Encuesta muestra una democracia desgastada, pero un voto que resiste

Sáb, 28/02/2026 - 15:00
La desilusión con el funcionamiento de la democracia convive con una señal menos obvia, pero más importante de cara a 2026: la mayoría sigue creyendo en el voto y en la utilidad del sistema, aunque le exige mucho más de lo que hoy recibe.
Créditos:
Registraduría Nacional

A un año electoral cargado de tensión, la nueva encuesta de la iniciativa Cuidar la Democracia deja una paradoja incómoda, pero reveladora. El 58% de los encuestados se declara insatisfecho con el funcionamiento de la democracia; aun así, el 72% dice que piensa votar y el 92% considera que su voto sí hace la diferencia. Más que una ciudadanía que se haya rendido, lo que aparece es un país que sigue apostando por el mecanismo democrático, pero lo hace con desconfianza, cansancio y exigencias más altas.

Ese matiz importa porque evita una lectura perezosa. La encuesta no retrata un rechazo frontal a la democracia, sino una relación deteriorada con su funcionamiento real. De hecho, entre las formas de gobierno mejor valoradas siguen apareciendo opciones democráticas o participativas: 48% ve como muy buena la participación directa en decisiones, 39% un sistema democrático con presidente y Congreso y 34% decisiones tomadas por expertos. En contraste, solo 20% valora una figura fuerte sin control del Congreso y 12% un gobierno de las fuerzas armadas.

La insatisfacción, entonces, no parece venir de una nostalgia autoritaria sino del mal desempeño del sistema. El propio material ubica entre los factores que más pesan en ese malestar la corrupción, la desigualdad y los enfrentamientos políticos, mientras que cerca del 70% de los encuestados afirma que los hechos y noticias recientes influyen algo o mucho en su satisfacción con la democracia. Es decir, la percepción democrática no se está jugando en abstracto: se está moldeando en tiempo real por lo que la gente ve, oye y siente sobre sus líderes e instituciones.

Transparencia, límites y resultados

Ahí aparece uno de los hallazgos más útiles del estudio. Cuando se pregunta qué atributos son más importantes para el buen funcionamiento de la democracia, la transparencia ocupa el primer lugar con 42%, seguida por el respeto a los límites constitucionales con 34%. La afinidad ideológica, en cambio, queda muy atrás con 9%. En otras palabras, la encuesta sugiere que el malestar no se explica solo por polarización ideológica, sino por algo más concreto: una brecha entre lo que la ciudadanía espera del sistema y lo que percibe que recibe en términos de reglas claras, control del poder y resultados.

También hay una alerta más precisa para el calendario electoral de 2026. Entre las amenazas más serias para la democracia aparecen la información falsa o engañosa, señalada por el 60% de los encuestados, y la falta de transparencia electoral, mencionada por el 56%. Del otro lado, cuando se les pregunta qué podría mejorar su satisfacción con la democracia, las respuestas se concentran en mejores oportunidades de educación y trabajo (56%), mayor seguridad (54%) y mayor transparencia (50%). La combinación no es menor: la gente no solo teme una elección contaminada por desinformación u opacidad, sino que además espera que la democracia le produzca efectos concretos sobre su vida cotidiana.

La encuesta también deja un dato político interesante: el peso de la responsabilidad democrática sigue recayendo, sobre todo, en las instituciones. El Gobierno nacional encabeza la lista de quienes deberían cuidar la democracia, seguido por el Congreso, los gobiernos locales y las cortes. Al mismo tiempo, 88% cree que la democracia funciona mejor en sociedades más educadas y 62% espera que las universidades participen en el diseño de políticas públicas. Hay allí una demanda simultánea por instituciones más confiables y por una ciudadanía mejor informada.

La democracia sigue en pie, pero con menos paciencia

Los resultados provienen de 1.700 encuestas presenciales realizadas por Invamer en 81 municipios, con cubrimiento urbano y rural, un margen de error de ±2,76% y trabajo de campo entre el 28 de octubre y el 15 de noviembre de 2025. No es una foto del último día de la coyuntura, pero sí una base suficientemente amplia para leer el estado de ánimo con el que el país empieza a entrar en clima electoral.

La conclusión no parece ser que Colombia haya dejado de creer en la democracia. Más bien, que llega a 2026 con menos paciencia frente a sus fallas. El voto conserva legitimidad, pero esa legitimidad ya no alcanza por sí sola: la ciudadanía está pidiendo transparencia, seguridad, educación y resultados.

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