A cuarenta y cinco días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, todo indica que habrá una segunda vuelta. Lo que queda por definir es quién de los dos candidatos de la derecha enfrentará al candidato de la izquierda, que tiene asegurado su paso, siendo el “heredero” de un presidente corrupto hasta la médula, que no ha tenido el menor reparo en utilizar los dineros de las arcas públicas para interferir en las elecciones. Lo que ellos, los del cartel criminal que se tomaron la Casa de Nariño, ven ya imposible es que se cumpla su sueño —que es una pesadilla para la mayoría de los colombianos— de un triunfo en primera vuelta de su impresentable candidato, Iván Cepeda.
Una verdadera “gran consulta” es la que se va a dar el 31 de mayo, y por ello ha acaparado la atención, dejando a un lado al candidato oficialista. Aunque es posible que, para Cepeda, actuar detrás de bastidores se acomode a la manera oscura como operan él y su camarilla. Que sea motivo de preocupación el que, dentro de su estrategia, no asista a debates tiene su sustento. Mantenerse al acecho, atacar por sorpresa y, muy cobardemente, mantener alianzas con criminales lo hace supremamente peligroso. Como un animal depredador, siempre está con la mira en la presa y no descansa hasta tenerla entre sus fauces.
Lo que se les ha atravesado a los designios malignos de esa izquierda desvergonzada y arrogante, que considera que todo vale aplicando todas las formas de lucha para lograr su objetivo mayor —el poder absoluto—, y que a Colombia le traería la destrucción y la miseria que a diario constatamos en América Latina, es que quienes del otro lado compiten por pasar a la segunda vuelta son personajes de armas tomar. Tanto Paloma Valencia como Abelardo de la Espriella han demostrado su talante y su capacidad de lucha, lo que nos puede dar un parte de tranquilidad.
Veo con mejores ojos una presidencia de Abelardo que una de Paloma, porque lo que anuncia con vehemencia es un gobierno enérgico, sin dobleces y con una clara visión de país. Lo que millones de colombianos aspirábamos y ya veíamos muy lejano nos ha salido al paso, despertando una fe muy apocada por los desastres de los últimos veinte años, consecuencia de un manejo del país totalmente errado. El que se haya mantenido firme en no ceder ante la politiquería de siempre ha sido una jugada arriesgada que le ha venido resultando atractiva a un pueblo que está hasta la coronilla de tanta corrupción y mediocridad de los políticos, que solo aspiran a llenarse los bolsillos sin importarles en nada el bienestar de los colombianos.
Por su parte, Paloma le ha venido coqueteando a personajes y partidos con fines electoreros, lo que podría ser válido si se tiene en cuenta que son millones los que no se ubican en los extremos. La jugada pareciera que no le está resultando muy favorable. Esas alianzas hacen ver con desconfianza que realmente, con Paloma presidenta, vaya a darse un claro giro en la gestión pública.
Que se hayan hecho públicas nuevas amenazas a los candidatos de la oposición reafirma que es de inmenso riesgo desafiar al sistema. Sistema que ha permitido que un aberrado llegue al poder; el mismo sistema que permitió que un cínico traidor gobernara por ocho años, para desgracia de todos; el mismo sistema que permitió una reelección innecesaria que abrió la puerta a una inestabilidad constitucional; el mismo sistema que nos defraudó con un joven que ganó las elecciones haciendo promesas que luego incumplió.
Esa “gran consulta” definirá quién será el próximo presidente, y lo decidirá cada voto libre, y no las maquinarias politiqueras ni los violentos. Lo que llaman el voto oculto será decisivo en una votación que batirá todos los récords.
