaciones. Después de salir de la zona de operación el agente encubierto se reúne con una persona de su grupo encargada de recolectar la información. El encubierto cuenta absolutamente todo lo que vio. Cualquier dato, por pequeño que sea, es importante para la operación. Después de narrar su observación le hacen varias preguntas. Estas con el fin de evitar que se queden datos sin visualizar. Esta operación se hace cada vez que el agente entra y sale de la zona. “Una de las cosas más duras es sentir que la gente te desprecie. Cuando uno está caracterizado como un ser humano de pocas condiciones económicas, la gente lo mira diferente. Ver que a uno lo vean con asco y desprecio es muy, pero muy duro”, indicó el agente. “Entré muchas veces a esa cuadra como habitante de la calle. Siempre fue la misma rutina: ingresar, observar, comprar, observar, prender un cigarrillo y seguir observando, pero ante todo grabar en la mente. Tenía que grabarme los rasgos físicos de las personas que atendían el expendio, lunares, cicatrices, arrugas, color de ojos, absolutamente todo. Cuando llegaba a la casa del expendio me daba cuenta de las personas que había allí, cuántos niños, cuántos adultos, quién mandaba, quién era el mensajero. Quién sí y quién no hacía parte de 'Gancho Pantera'. Algunas veces entré con minicámaras de video incrustadas en los botones de la chaqueta o la camisa. También utilicé grabadoras de audio, esas las cargué en llaveros o en viejas alarmas de carro. Me las colgaba a la vista de todos pero pasaban desapercibidas. Un habitante de calle como 'El Caco' nunca les generó desconfianza.”, contó J.P. La información que 'El Caco' sustrajo sirvió para identificar a todos los miembros de la organización. Cada vez que él entregaba las características de uno de los delincuentes, sus compañeros lo identificaban e individualizaban. Muchas veces esperaron a que ese personaje saliera de la zona y  como un hecho de rutina, lo requisaban, le pedían la cédula y lo dejaban ir. El objetivo era obtener los datos de todos los delincuentes. Así identificaron a cada uno de los expendedores. “Escuchar es la mejor fuente de información. La gente habla en la calle y no sabe quién está a su lado poniéndoles cuidado. Así capté números telefónicos que luego 'chuzamos'”. Mientras que 'El Caco' estaba dentro de la zona, calle arriba y calle abajo, con los datos que entregaba el policía, los demás miembros del equipo hacían seguimientos e interceptaciones. Se ubicaron residencias y sitios que los miembros de la banda frecuentaban. En más de una noche 'El Caco' tuvo que dormir en la esquina de aquella cuadra. Una vieja cobija fue lo único que lo acompañó en esas jornadas. Lo tuvo que hacer porque uno de los objetivos, uno de los duros, iba a llegar a esa casa. Esperaron día, tarde y noche. El hombre no llegó. Pero inteligencia sabía que allí se iba a reunir con otros delincuentes. Las horas pasaban y el hambre lo atacó. No podía ir a comprar algo de comer. Tuvo que contrarrestar el deseo con un cigarrillo. El trabajo consistía en no moverse de ahí. También tuvo que soportar el inclemente frío de la noche. Cuando llegó la hora de aparentar que dormía, se acomodó en una esquina, la más cercana a la casa de los 'Pantera'. Se envolvió en la cobija y se recostó contra la pared. Por momentos cerraba los ojos pero nunca se durmió, no podía hacerlo, ni por el operativo ni mucho menos por las condiciones físicas del enterno. “Con tanto frío, con tanta hambre, el sueño se escapa por completo.” El objetivo llegó 24 horas después de que el agente se estableciera en el punto. El policía logró su trabajo, lo identificó. La operación contra 'Gancho Pantera' duró 13 meses. J.P se infiltró durante nueve. Siempre compró la misma dosis: "un perico y un cripazo". Soportó el inclemente sol, la lluvia, el polvo, el frío, el hambre. Perdió kilos. Se fumó miles de cigarrillos. Logró información de todas las personas que hacían parte de la red de distribución. A finales del mes de mayo la banda fue desmantelada. Diecinueve personas fueron detenidas en diferentes partes de Bogotá. Cayeron todos los duros. 