El Vaticano informó que el Papa Francisco recibió a puertas cerradas al cardenal Ángelo Amato, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, para firmar los decretos de cinco canonizaciones. La más relevante: la del Papa Pablo VI, que se estima será en octubre de este año.
El mismo Papa Francisco anunció la canonización en el encuentro anual con los párrocos de Roma en la Basílica de San Juan Letrán, el pasado 15 de febrero: “Hay dos obispos de Roma (recientes) que ya son santos”, dijo en referencia a Juan XXIII y Juan Pablo II. “Pablo VI será santo este año. Uno con la causa de beatificación en curso, Juan Pablo I, su causa está abierta”.
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El milagro reconocido para la canonización de Pablo VI es el de Amanda, una niña nacida el 25 de diciembre de 2014 en Verona, Italia y que con 24 semanas de gestación sobrevivió. A las 13 semanas la placenta se rompió y se quedó sin líquido amniótico; los médicos aconsejaron abortar a la madre, pero se negó y continuó su embarazo.
Pablo VI fue el primer Papa viajero, el primero en visitar Tierra Santa, y el que viajó a los cinco continentes. En 1970, un pintor boliviano lo apuñaló dos veces, cuando llegó al aeropuerto de Manila. La ropa de ese día ensangrentada fue la reliquia que se expuso en la ceremonia de su beatificación, en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano.
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Este Papa también es recordado por el diálogo y la reconciliación entre las diferentes Iglesias. Prueba de ello fue el histórico gesto del abrazo con el entonces patriarca Atenagoras, abriendo el camino de reconciliación entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa, después de más de 500 años del cisma de Oriente.
A él se debe la Humanae Vitae, que incluía la postura de la Iglesia católica hacia el aborto, sobre el control de la natalidad y los métodos anticonceptivos.
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El Papa Francisco también firmó el decreto de canonización para el arzobispo de El Salvador, Óscar Arnulfo Romero, que fue asesinado en 1980 por los escuadrones de la muerte, en plena celebración de la Eucaristía. La beatificación de Romero se había proclamado ya con un decreto en el que se reconocía el martirio del padre Romero in odium fidei; es decir, que fue asesinado por "odio a la fe" y por tanto se canoniza sin necesidad de un milagro.
