El argentino Jorge Bergolio cumple hoy cien días desde que en el Vaticano se le designó como Papa y adoptó el nombre Francisco I. Se convirtió en el primer latino en ser el máximo jerarca de la Iglesia Católica y desde su proclamación ha mostrado humildad y sencillez, lo que para muchos lo convierte en un pescador de popularidad.
Al papa Francisco, de 76 años, le gusta descartar el protocolo y el uso de materiales suntuosos en su vestimenta. Es un permanente comentarista de la actualidad internacional y es crítico contra las políticas que mantienen la pobreza en el mundo.
Para volver a cautivar fieles a la Iglesia, Francisco pretende renovar la imagen de la religión criticando la actuación de los sacerdotes, que no son símbolos de la economía o el poder, y les pidió volver a predicar dentro del pueblo. Entre sus reformas dentro de la Santa Sede ha prometido erradicar la corrupción y ha declarado una cruzada contra el “lobby” gay dentro de la curia.
Su elección de seguro responde a la necesidad que tiene el catolicismo en fijarse en Latinoamérica, la región que más feligreses concentra en el mundo.
