Advierten los expertos que el ataque al Capitolio podría estimular el reclutamiento de extremistas durante años

Publicado por: admin el Dom, 17/01/2021 - 20:12
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The New York Times
Aun cuando han arrestado a decenas de alborotadores, las salas de chat y las aplicaciones de mensajería donde se congrega la extrema derecha están llenas de festejos y planes.
Una turba pro-Trump invade el edificio del Capitolio, en Washington, el 6 de enero de 2021.
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Jason Andrew / The New York Times

Derrocar al gobierno. Provocar una segunda guerra civil. Desaparecer a las minorías raciales, a los inmigrantes y a los judíos. O simplemente sembrar el caos en las calles.

Desde hace mucho tiempo, los bandos desiguales de los grupos de ultraderecha y los nacionalistas blancos que se envalentonaron durante el mandato del presidente Donald Trump han alimentado una lista coincidente de odios y objetivos. Pero ahora han sido azuzados por las falsas aseveraciones del presidente saliente de que le robaron las elecciones y por el ataque violento al Capitolio del país que cientos de ellos llevaron a cabo en su nombre.

“Los políticos que han mentido, traicionado y vendido al pueblo estadounidense durante décadas se vieron obligados a esconderse temerosos y a dispersarse como ratas”, publicó en Twitter el día posterior al ataque un grupo conocido por promover las peores frases antisemitas.

Los disturbios del Capitolio sirvieron como un golpe propagandístico para la ultraderecha y quienes rastrean a los grupos de odio afirman que es probable que este ataque pase a formar parte del repertorio de actos extremistas junto con Waco, Ruby Ridge y la ocupación de Bundy de una reserva de vida silvestre en Oregon para estimular el reclutamiento y la violencia en los años venideros.

Aun cuando han arrestado a decenas de alborotadores, las salas de chat y las aplicaciones de mensajería donde se congrega la extrema derecha están llenas de festejos y planes. Una mezcolanza ideológica de grupos de odio y agitadores de ultraderecha — entre ellos, los Proud Boys, Oath Keepers, el movimiento Boogaloo y los neonazis— ahora está hablando de cómo ampliar sus plantillas y de si volver a tomar las calles este fin de semana y la próxima semana para protestar contra la toma de posesión de Joe Biden.

Algunos de ellos, enfurecidos por no poder anular las elecciones presidenciales, han publicado manuales sobre cómo emprender combates de guerrillas y construir artefactos explosivos.

Los agentes del orden público han respondido reforzando la seguridad en los aeropuertos y creando una “zona verde” militarizada en el centro de Washington. El FBI y el Departamento de Seguridad Nacional publicaron una advertencia urgente de que quizás los atacantes tengan como objetivo edificios federales y funcionarios públicos en los próximos días, y al menos diez estados han movilizado a los soldados de la guardia nacional en sus capitales. Algunos estados han cancelado las actividades legislativas de la próxima semana debido a la posible violencia.

Según los expertos, tal vez haya funcionado expulsar a grupos extremistas de las plataformas convencionales de redes sociales como Facebook y Twitter para entorpecer su organización, pero esas iniciativas los han orillado a recurrir a formas de comunicación más difíciles de rastrear, las cuales incluyen aplicaciones codificadas que dificultarán rastrear las actividades de los extremistas.

“Destruir las plataformas podría originar más violencia”, señaló Mike Morris, fundador de los Three Percent United Patriots de Colorado, uno de decenas de grupos paramilitares que se dicen “patriotas”. Morris mencionó que no está a favor de la violencia, pero advirtió que quizás otros grupos encuentren mayor libertad para conspirar en las plataformas codificadas. También comentó que su grupo perdió su cuenta de Facebook en el verano y que recientemente fue expulsado de MeWe, una de las tantas plataformas más pequeñas que han atraído a gente de la ultraderecha.

Desde la semana pasada, han aparecido decenas de nuevos canales en aplicaciones de mensajería segura dedicados a QAnon, la teoría conspirativa de ultraderecha que dice que Trump está combatiendo a una secta de pedófilos adoradores de Satanás. Muchas milicias han encontrado miles de nuevos seguidores en rincones más oscuros del internet, como un canal de Telegram administrado por los Proud Boys, un grupo violento de extrema derecha que ha aumentado a más del doble sus seguidores, de 16.000 a más de 34.000.

“La gente vio lo que podemos hacer. Sabe qué está pasando. Quiere integrarse”, alardeaba un mensaje del canal de los Proud Boys en Telegram a principios de esta semana.

Sin importar quién esté en la Casa Blanca, los grupos de odio han sido un elemento constante en la vida estadounidense. Cuando los demócratas han ocupado la presidencia, han tenido enemigos naturales. Durante el mandato de Trump, han tenido un aliado.

El presidente respaldó su satanización de los inmigrantes y sus temores por el decomiso de armas e integró los reclamos de los blancos a las prioridades de Estados Unidos.

Los grupos de ultraderecha se sintieron fortalecidos después de que Trump dijo que hubo “personas muy buenas en ambos bandos” durante el mitin “Unite the Right” (Unamos a la derecha) de 2017 en Charlottesville, Virginia, donde un supremacista blanco atropelló y mató a una contramanifestante pacífica. Vieron una señal de apoyo cuando Trump, durante un debate presidencial, les dijo a los Proud Boys: “Retrocedan y aguarden”.

