Enfrentó a la banda de narcos que querían llevarse a su hijo

Mié, 08/10/2014 - 19:18
“No me importa sacrificar mi vida para salvar a mis hijos”, dice Martha Martínez, desplazada del Urabá antioqueño por cuenta de los paramilitares. Vive en uno de los suburbios de la vereda El G
“No me importa sacrificar mi vida para salvar a mis hijos”, dice Martha Martínez, desplazada del Urabá antioqueño por cuenta de los paramilitares. Vive en uno de los suburbios de la vereda El Granizal, cerca a la comuna nororiental de Santo Domingo Savio en Medellín. Martha, madre soltera de tres hijos de 15, 12 y 9 años, escapó de los paramilitares pero en Medellín también ha tenido que enfrentar el accionar de los delincuentes. Su hijo Carlos, de 12 años, mientras estudiaba en el colegio Fe y Alegría Santo Domingo Savio, fue presionado por miembros de la banda San Pablo, que delinque y domina en el sector. Aunque Martha empezó a notar cambios en la actitud de su hijo, no se percató de nada extraño. Sin embargo, un día descubrió que le hacían falta dos mil pesos en su monedera. - Carlos llorando me dijo que lo había hecho –cuenta Martha -Yo lo hice, pero  no le quería robar. Lo hice porque no tuve otra opción –le respondió su hijo. Carlos no tuvo otra alternativa. Entre lágrimas y nervioso le contó a su mamá que estaba siendo extorsionado por un joven de unos 25 años, que siempre lo esperaba a la salida de su colegio. Institucion Educativa Fe y Alegria Santo Domingo Savio “Me dijo que lo amenazan con matarme a mí si él no les pagaba todos los días”, contó la mujer de 35 años quien trabaja sólo ocho días al mes como empleada doméstica. Con el poco dinero que reúne, sobrevive junto a su familia en una humilde vivienda construida con tabla y donada por la Fundación ‘Un techo por mi país’.  “Aunque tenemos necesidades, nunca se perdió dinero en mi casa”, dice Martha. La banda quería reclutar a Carlos para que sirviera de ‘carrito’ –según la jerga criminal. Es decir, transportara y  distribuyera droga en la comuna Uno de Medellín. Un día, luego de salir de clases, Carlos y otros compañeros fueron abordados por varios hombres. Los intimidaron y los llevaron a una casa donde les metieron la cabeza en medio de “polvo blanco”, según el relato del menor a su madre. Martha, preocupada, sabía bien que ese polvo no era otra cosa sino “perica”, como ella se refiere a la cocaína. Sin embargo, Carlos le dijo a Martha que cerró los ojos y no respiró mientras tenía sumergida la cabeza dentro de la sustancia. La confrontación La mujer se llenó de valor y quiso averiguar quiénes estaban tratando de involucrar a su hijo en el mundo de las drogas. “Si tengo que poner mi vida por defender a mis hijos, lo hago. Pero no voy a dejar que amedranten a mis hijos”, sentencia Martha. Fue a buscarlos y habló con uno de los integrantes de la banda San Pablo. “Me negaron que estuvieran detrás de las amenazas a mi hijo, pero les recalqué que ellos eran los únicos que hacían eso en el barrio.” Aunque no se atrevió a denunciar el hecho ante las autoridades, Martha les contó la situación a las directivas del colegio y se enteró que su hijo, al parecer, no sería la única la víctima. “Más niños estaban siendo extorsionados por lo mismo, pero otros también habían cedido y servían de carritos”. KienyKe.com trató de comunicarse con el colegio para conocer su punto de vista, pero no hubo respuesta. Un funcionario de la Defensoría del Pueblo explicó a KienyKe.com que esta es una forma de operar de las bandas criminales para reclutar a los jóvenes. MarihuanaUna tensa calma Esa zona, la comuna uno de Medellín y la vereda El Granizal de Bello, es un sitio estratégico para el transporte de drogas y armas para otras partes del país. Los menores de edad son usados porque es menos probable que sean requisados por la policía. A cambio les pagan con droga y a veces con dinero. Aunque ese sector deprimido del Valle de Aburrá no tiene altos índices de muertes violentas, eso tiene una explicación: “Esta zona la controla una sola banda criminal. Son los únicos que extorsionan, trafican y roban”, dice el defensor comunitario. Es decir, esa banda, por el momento, no se disputa con ninguna otra el control del territorio. “Cuide a su hijos” Para proteger a su familia Martha tomó algunas precauciones. Cambió a su hijo de colegio y no deja que salgan solos a la calle. Sin embargo esto no ha sido suficiente. Una tarde un hombre se le acercó al niño mientras este iba de camino a la tienda. Le dijo que tenía que hacer lo que ellos le indicaban o tendría que darles más dinero. Carlos huyó y le contó a Martha. Ella decidió salir y confrontar al extorsionador. Conversó con él, pero en el aire quedó un ambiente de amenaza. El hombre le dijo: "Negra, ¿usted se va a enojar por eso? No te preocupes, con tus hijos no nos vamos a meter más. Simplemente, ten cuidado de ellos. Cuídalos mucho." * Nombres cambiados a petición de la fuente. 
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