'Gancho Pantera' era la mayor distribuidora de drogas en el San Bernardo. Le surtía a todas las 'ollas' del sector. Utilizaba menores de edad para hacer las entregas de narcóticos. Todo eso lo logró captar 'El Caco', un supuesto indigente que llegó en agosto de 2013 a la zona. “Varios de los detenidos, en la audiencia de legalización de captura, me miraban y me miraban, mi rostro se les hizo familiar. Uno de ellos me reconoció y cuando pasó junto a mí me dijo: 'Te voy a matar', yo estaba uniformado, lo miré y le dije: 'Cállese... ya todo esta hecho'”... Microtrafico Desde los altos mandos KienyKe.com dialogó con el coronel Fabio López, director nacional del Gaula de la Policía, sobre el trabajo que hacen los agentes encubiertos. “La infiltración es un apoyo importante y altamente efectivo que utiliza la Policía y las Fuerzas Armadas para aumentar la capacidad en los resultados. Este apoyo se lleva a cabo en operaciones contra organizaciones y estructuras delincuencieles que están fortalecidas o muy bien estructuradas, en las que la investigación tradicional no da elementos para la captura de los delincuentes ni para la desintegración de la organización ilegal”, indico el alto oficial. López también dijo que los hombres escogidos para que se infiltren son altamente preparados y entrenados para tal fin. “Son policías capacitados y especializados en inteligencia, caracterización, penetración. Los del Gaula especialmente lo hacen contra el secuestro y la extorsión”, dijo. Lo que hacen los policías infiltrados es recolectar información que conduzca a conocer cómo actúan las bandas organizadas, cuál es su modus operandi, qué contactos tienen, cuál es su economía, los antecedentes, en qué sitios se reúnen, en qué otros delitos han participado. Los agentes encubiertos trabajan de la mano con la Fiscalía. Toda acción encaminada a infiltrar una  estructura está legalmente autorizada. Si no fuera así, el trabajo de los encubiertos carecería de soporte jurídico como prueba sustancial. Se trabaja sobre parámetros y protocolos. Los infiltrados no pueden, así estén muy integrados a la organización, pasar la línea de la ilegalidad o del delito. Tienen que evitar a toda costa su participación en un hecho delictivo y prevenir que la banda actúe. ¿cómo lo hace? Informando a su grupo de operaciones para que el objetivo a tacar esté resguardado y ellos tengan que cambiar de plan. Hay varias modalidades de trabajo dentro del área de inteligencia de los organismos armados. Infiltración, penetración, caracterización son los que más se utilizan. Todos ellos los llevan a cabo agentes encubiertos. La infiltración es acercarse a una estructura ilegal hasta el punto de hacerse parte de ella o llegar a ser un contacto importante para su actuar delictivo. Es el trabajo más difícil para un uniformado. Tiene que acercarse, generar confianza, actuar como como los malos, ser, a sus ojos, un elemento de ellos. El infiltrado es aquel policía que habla, comparte, bebe, ríe y hasta se va de paseo con los delincuentes. Su trabajo tiene que ser perfecto, un mínimo error le puede costar la vida y el fin de meses y/o años de investigación. Hay infiltraciones que pueden durar más de un año. Principalmente son las que se hacen contra los grupos guerrilleros o estructuras paramilitares. Un policía entra como miembro de ellas o como residente de una zona y su permanencia en el lugar es demorada. La penetración es hacer contacto con uno de los integrantes de la banda y convertirlo en el soplón. Es escoger a alguien de adentro para que trabaje de la mano de la ley. “Es más fácil penetrar que infiltrar”, indicó un suboficial del Gaula que lleva más de diez años como agente encubierto. En la penetración se estudia la organización sin infiltrarla completamente y si hay un elemento de la banda que es débil, manipulable, o que está descontento por algo, se le contacta y se le ofrece dinero o beneficios penales. Casi siempre es el hombre que recibe la tajada más pequeña o al que todos los miembros de la estructura mandan o tratan de mandadero. El 100 por ciento de la veces que se elige penetrar y no infiltrar se logra la finalidad: la organización cae y la ficha penetrada recibe lo que se le prometió. Siempre es un delincuente de bajo rango. “Cuando un delincuente de poca monta se siente atrapado por la ley, habla y colabora”, contó un agente de la Dijin especializado en penetraciones. La caracterización es otra de las