El año pasado, una y otra vez aprovecharon las oportunidades generadas por la pandemia y el descontento social.

Grupos paramilitares que apoyan el llamado de Trump a “la ley y el orden” se presentaron armados y vestidos con equipo de tácticas militares en los mítines de Black Lives Matter (Las vidas negras importan) en lugares como Louisville, Kentucky, y Minneapolis. Manifestantes de derecha pelearon en las calles de Portland, Oregon, con activistas de izquierda. Cuando acusaron a un chico de 17 años de haber asesinado a tiros a dos personas en la manifestación de Kenosha, Wisconsin, grupos armados y algunos conservadores se agruparon a su lado.

Espoleados por los llamados de Trump a “liberar” a los estados gobernados por demócratas que estaban en cuarentena por la pandemia del coronavirus, los grupos de ultraderecha y los extremistas armados entablaron una causa común con algunos republicanos convencionales que estaban molestos por las restricciones del gobierno a la vida pública y empresarial. En Míchigan, hombres armados asaltaron el poder legislativo en Lansing, y los fiscales acusaron a catorce hombres, entre ellos uno vinculado a un grupo armado llamado Wolverine Watchmen, de conspirar para secuestrar a la gobernadora Gretchen Whitmer como respuesta a las medidas de confinamiento que impuso.

Todo terminó el 6 de enero en el movimiento “Stop the Steal” (Detengan el robo) en el Capitolio del país. Cuando miles de partidarios de Trump marcharon por la explanada nacional, entre ellos había simpatizantes de los grupos supremacistas blancos, miembros de milicias con insignias y los Proud Boys, de ultraderecha.

“Tal vez se necesite suerte en la segunda guerra civil”, escribió en Facebook Larry Rendell Brock, hijo, un hombre de Texas acusado por su participación en el ataque, los días anteriores a los acontecimientos de Washington, según los fiscales federales. De acuerdo con los fiscales, Brock habría anhelado tomar rehenes y etiquetó la publicación con el nombre de dos grupos en contra del gobierno.

Al menos dos activistas destacados involucrados en el mitin de 2017 en Charlottesville también estuvieron en los disturbios del Capitolio, de acuerdo con Amy Spitalnick, directora ejecutiva de Integrity for America, una organización sin fines de lucro que ha presentado una demanda relacionada con la violencia en Charlottesville. Lindsay Schubiner, directora de programas en el Centro de los Estados del Oeste que se enfoca en combatir el nacionalismo blanco, comentó que ha sido aterrador ver el aumento de los grupos de ultraderecha en los últimos años, los cuales plantean un peligro para la gente de color y las comunidades LGBTQ. Sin no se toman medidas importantes, cree que los grupos extremistas seguirán siendo un peligro para la seguridad pública y la democracia del país durante los próximos años.

“No es algo en lo que se pueda dar marcha atrás… al menos no tan rápido ni tan fácilmente”, señaló Schubiner.

Era probable que el ataque al Capitolio se convirtiera en “un motor importante de violencia para un grupo diverso de extremistas nacionales violentos”, dijeron un grupo de organismos gubernamentales en un boletín conjunto de inteligencia publicado el 13 de enero. Muchos analistas señalaron que el asalto al edificio podría alimentar un rechazo peligroso por parte de los extremistas que no temen usar la violencia para obtener lo que quieren hacia el gobierno entrante de Biden y su programa sobre control de armas, justicia racial, terrenos públicos y otros asuntos.

No obstante, las represalias por los disturbios del Capitolio también podrían debilitarlos. Después de lo de Charlottesville, los dirigentes de la derecha alternativa se fracturaron en medio de un torrente de acusaciones, luchas internas y procedimientos judiciales. Hay demandas contra dos docenas de grupos y dirigentes nacionalistas blancos por su participación en ese ataque. Richard Spencer, uno de sus principales organizadores, mencionó que se ha visto muy afectado por las cuotas legales, que ha perdido los micrófonos que representan las redes sociales y que ahora se siente traicionado por sus antiguos aliados dentro del movimiento de la derecha alternativa.

Las consecuencias inmediatas del asalto al Capitolio han dado lugar a discusiones entre los extremistas acerca de si realizar otra ronda de mítines violentos o mantenerse al margen y esperar a que pase el periodo de arrestos, investigaciones y multitudes de policías y guardias civiles enviados a proteger los edificios estatales y el Capitolio antes de la toma de posesión. Enrique Tarrio, líder de los Proud Boys, quien fue arrestado en Washington varios días antes del ataque al Capitolio acusado de llevar un cartucho de municiones no permitido y de quemar un estandarte de Black Lives Matter, ahora califica de error el ataque al Capitolio. Pero señaló que el movimiento de extrema derecha impulsado por Trump perdurará más allá de su presidencia.

“Creo que el movimiento ha rebasado a la persona”, comentó Tarrio. “Él es el creador de este movimiento que no creo que nadie pueda detener. Pueden intentar silenciarlo. Pueden intentar quitarle las plataformas. Solo lograrán que se vuelva más ruidoso”.

Por: Neil MacFarquhar, Jack Healy, Mike Baker y Serge F. Kovaleski / The New York Times