Crisis eléctrica afecta la economía en Venezuela

7 de abril del 2019

Dólares y euros son la forma más efectiva para adquirir productos.

Crisis eléctrica afecta la economía en Venezuela

Caracterizada por la inflación más alta del mundo, la economía venezolana, ya distorsionada por una espiral hiperinflacionaria que se mueve casi a la velocidad de la luz, se ha visto arrasada en todos sus sectores por el colapso de la infraestructura del país.

Hasta el agua se compra en divisas. La escasez de bolívares tanto electrónicos como en efectivo, así como la imposibilidad de hacer transacciones por falta de energía eléctrica, limitaron las formas de pago al punto de acentuar con mayor fuerza una dolarización de facto que ya había ganado terreno en los últimos meses, como única forma para proteger los escasos ingresos del ciudadano venezolano.

El apagón tomó por sorpresa a un trabajador que nunca deja bolívares en su cuenta ante una devaluación voraz que los consume en cuestión de segundos. Al recibir cualquier ingreso económico en moneda nacional, es menester hacer el cambio a moneda extranjera, o salir a comprar bienes, en su mayoría alimentos, como si el mundo acabara al día siguiente, pues en el ámbito económico venezolano, nunca se sabe qué pasará mañana.

Sin electricidad, sin puntos de venta operativos, sin cobertura telefónica, los dólares y euros han sido la forma más viable de intercambio comercial por bienes como bolsas de hielo que se vendían hasta en 8 dólares y servicios como carga de equipos electrónicos que eran cobrados por el costo de al menos $1 por cada 10 minutos.

En palabras del economista Asdrúbal Oliveros, “el sistema de mercado está institucionalmente destruido”, por lo que bajo la situación de crisis actual, la economía, que ya estaba devastada, en la que el mercado no funcionaba y ya había escasez, está siendo ahora operada básicamente como un mercado negro, en el que no hay sistema de mercado sino que solo se paga una prima por los bienes y servicios.

Tanto para consumidores como comerciantes las pérdidas han sido dramáticas. No hay garantías ni para oferentes ni para demandantes. A tres días del apagón que había dejado a oscuras a toda Venezuela, 875 millones de dólares (un punto porcentual del PIB venezolano) se habían perdido en un país con la mayor crisis económica de Latinoamérica y el mundo, al menos en este siglo.

La firma de análisis económico, Ecoanalítica, calcula que Venezuela pierde entre $180 y $200 millones diarios por las interrupciones de energía eléctrica.

La gremial Consecomercio, por su parte, estima como “incalculables” las pérdidas del sector productivo, y afirma que ni la industria ni el comercio tienen la capacidad de reactivarse en su totalidad, sobretodo como consecuencia de los actos vandálicos que se han derivado de la falta de electricidad.

En Zulia, el panorama ha sido el más desolador de todo el país. Ante la mirada impune de los cuerpos de seguridad, la región se ha encontrado a merced de los saqueos y actos delictivos bajo alegatos de desesperación y hambre, pese a que no solo han sido saqueados establecimientos de expendio de comida y medicinas, sino también tiendas de ropa, calzado y artefactos electrónicos.

Tras esta ola de saqueos, el grupo el mayor productor de alimentos de Venezuela, Empresas Polar, reportó pérdidas superiores a los cinco millones de dólares y daños a cinco instalaciones del grupo en el estado de Zulia.

Catástrofe alimentaria

Pero las pérdidas no han sido solo en masa monetaria y la industria alimenticia sufre también consecuencias devastadoras. En un país que ya padece desde hace años por la escasez de alimentos, el desabastecimiento y la hiperinflación, el primer apagón había dejado pérdidas por 5,5 millones de dólares a los productores de carne y lácteos, según la Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga).

Mientras el hambre hace estragos, los alimentos se descomponen en los refrigeradores que no pueden funcionar sin energía eléctrica. De acuerdo con cifras de la Asamblea Nacional (AN), por cada hora de apagón, 9.747 kg de carne se convierten en desechos por la falta de refrigeración y combustible para prender las plantas eléctricas y poder conservar los alimentos.

Solo en la zona norte del estado Táchira, en los andes venezolanos, se perdieron más 100.000 litros de leche durante la semana del 25 de marzo, fecha en la que por segunda vez en el mes, el país volvió a quedar totalmente a oscuras.

“Esto está afectando fuertemente los canales de distribución, porque la producción se vio afectada desde el pasado 7 de marzo (…) los canales comerciales no quieren recibir productos refrigerados, porque no saben si lo van a poder mantener. El sector no está produciendo lo que debería, es una situación realmente preocupante”, alerta el presidente de la Asociación de Ganaderos del estado Táchira (Asogata), Leonardo Figueroa.

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