tácticas más usadas por inteligencia. Es, en una palabra, disfrazarse. Los agentes encubiertos que se caracterizan, trabajan detrás de una fachada. Son, como el patrullero J.P, habitantes de calle, otros se mimetizan como vendedores de paletas, con carrito y todo, mensajeros, trabajadores del acueducto, de la empresa de energía, obreros que trabajan en obras distritales. Hay agentes de la Sijin que debido a su rostro juvenil se infiltran como estudiantes de colegio y andan uniformados a la entrada y salida de los planteles donde se conoce el incremento de tráfico de estupefacientes. Actualmente J.P. trabaja contra otra banda de microtraficantes de estupefacientes. Dos de sus compañeros están infiltrados como porteros de un bar gay en una zona de Bogotá donde se incrementó el tráfico de droga. “Tienen un trabajo normal y corriente. Vimos el letrero de 'se busca portero', pasamos las hojas de vida y los contrataron. Cumplen horario y reciben sueldo. Esa es su vida actual y están recogiendo demasiada información. Pronto se dará ese golpe”, contó el policía. Los infiltrados y los caracterizados trabajan de la mano. Hay operaciones que solo requieren caracterizaciones. Hay otras en donde se necesitan las dos figuras. A veces, cuando se puede, el caracterizado cuida al infiltrado. “A veces nuestros hombres trabajan solos, no se puede estar protegiéndolos las 24 horas, pero siempre intentamos tener un control sobre sus movimientos”, indicó el coronel López. Para hacer su trabajo utilizan herramientas tecnológicas y físicas para captar pruebas. Las grabadoras de audio son las más utilizadas en los operativos. También se graba video de alta definición y de estos se extraen fotografías. Como en las películas policíacas estas herramientas son tan diminutas que se ubican en los botones de camisas o chaquetas, en gafas, anillos, llaveros. “Pero la mejor grabadora es la mente”, narró un agente Gaula en con KienyKe.com CoronelFabioLopez1 Coronel Fabio López, director nacional del Gaula. Infiltrándose dentro de una banda El subintendente Gabriel* lleva 15 años en la policía, doce de ellos trabajando para el Gaula como agente encubierto. Se ha infiltrado en operaciones desarrolladas en todo el territorio nacional. Todas, según él, con éxito. "Algunos casos se demoran, otros salen más rápido, pero en todos se logra el objetivo, a veces se vuelan unos integrantes de la banda, pero se desarticula la organización", dice. Gabriel es un hombre robusto, de estatura promedio, esposo y padre de dos hijas. Está sentado en la parte externa de la cafetería de la Dirección de Antisecuestro y Extorsión de la Policía. "La verdad, creo que ser agente encubierto es una de las labores más peligrosas que hay. Todo el tiempo la vida de uno está en peligro. Pero también es uno de los trabajos más especiales que hay. Es una labor que se tiene que hacer con mucho respeto, responsabilidad y sacrificio. Si pudiera devolver 18 años atrás no dudaría ni un solo minuto en volver a hacer lo que estoy haciendo". El trabajo de Gabriel consiste en ayudar a desarticular las estructuras delincuenciales dedicadas al secuestro y la extorsión. A diferencia de J.P, Gabriel se infiltra, se mimetiza dentro de la organización y, sin dejar de ser policía se convierte en un delincuente más, pero sin cruzar, nunca, la delgada línea que tiene frente a él, que separa lo legal de lo ilegal. Después de que la policía conoce el delito y confirma su autoria a una organización estructurada, el Gaula de la institución entra en operación. Cuando la primera investigación judicial no resuelve los hechos entra la figura de la infiltración y hombres como Gabriel inician un nuevo caso. Infiltrados El director del Gaula y los jefes del departamento al que se le asignó el caso analizan la situación y la poca información recolectada hasta el momento. Ellos eligen a los integrantes del equipo y le asignan un nombre a la operación. En un operativo intervienen pocas personas. El número varía dependiendo del montaje que se tenga que hacer o lo grande que sea la organización delincuencial. Investigadores judiciales, analistas, agentes encubiertos, ayudas interinstitucionales y los jefes son los que principalmente intervienen. Se hace un trabajo de inteligencia, lo llevan a cabo investigadores