Keirra Eames, una estadounidense de 26 años, pensó que se había dislocado el brazo derecho mientras dormía. Sin embargo, el origen del problema resultó ser uno completamente distinto y aterrador. La joven, madre de dos hijos, desarrolló síntomas similares a los de la gripe con una fiebre alta y decidió ir al hospital.
Allí, los médicos descubrieron que el recuento de glóbulos blancos de Keirra era muy alto. Las pruebas revelaron que el organismo de la joven estaba luchando contra la fascitis necrosante que había desencadenado la sepsis, un síndrome potencialmente mortal originado por una infección.
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Dicha infección estaba devorando el tejido de su cuerpo y, como resultado, la estadounidense se sumió en un coma que duró 11 días. Los médicos pronto le advirtieron de que su única posibilidad de sobrevivir era amputándole el brazo en el que se había desarrollado la sepsis, aunque primero intentaron extirpar solo un trozo del tejido infectado.
"La primera cirugía me la practicaron para eliminar el 40% de la masa muscular de mi brazo, pero la sepsis continuó extendiéndose. Estaba en una condición crítica cuando mis riñones comenzaron a cerrarse y la parte superior de mi brazo se volvió", relata Eames citada por The Sun.Más tarde, los médicos barajaron la posibilidad de amputarle ambos brazos, pero su marido, Tyler, se lo prohibió con la esperanza de que el izquierdo se pudiese salvar. La fascitis necrosante es una infección bacteriana poco común que puede ser letal y que se propaga rápidamente por todo el cuerpo. Las heridas en la piel pueden permitir que las bacterias de la fascitis necrosante entren en el organismo. Las aberturas en el cuerpo pueden ser, por ejemplo:
- Cortes y raspones.
- Quemaduras.
- Picaduras de insecto.
- Heridas punzantes (como las causadas por el uso de drogas intravenosas).
- Heridas quirúrgicas.
