¡Aleluya!

Jue, 05/03/2026 - 10:14
Lo que se considera polarización no es una posición ante la vida, sino una ficción que nos han querido imponer.
Créditos:
KienyKe

Es curioso que el suceso más trascendental que se está desarrollando en el mundo no haya ameritado un comentario por parte de los candidatos a la gran consulta del próximo domingo: la baja del temible Jameneí, quien, según informes sobre las recientes manifestaciones en Irán, habría sido responsable de la muerte de decenas de miles de ciudadanos.

No pido que quienes se reclaman de la centro-derecha se manifiesten con júbilo, como lo hizo el ya candidato Abelardo de la Espriella, quien escribió: “¡Aleluya! Así es como tienen que terminar los tiranos: abatidos o encarcelados”, ni mucho menos que reaccionen como lo hizo —disimulando su dolor— Gustavo Petro al decir: “Hay que volver cuanto antes al respeto al derecho internacional”, sin atreverse siquiera a expresar su verdaderos sentimientos ante la muerte del tirano, manteniendo su misma postura dócil de tiempos recientes.

Maduro no está hoy en condiciones de demostrar su fidelidad con la teocracia iraní, lo que le evita al pueblo venezolano nuevas vergüenzas. Observo cómo se va debilitando la camarilla de gobernantes progres, encaramados —a las buenas o a las malas— en los ya sufridos países de nuestra región, hasta el punto de quedar enmudecidos cuando antes nos tenían habituados a arrebatos envalentonados, incluso hasta hace muy poco. Las cosas han ido cambiando, y creo que positivamente, para quienes creemos en la libertad y el progreso.

Cuando me enteré del anuncio de Donald Trump sobre la muerte de Jameneí, manifesté mi júbilo, y no faltó quien me lo reprochara desde su compasión cristiana. Más extraño aún fue leer en Facebook un texto compartido por un prestigioso abogado huilense, escrito por el hoy opacado León Valencia, en el que decía cosas como esta:

“No es solo que hayan asesinado a un jefe de Estado. Es la naturalidad con la que se anuncia. La frase triunfal. El tono de videojuego. Como si eliminar a una persona —con todo lo que desencadena— fuera una jugada táctica limpia, quirúrgica, sin consecuencias humanas ni geopolíticas.”

Que fue una jugada táctica y quirúrgica no nos queda duda, y nadie tendría por qué ocultarlo ni, llegado el caso, vanagloriarse de ello. Lo hizo Obama cuando dio de baja a Osama bin Laden.

Pero ¿qué dijo exactamente Trump como para escandalizar a algunos? Veamos:

“Jameneí, uno de los hombres más malvados de la historia, está muerto. Esto no es solo justicia para el pueblo de Irán, sino también para todos los grandes estadounidenses y para aquellas personas de muchos países del mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jameneí y su banda de matones sedientos de sangre.”

Ese cuento de la polarización, con el que desde hace rato vienen algunos machacando en Estados Unidos, Europa y muy particularmente en América Latina, resulta hipócrita. En Colombia no deja de ser estúpido considerarla un fenómeno reciente cuando el país vivió encarnizadamente la lucha entre dos partidos políticos durante todo el siglo XX. Ante cualquier suceso —interno o externo— salen a relucir los dos polos supuestamente irreconciliables. A cualquier tema se le fuerza hacia los extremos, muchas veces para justificar posiciones falsificadas o promovidas por imágenes y videos propagados en redes. Lo que se considera polarización no es una posición ante la vida, sino una ficción que nos han querido imponer.

El mundo ya sabe que con Donald Trump las cosas van en serio. Tiene como mano derecha a Marco Rubio, quien ha demostrado estar a la altura de su responsabilidad histórica, tanto en el presente como la que asumiría si llegara a ser el próximo presidente de una nación que —sin duda— se encontrará mucho mejor posicionada que como la dejó un pusilánime como Biden. Esto debemos tenerlo en cuenta los colombianos cuando nos encontramos ante la disyuntiva entre dos candidatos que no podrían estar en posiciones más divergentes en este y en muchos otros asuntos.

Para quienes se hacen de la vista gorda ante los desastres de la izquierda castrochavista —cada vez más difíciles de ocultar— y, a pesar de ello, dudan, por poco que sea, en darle el apoyo a uno de sus representantes más enconados, como Iván Cepeda, rogaría que el cielo los ilumine; y si no ven otra opción que se acomode a sus tendencias, por lo menos se abstengan de votar o voten en blanco en las elecciones de mayo. Y quienes ven la opción de recuperar rápidamente el país de la debacle en que quedará el 7 de agosto próximo, no dejen perder esta oportunidad que nos cae del cielo, para que podamos decir con verdadera emoción: ¡Aleluya!

Creado Por
Carlos Salas Silva
Este contenido corresponde exclusivamente a la opinión y perspectiva del artista, Carlos Salas. Las ideas, reflexiones y afirmaciones aquí expresadas no comprometen la línea editorial ni institucional de KienyKe
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