judiciales, recorren las calles donde el delito se cometió o se está cometiendo, se analizan cámaras de video de la zona y se hacen entrevistas a testigos y víctimas. Los analistas reciben la información y la estudian; con su amplía experiencia determinan cuál es la mejor ruta para operar contra la organización y cómo infiltrarla. Un grupo de profesionales, entre los que hay sicólogos, abogados, comunicadores, sociólogos, con la poca información hallada hasta el momento, basados en el modus operandi, en la forma de hablar al momento de actuar, de intimidar a las víctimas, de pedir dinero por rescate o de extorsionar, analizan perfiles sicosociales de los delincuentes. Los infiltrados, quienes entre su preparación han hecho cursos de actuación con reconocidos artistas, crean personajes de ficción con actitudes similares a las de los criminales. Los infiltrados crean un perfil del mismo estrato social en el que se mueven ellos, utilizan los mismos gentilicios, se visten similar, andan en autos de la misma gama. Todo esto con el fin de generar empatía al momento de hacer el primer contacto. Cuando el falso perfil está creado los agentes encubiertos se "lanzan al ruedo", entran a la zona que los delincuentes frecuentan. Cuando confirman un punto estratégico, policías caracterizados como operarios de televisión por cable ocultan cámaras de video en postes. A los delincuentes les gusta beber, no a todos, pero es una costumbre arraigada. También les encanta andar con niñas lindas, además son muy presumidos y Don Juanes. Usar mujeres es una táctica adecuada para entrar a sus círculos. "Cuando se usa... nunca falla", narró Gabriel. Con mujeres vestidas de manera seductora entraron a una de las bandas que estaba extorsionando a comerciantes del centro de Bogotá y que estaba amenazando sus vidas. Gabriel y otro policía ingresaron a un bar acompañados de tres hermosas agentes. Se sentaron en la barra y ubicaron la mesa donde estaban sentados dos de los extorcionistas, otros dos hombres, que no estaban identificados, los acompañaban. Los cinco agentes pidieron cerveza y empezaron a hablar en voz alta de sus falsas vidas y trabajos. Se reían. Pedían música y la cantaban. Las mujeres que se contoneaban coquetamente cada vez que pasaban al baño no pasaron desapercibidas a los ojos de los cuatro hombres a quienes seguían. El contacto visual entre una de ellas y ellos llegó. Varias sonrisas se cruzaron entre la mesa y la barra. Cinco cervezas llegaron a la barra. Las obsequió uno de los cuatro hombres que aquella mesa. 'Bingo', cayeron en la primer red. A los pocos minutos, reunidos en una mesa, estaban hablando y compartiendo policías y delincuentes. Los dos grupos buscaban lo mismo: información. El contacto se creó. En medio de la charla Gabriel les dijo a los delincuentes que ellas eran sus primas, que podían caerles sin problema, pero remató con algo que gustó aún más: "Por ahí tengo unas 'amiguitas' mucho más buenas que les encanta la rumba...Un día de estos se las presento". El agente creó en ellos un interés pasional. Cuando a Gabriel le preguntaron a qué se dedicaba, sin decir mucho, dejó entrever que no era algo lícito, creó un interés personal. El trabajo por esa noche estuvo hecho. Días después hubo otro encuentro. "Uno cambia de cédula varias veces. Ese trabajo lo hacen los investigadores o policías judiciales. Con la nueva ley de inteligencia se puede actuar sin tantas trabas. La registraduría apoya, la fiscalía también. A uno le aparecen antecedentes judiciales y entradas a la cárcel por delitos relacionados con las actividades de las bandas infiltradas. Cuando son organizaciones muy estructuradas a uno también le hacen inteligencia para saber si uno sí es el malo que dice ser", narró Gabriel. La idea, después de hacer el contacto inicial, es acercarse más a ellos. Eso se logra, según Gabriel, generando confianza. Con tragos en la cabeza las personas hablan más de la cuenta y se destapan con quienes confíen y más si esas personas son muy parecidos a ellos y se mueven en el mismo ámbito. Ese es uno de los momentos que utiliza Gabriel para proponer un buen negocio. Después de hablar de negocios la relación de Gabriel con los delincuentes pasa a otro nivel, es ahí cuando inician las conversaciones en sitios