La participación de los jóvenes colombianos en la política creció después del estallido social de 2021. Sin embargo, el 18 % dejó de expresar públicamente sus opiniones por miedo a “convertirse en víctima” del conflicto armado, según el Observatorio Javeriano de Juventud de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
“Uno de cada cinco jóvenes deja de expresar sus opiniones por temor al conflicto, y eso no es raro”, indicó a EFE el politólogo Mateo Ortiz, profesor e investigador del Observatorio, a propósito de las elecciones presidenciales del próximo 31 de mayo.
Una participación marcada por el miedo
El conflicto armado afecta de manera directa a las juventudes, no solo porque implica la extracción de capital social, cultural, emocional y físico, sino también porque su reclutamiento resulta esencial para sostener los combates.
“Un periodista fue asesinado por cumplir su actividad de participación, que también es política, porque el periodismo tiene esa función fundamental de construir el debate público”, señaló Ortiz en referencia a Mateo Pérez, un joven periodista de 25 años asesinado este mes por la guerrilla mientras hacía reportería en el departamento de Antioquia.
A 12 días de las elecciones presidenciales, la participación de este grupo etario “no es clara”, sobre todo en un contexto en el que los espacios de representación “no están garantizados”.
Aun así, Ortiz recordó que después del estallido social se registró la votación más alta en mucho tiempo en unas elecciones presidenciales, en referencia a los comicios de 2022, en los que fue elegido el actual mandatario colombiano, Gustavo Petro.
La encuesta ‘Voces resilientes’, publicada en 2025 por el Observatorio Javeriano de Juventud, evidenció que el 76 % de los jóvenes considera que su rol en la construcción de paz debe ser activo, mientras que el 44 % cree que “la situación del país es poco favorable para el desarrollo de su proyecto de vida”.
Para Ortiz, estos datos muestran que los jóvenes están comprometidos con la democracia, pero no encuentran las garantías necesarias por parte del Estado para ejercer sus derechos.
A esto se suma que Colombia mantiene una visión “urbanocentrista”, según el investigador, en la que los programas y los presupuestos se piensan bajo una lógica urbana. Eso excluye a las comunidades rurales y, por ende, a los jóvenes que viven en esos territorios.
“En el campo hay condiciones muy precarias a nivel laboral, lo que obliga a muchos a migrar y llegar en condiciones precarias a la ciudad, donde lo más importante es sobrevivir. Y, por tanto, ese deseo de participar se pierde”, puntualizó Ortiz.
Lo que falta en la agenda electoral
De cara a las próximas elecciones, el politólogo aseguró que los candidatos deberían crear un programa integral para los jóvenes que responda a las necesidades de este sector, evitar los recortes presupuestales y revisar sus “banderas rojas” para acercarse más a ellos.
“Yo creería que los grandes políticos todavía no saben llegar a las juventudes, pero están mejorando muchísimo”, afirmó.
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Según Ortiz, los partidos políticos han adoptado estrategias para ganar votos como incluir en sus listas a personalidades reconocidas, entre ellas deportistas o artistas, o pedirles a sus candidatos sumarse a tendencias de redes sociales. Sin embargo, advirtió que eso “no ha funcionado”.
Por eso, la política ha dado un salto a las plataformas digitales a través de influenciadores que “sí pueden traducir las vistas de sus videos en votos”.
Por otro lado, el escenario electoral colombiano, marcado por el uso de inteligencia artificial (IA) en las campañas, también ha potenciado discursos más radicales.
“Las redes sociales y el Estado hoy en día generan polarización y radicalización, porque al final de cuentas eso vende. Pero, por otro lado, también son un espacio de encuentro, y ahí es donde muchas comunidades juveniles han logrado generar cambios e incidencia”, concluyó el investigador.