más privados. Es ahí también cuando las herramientas de alta tecnología, usadas en las películas de James Bond, aparecen. Gabriel indicó que entre ellas la que más utilizan es el botón micrófono y el botón cámara de video. También llevan consigo relojes, esferos, llaveros que graban video y audio. "Esas herramientas no se pueden llevar a todas la reuniones que se tienen. Cuando un jefe de ellos va a una reunión hay hasta requisas o tienen scaners, por eso la mejor memoria es la mente. Mientras uno está hablando con alguien tiene que saber qué están haciendo o de qué están hablando todos los miembros de la banda." "Mientras se hace parte de la organización es mejor no ir a la casa de uno. Se arrienda un apartamento acorde al perfil. Se crea una vida paralela a la real. Los delincuentes investigan también quién es la nueva ficha. La familia no se puede poner en peligro. Separarse de los suyos es una de las cosas más difíciles que hay en este trabajo. Esa es la muestra más grande de sacrificio que hay que hacer." Los números de teléfono son una herramienta muy importante dentro de la investigación. Después de que se tiene esa información, con autorización del juzgado y la fiscalía, se interceptan y se hace lo mismo con los que se comunican regularmente con dicha línea. Todas las conversaciones quedan grabadas y sirven como prueba sustancial al momento de las capturas. Días después Gabriel recolectó información valiosa sobre quiénes más hacían parte de la organización, quién era el jefe y sus subalternos. Con la información dada a los analistas se lograron ubicar las residencias de los delincuentes y su participación en varios delitos. Algunas  confesiones quedaron grabadas en el las cámaras de video. Al cabo de pocos meses el total de la banda estaba tras las rejas. "Si el agente encubierto hace todo perfecto las cosas salen bien y no se genera peligro, pero si hay un error, la vida del policía corre riesgo. Una vez me sentí en peligro y fue por un error que cometí. Estaba reunido con varios delincuentes y al referirme a uno de ellos le dije "curso" y así nos llamamos entre policías. Intenté remediarlo, cambiando la conversación, aunque creo que lo logré, la 'espinita' quedó clavada en el ambiente durante toda la operación. Ese día la embarré". Gabriel y un grupo de 15 agentes se infiltraron durante 14 meses en el Urabá antioqueño. Durante ese lapso capturaron a más de 34 personas vinculadas con los 'Urabeños', al final lograron desarticular un tentáculo importante de esa poderosa y peligrosa organización criminal dedicada al narcotráfico, sicariato, secuestro y desaparición, entre otros delitos. A esa organización se llegó gracias a una fuente que tenía contacto con un hombre que trabajaba para los 'Urabeños'. Gabriel y los demás policías crearon un ficticio cartel de drogas, se fueron para Antioquia y allá se establecieron. Gabriel era el guardaespaldas y jefe de seguridad del 'duro'. Él, por se el 'hombre de confianza del capo', era el que más negociaba y el que más tenía contacto directo con algunos de los urabeños. La fuente, quien desde hace años trabaja para la policía, los llevó ante los delincuentes como unos narcos interesados en tres objetivos: comprar armas, comprar coca y cobrar unos dineros que les adeudaban. La fachada de los policías era perfecta. Se movilizaban en toyotas y camperos. Todos tenían cara de malos. Andaban armados y aparentaban tener mucho dinero. Los 'Urabeños', una organización tan estructurada, que tiene aliados poderosos de 'cuello blanco' y armados legalmente, también cayó en la red del Gaula. Se infiltraron y a los 14 meses se dio la orden de atacar. El cabecilla y sus mandos medios, quienes estaban felices con los negocios que los nuevos narcos le estaban poniendo en la mesa, fueron desvertebrados. "Hay cosas que los agentes encubiertos tienen que hacer por el bien de la operación y que son difíciles para uno como persona. Hay mujeres agentes que han tenido que mantener una relación con un delincuente, con todo lo que eso implica, para llegar al objetivo, y viceversa. Eso es algo muy duro que no todos los agentes logran hacer," narró otro agente en dialogo con KienyKe.com *Identidades cambiadas a petición de las fuentes.

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